MEDITACIÓN
Cristo nos ha mostrado
el camino que conduce a la paz aceptando la cruz, ya
que sabe que el Señor de este mundo no tiene
poder sobre él. Su invitación para levantarnos
y ponernos en marcha es otra faceta para hacernos penetrar
en el misterio pascual de su cruz y de su resurrección.
Existe un vínculo estrecho entre la paz que Jesús
nos ofrece y el modo en que vivimos esta paz y la manifestamos
en el mundo. ¿Podemos estar en paz, podemos vivir
en paz mientras el más pequeño está
sometido a la injusticia, al hambre, no tiene con qué
vestirse, no se acodará de la dignidad que le
fue concedida como criatura de Dios? El mensaje de los
profetas es claro: la verdadera «paz-shalom»
se encuentra allí donde hay integridad y plenitud,
donde se busca el bien y reina la justicia.
Todos los que han aceptado
a Cristo y están provistos de la luz buscan el
bien, la justicia y la verdad. En efecto, los que acogen
al pobre, alimentan al hambriento y se hacen promotores
de la paz en nombre de la justicia, la luz de Cristo
irradia sus corazones ya que han muerto con Cristo y
han resucitado con Él.
En el día del
juicio final, seremos llamados, como miembros de la
Iglesia y como individuos, para dar cuenta de nuestra
reconciliación en la paz, con los que carecen
de paz y han sido privados de los elementos esenciales
de la dignidad humana. La paz que Cristo nos ofrece
nos hace entrar en comunión con Él y con
el Padre, ya que aceptándole estamos dispuestos
a vivir en Él y Él en nosotros. Esta comunión
realiza la reconciliación entre la tierra y el
cielo, entre nosotros y Dios. Este don de la paz es
a la vez un desafío y una promesa. Es un desafío
porque nos obliga a salir de nosotros mismos y crear
un espacio para acoger al otro. Es una promesa porque
es el sello de la presencia constante de Cristo en nuestros
corazones. La mayor calidad de la paz es el gozo.
ORACIÓN
Oh Dios Trinidad, tú
nos has revelado que las tinieblas y la injusticia
deben ser vencidas por la muerte y la resurrección
de Jesús. La paz que nos ofrece Jesús
nos da ánimo para imitarle rompiendo las cadenas
de la inhumanidad, de la injusticia, del hambre, de
la desunión. Fortalécenos por tu Espíritu
de paz para que podamos cada día aborrecer
el mal, amar el bien y fundamentar la justicia. No
nos dejes clamar «Paz» para seguridad
de nuestras vidas tranquilas, sino concédenos
la fuerza para declarar la guerra a la injusticia
que golpea a los que pasan hambre y viven en condiciones
precarias. Ayúdanos a encontrar tu paz en el
servicio humilde y valiente en beneficio de los más
pequeños de tu familia. Amén.
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