C.E. DE RELACIONES INTERCONFESIONALES / Conferencia Episcopal Española
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El Espíritu Santo hará que recordéis cuanto yo
os he enseñado y os lo explicará todo (Jn 14, 26)

La paz, fruto del Espíritu
Jr 31, 31-34
Pondré mi Ley en su interior.
Sal 51 (50), 10-17
Renueva dentro de mí un espíritu firme.
Gal 5, 22-25
El Espíritu produce amor, alegría, paz...
Jn 20, 19-23
La paz esté con vosotros (...) Recibid el Espíritu Santo.

MEDITACIÓN

El día en que el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles, ellos, enfermos de miedo y sin saber qué hacer, vieron súbitamente abrirse delante de ellos una puerta nueva para comprender cómo Dios se manifestó en la carne de Jesucristo. El Espíritu Santo se les ha dado, y a nosotros también se nos ha dado para que comprendamos y recordemos.

El Espíritu hace comprender a los discípulos que la humanidad profunda se revela en la auténtica comunión con Dios. El Espíritu de paz y de reconciliación sopla sobre la Iglesia y la renueva, la misma que había pecado, para que de testimonio de esta obra del Espíritu. El Espíritu de verdad, de ciencia y de sabiduría inspira a las diferentes Iglesias las riquezas que dan a conocer han venido enseñando de la vida divina y de su fruto, la paz.

El Espíritu hace que los discípulos se acordasen no sólo de sus pecados, sino del perdón, de la paz ofrecida por Jesús a la humanidad. Todo lo que ha sido su vida, todas las palabras por las cuales ha convertido los corazones, todas las obras por que ha curado las heridas, se hacen presentes, actuales, en oferta de nueva humanidad: cada uno está invitado a la paz con Dios, a la paz consigo mismo, a la paz con el otro.

Y las Iglesias reciben esta invitación a participar en la lucha de los seres humanos por la paz, lo que les prepara para la Unidad; este es un fruto del Espíritu. La paz entre nuestras Iglesias puede dar el testimonio sobre el único Espíritu que en ellas habita, que las enseña y que las hace recordar todo lo que ha enseñado el Único Señor.

ORACIÓN

Oh Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espíritu Santo,
Dios único,
Dios de la verdad, de la paz y de la justicia,
abre nuestra inteligencia,
ilumina nuestro espíritu.
Haznos dignos de recibir al Espíritu de la Verdad en nuestras Iglesias,
para que nos guíe hacia la paz verdadera. Amén.

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