MEDITACIÓN
En la parábola
del hijo pródigo, el amor del padre hace retornar
al joven hijo a su condición primera. Ese mismo
amor serena los pensamientos agitados y pacifica el
corazón turbado del hijo mayor. Los dos comprenden
el deseo de reconciliación en el amor paternal
y su obediencia a este deseo concederá a su hogar
un fundamento de Paz.
El profundo deseo de
los cristianos es el de aceptar la invitación
de Cristo a la confianza y a la paz basadas en el amor
del Padre. Este amor, que su herencia común,
es igualmente el cimiento de su unidad.
Como los hijos de la
parábola, cada uno conserva la identidad que
su historia ha forjado, no cesa de ser renovada por
la fidelidad a la Palabra del Padre. Viven en la búsqueda
común de la paz divina que ellos quieren compartir
y que se difunde por medio del Hijo Único a toda
la humanidad.
Cuando los cristianos
establecen su morada en Dios, profundizan su Palabra
que llega a ser viva y eficaz. Entran en la comunión
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, descubriendo
de este modo el fruto del amor de Dios.
ORACIÓN
Te damos gracias, Señor,
por el amor con que nos has amado.
Concédenos acoger este amor en la confianza
de llegar a ser fuente de paz para la Iglesia y para
el mundo, y que sea reconocido por toda la humanidad.
Amén.
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