C.E. DE RELACIONES INTERCONFESIONALES / Conferencia Episcopal Española
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Levantaos, vámonos de aquí (Jn 14, 31)

Caminando en la paz de Cristo
Am 5, 10-15
Aborreced el mal y amad el bien y haced justicia.
Sal 16 (15), 8-9
Tengo siempre presente al Señor.
Ef 5, 8-21
Portaos como quienes pertenecen al reino de la luz.
Mt 25, 31-40
Cada vez que lo habéis hecho con uno de los más pequeños... a mi me lo hacéis.

MEDITACIÓN

Cristo nos ha mostrado el camino que conduce a la paz aceptando la cruz, ya que sabe que el Señor de este mundo no tiene poder sobre él. Su invitación para levantarnos y ponernos en marcha es otra faceta para hacernos penetrar en el misterio pascual de su cruz y de su resurrección. Existe un vínculo estrecho entre la paz que Jesús nos ofrece y el modo en que vivimos esta paz y la manifestamos en el mundo. ¿Podemos estar en paz, podemos vivir en paz mientras el más pequeño está sometido a la injusticia, al hambre, no tiene con qué vestirse, no se acodará de la dignidad que le fue concedida como criatura de Dios? El mensaje de los profetas es claro: la verdadera «paz-shalom» se encuentra allí donde hay integridad y plenitud, donde se busca el bien y reina la justicia.

Todos los que han aceptado a Cristo y están provistos de la luz buscan el bien, la justicia y la verdad. En efecto, los que acogen al pobre, alimentan al hambriento y se hacen promotores de la paz en nombre de la justicia, la luz de Cristo irradia sus corazones ya que han muerto con Cristo y han resucitado con Él.

En el día del juicio final, seremos llamados, como miembros de la Iglesia y como individuos, para dar cuenta de nuestra reconciliación en la paz, con los que carecen de paz y han sido privados de los elementos esenciales de la dignidad humana. La paz que Cristo nos ofrece nos hace entrar en comunión con Él y con el Padre, ya que aceptándole estamos dispuestos a vivir en Él y Él en nosotros. Esta comunión realiza la reconciliación entre la tierra y el cielo, entre nosotros y Dios. Este don de la paz es a la vez un desafío y una promesa. Es un desafío porque nos obliga a salir de nosotros mismos y crear un espacio para acoger al otro. Es una promesa porque es el sello de la presencia constante de Cristo en nuestros corazones. La mayor calidad de la paz es el gozo.

ORACIÓN

Oh Dios Trinidad, tú nos has revelado que las tinieblas y la injusticia deben ser vencidas por la muerte y la resurrección de Jesús. La paz que nos ofrece Jesús nos da ánimo para imitarle rompiendo las cadenas de la inhumanidad, de la injusticia, del hambre, de la desunión. Fortalécenos por tu Espíritu de paz para que podamos cada día aborrecer el mal, amar el bien y fundamentar la justicia. No nos dejes clamar «Paz» para seguridad de nuestras vidas tranquilas, sino concédenos la fuerza para declarar la guerra a la injusticia que golpea a los que pasan hambre y viven en condiciones precarias. Ayúdanos a encontrar tu paz en el servicio humilde y valiente en beneficio de los más pequeños de tu familia. Amén.

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