C.E. DE RELACIONES INTERCONFESIONALES / Conferencia Episcopal Española
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Vendremos a él y viviremos en él (Jn 14, 23)

La Paz interior, la calma y la serenidad
Cant 3, 3-5
No molestéis ni despertéis a mi amor hasta que ella quiera
Sal 3, 3-7
Me despierto: el Señor me sostiene
Ef 4, 1-6
Sólo un Dios, que es Padre... que en todos actúa y en todos vive
Mc 6, 45-51
Luego subió a la barca

MEDITACIÓN

La paz en el corazón de los discípulos proviene de la presencia del Señor Jesucristo en la barca. Es esta presencia la que aporta esta calma y serenidad a toda la Iglesia como también a los que llevan a cabo su propia vocación combatiendo solos en el desierto de la contemplación, o de otros que sirven en el mundo hasta entregar su propia vida por el prójimo.

Por el aspecto radical del compromiso en la acción o en la contemplación, los que parecen alejados de la vocación común de los cristianos, se acercan a la asamblea de fieles en el corazón mismo de la celebración. Ni pasivos ni soñadores, aportan a su Iglesia y a la Iglesia el honor de su lucha espiritual.

Con sus hermanos y hermanas bautizados, encuentran la fuerza de testimoniar serenamente la presencia prometida de Cristo que les hace entrar en la comunión trinitaria.

La humanidad logra la presencia de hombres y mujeres de paz. Los cristianos están llamados a dar testimonio de la paz con dulzura, con humildad y paciencia ante el Dios presente en la vida de cada ser humano.

Todo aquel que vive estas palabras de Dios - «vendremos a él y viviremos en él» -, puede llegar a ser por medio de la paz artífice privilegiado de la unidad de los cristianos.

ORACIÓN

Señor, afianza mi corazón conmovido sobre la roca de tus mandamientos y, así como tú has calmado la tempestad por la fuerza de tu presencia, tranquiliza las olas de mi vida agitada y condúceme en la barca de tu Iglesia. Dame esta fe que me recuerda que tú estás presente entre nosotros hasta el fin de los tiempos. Amén.

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