MEDITACIÓN
El día en que
el Espíritu Santo descendió sobre los
apóstoles, ellos, enfermos de miedo y sin saber
qué hacer, vieron súbitamente abrirse
delante de ellos una puerta nueva para comprender cómo
Dios se manifestó en la carne de Jesucristo.
El Espíritu Santo se les ha dado, y a nosotros
también se nos ha dado para que comprendamos
y recordemos.
El Espíritu hace
comprender a los discípulos que la humanidad
profunda se revela en la auténtica comunión
con Dios. El Espíritu de paz y de reconciliación
sopla sobre la Iglesia y la renueva, la misma que había
pecado, para que de testimonio de esta obra del Espíritu.
El Espíritu de verdad, de ciencia y de sabiduría
inspira a las diferentes Iglesias las riquezas que dan
a conocer han venido enseñando de la vida divina
y de su fruto, la paz.
El Espíritu hace
que los discípulos se acordasen no sólo
de sus pecados, sino del perdón, de la paz ofrecida
por Jesús a la humanidad. Todo lo que ha sido
su vida, todas las palabras por las cuales ha convertido
los corazones, todas las obras por que ha curado las
heridas, se hacen presentes, actuales, en oferta de
nueva humanidad: cada uno está invitado a la
paz con Dios, a la paz consigo mismo, a la paz con el
otro.
Y las Iglesias reciben
esta invitación a participar en la lucha de los
seres humanos por la paz, lo que les prepara para la
Unidad; este es un fruto del Espíritu. La paz
entre nuestras Iglesias puede dar el testimonio sobre
el único Espíritu que en ellas habita,
que las enseña y que las hace recordar todo lo
que ha enseñado el Único Señor.
ORACIÓN
Oh Santísima
Trinidad, Padre Hijo y Espíritu Santo,
Dios único,
Dios de la verdad, de la paz y de la justicia,
abre nuestra inteligencia,
ilumina nuestro espíritu.
Haznos dignos de recibir al Espíritu de la
Verdad en nuestras Iglesias,
para que nos guíe hacia la paz verdadera. Amén.
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