MEDITACIÓN
Jesús habla de
su partida y, al mismo tiempo, promete que volverá.
Con estas palabras, Jesús anuncia a sus discípulos
que su camino le llevará a través de las
tinieblas de la pasión y de la muerte hasta la
gloria de la resurrección. La Pascua reproduce
visiblemente la revelación gloriosa de la nueva
creación. Tenemos fe en la resurrección
de Cristo y esperamos su última glorificación.
En Él descansa nuestra esperanza de salvación
y de paz para el conjunto de la humanidad y para el
mundo entero. Esta esperanza nos une como cristianos
y constituye para nosotros una fuente esencial de vida.
Esta esperanza se fundamenta en la palabra y en la promesa
de Dios. Como Habacuc, esperamos que Dios cumpla su
palabra. Como el salmista, tenemos confianza en la fidelidad
de Dios.
En la esperanza, somos
solidarios con este mundo. Muchas personas necesitan
la presencia de Dios. Están sin esperanza, agobiadas
por la duda, por el temor y el dolor. Contemplan la
injusticia, el sufrimiento y la violencia y no pueden
creer en un futuro de justicia y de paz. Como personas
de esperanza, los cristianos viven la prueba de la crisis
y de los desgarros de este mundo. No nos limitamos a
quedar mirando en un rincón. Palpamos a menudo
nuestra impotencia y nos preguntamos sobre la presencia
oculta de Dios. En las lamentaciones del mundo, comprendemos
la aspiración a la paz de Dios, el deseo de libertad
de los hijos de Dios. La unidad de los cristianos representa
para el mundo entero un signo tangible del nacimiento
de una nueva humanidad.
La promesa de Cristo
nos anima a creer en su poder y en su verdad. La parábola
de las vírgenes nos anima a esperar pacientemente
a Cristo y a estar siempre preparados para su venida.
La espera podrá ser larga pero ese día
llegará cuando Cristo resucitado vuelva y nos
libre de todas nuestras penas y sufrimientos. La espera
de la manifestación de Cristo glorioso nos concede
igualmente la oportunidad de comprometernos en el testimonio
y en la misión. Es un tiempo que debemos dedicar
al amor y a la paz, a la reunión y a la reconciliación.
Es una ocasión para ayudarnos y apoyarnos mutuamente
los unos en los otros. De este modo, la esperanza que
hay en nuestros corazones llegará a ser visible
y creíble: la victoria de la paz y del amor de
Dios será revelada a todos.
ORACIÓN
Señor Dios,
tú revelas tu gloria mediante la vida y el
poder de tu Hijo resucitado.
Oramos juntos para que venga tu reino.
Esperamos con impaciencia el día glorioso de
la manifestación de Cristo,
cuando termine el reino de la muerte y de las lágrimas,
y tu reino de paz, de justicia y de amor será
establecido para siempre. Amén.
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