IGLESIAS DE ORIENTE SEPARADAS
DE LA SEDE ROMANA Y SU PRESENCIA EN ESPAŅA


El comienzo de la evangelización, fiel al mandato de Jesucristo, se debe a la actividad de los apóstoles y sus inmediatos sucesores o colaboradores, y se realiza en torno al Mediterráneo. Los primeros cristianos fueron excluidos por el judaísmo y perseguidos por el mundo pagano. Con la llegada de la paz constantiniana la Iglesia conocerá un desarrollo, lográndose implantar en las primeras ciudades orientales del Imperio y en su capital, Roma.

Desde las primeras ciudades orientales, la Iglesia católica tuvo que organizar el culto y la liturgia, la forma de gobierno y sus normas y cánones, así como ir definiendo la fe cristiana en los concilios celebrados. Pronto sobresalen algunas ciudades por su relevante posición imperial al mismo tiempo que reclamaban su fundación apostólica: además de Jerusalén por su vinculación con Jesucristo y con los comienzos de la Iglesia, cabe señalar Alejandría, Antioquía, Constantinopla y Roma, formando así la llamada pentarquía o conjunto de cinco patriarcados, en que sus respectivos obispos tenían ciertas prerrogativas y manifestaban la catolicidad de la Iglesia, presidida por Roma y su obispo, el Papa.

Durante el primer milenio se celebraron varios concilios ecuménicos que trataron de formular la fe frente a las herejías. Ya en el siglo V se producen escisiones en la Iglesia católica motivadas por la negación de las fórmulas de fe en los Concilios de Efeso (431) y Calcedonia (451). Así, surgen obispos y fieles que constituyen, por ello, las antiguas Iglesias orientales: la Iglesia Asiria de Oriente, originada por la separación de Nestorio en el Concilio de Efeso (nestorianos), y las Iglesias Siria, Copta y Armenia, que se separan en el Concilio de Calcedonia al afirmar en Cristo una sola naturaleza (monofisitas). Dos siglos después aparece el Islam que las separa aún más del resto de la cristiandad.

Sin embargo, la gran separación eclesial entre Oriente y Occidente, que ya se venía gestando siglos antes, ocurre a comienzos del segundo milenio por la ruptura de la comunión eclesial entre los patriarcados orientales y la Sede romana. Se suele dar la fecha del año 1054, pero en realidad esta separación no tiene fecha exacta y una causa concreta, sino que la separación es manifiesta en la época de las cruzadas frente al Islam en que intervienen un conjunto de causas.

¿Cuáles fueron los motivos de esta ruptura entre los cuatro patriarcados orientales y el único patriarcado occidental? No eran cuestiones de fe, aunque se esgrimió la disputa sostenida sobre el Filioque, sino cuestiones políticas (como el traslado de la capital imperial, o las invasiones de bárbaros en Occidente y de musulmanes en Oriente), disciplinares (el derecho romano y el justiniano pusieron las bases de la diferente organización, mentalidad y normativa) y eclesiales (una configuración de la Iglesia que entendía de diferente manera la autoridad del obispo de Roma).

La separación de todas las Iglesias orientales de la Sede romana no apagó el anhelo de unidad con la Iglesia católica, presidida por la Iglesia de Roma e integrada por todas las Iglesias particulares en plena comunión entre sí. Esta convicción eclesial ha motivado que muchos fieles y pastores, conservando todo el patrimonio oriental, hayan querido vivir la plena unidad católica con la Iglesia de Roma: son las Iglesias católicas orientales.

Todas las Iglesias orientales separadas de la Sede romana han conservado la misma fe salvo algún matiz que el diálogo teológico trata de esclarecer. Todas han conservado la sacramentalidad plena y la celebración de la Eucaristía en sus variadas liturgias. Todas aceptan el ministerio del obispo de Roma aunque difieren en su ejercicio pastoral. Todas, finalmente, han tratado de ser fieles al mandato evangélico de Cristo, llevando su mensaje en medio de no pocas dificultades y regímenes adversos, unas hasta India y China, otras por los países eslavos y bálticos, y todas se han ido estableciendo en algunos países de Occidente por razones migratorias y políticas.

La presencia ortodoxa en España es reciente, motivada fundamentalmente por las migraciones procedentes de varios países de Europa oriental. Por ello, la mayor parte de sus fieles pertenecen a los Patriarcados de Constantinopla, Rumanía y Rusia.