Navidad es una fiesta que evoca recuerdos y sentimientos, calles vestidas de luces y de adornos, pesebres y villancicos, familia y encuentros. Navidad con el paso del tiempo ha acumulado musgo y corcho; figuritas y estrellas de papel; ha acumulado también ritos y signos, costumbres y tradiciones. Navidad no es una fiesta cualquiera, es la fiesta de un Misterio de amor.

¿Qué celebramos los cristianos en Navidad?

El día 25 de diciembre la Iglesia católica celebra con toda solemnidad el Nacimiento del Niño Jesús en Belén. La Noche Buena se viste de misterio y luz, de vida y paz, de cantos y alegría. Los cristianos hacemos memoria del admirable Misterio del intercambio. El misterio de la Navidad es el intercambio de la divinidad que se humaniza y la humanidad se diviniza en la persona de Jesús que es Dios y hombre a la vez; en otras palabras, según un Prefacio de Navidad:: «Dios confiere dignidad eterna a la naturaleza humana para que por esta unión admirable nos haga a nosotros eternos».

Navidad es el misterio que nos proyecta a la Pascua de Resurrección. No hay Pascua sin Navidad, ni Navidad sin Pascua. Navidad es misterio y solamente quien cree sabe celebrarla. Cristo en la Noche santa de la Navidad extiende su mano rica en salvación al hombre y a la mujer de hoy, y ellos, a su vez, levantan sus manos vacías y frágiles hacia él en espera de rellenarlas de salvación y de ser fortalecidas por la fe. Navidad es el encuentro de las dos manos en el tiempo. Es un misterio de amor por parte de Dios y de fe  por parte del fiel cristiano.

Navidad es un evento histórico y, a la vez, un misterio. Navidad es el nacimiento de Cristo y, al mismo tiempo, el nacimiento de la Iglesia, según nos recuerda el papa León Magno, cuando dice: "Si celebramos el nacimiento de Cristo, que es la Cabeza, celebramos también el nacimiento de la Iglesia que es su cuerpo".

Navidad es la Luz que ilumina en las tinieblas y es anuncio de la noche pascual. La noche se llena de claridad y comunica resplandor. Los pastores de Belén ven el resplandor de la luz y se acercan al que es la Luz para que sus rostros sean iluminados. Navidad es un canto a la vida. El que es la Vida nace para dar vida al ser humano muerto por el pecado de nuestros primeros padres. Navidad restaura en el universo el orden que el pecado había desordenado. Navidad es un canto de gloria, de paz y de alegría.

¿Por qué celebramos la Navidad el día 25 de diciembre?

La fecha del nacimiento de Jesús es incierta. Se conoce el año de su nacimiento, pero no se sabe el día. La Iglesia no celebra cronología, sino el misterio. Se fijó la fecha de su celebración el día 25 de diciembre por las siguientes razones:

El emperador romano Aurelio estableció que el día 25 de diciembre se celebrara la fiesta de la “natividad del sol Invicto”. Para conmemorar la introducción de la fiesta, se cuñaron monedas con la inscripción: “el sol, señor del imperio romano. La Iglesia romana, preocupada por la participación activa de muchos cristianos en las fiestas organizadas en honor del dios Sol y por la extraordinaria difusión de su culto, el papa Julio I (337-352) estableció que los cristianos celebraran en el mismo día 25 de diciembre el Nacimiento de Jesús, que es el Sol de lo alto que ilumina las tinieblas reinantes en la tierra y en el corazón de la humanidad.

Posteriormente, los Padres de la Iglesia dieron otra interpretación para establecer el día 25 de diciembre el nacimiento de Jesús.  Unos días antes, el 21 de diciembre es el solsticio de invierno, día del triunfo de la luz sobre las tinieblas. El día 25 se observa que la luz del día va creciendo y poco a poco va disminuyendo la oscuridad. Con este símbolo cósmico de la luz creciente, los Padres compararon la fiesta de la Navidad con la de la Pascua de Resurrección. Cuando Jesús nace reina la tiniebla en el mundo y con su nacimiento se planta en la tierra la Luz que irá disipando las tinieblas hasta llegar a su máximo resplandor en el día de la Resurrección de Cristo. El Cirio pascual, símbolo de Cristo resucitado, ilumina con su resplandor al universo entero.

Desde entonces, la Iglesia celebra cada año el gran misterio del nacimiento de Jesús en Belén el día 25 de diciembre

¿Cómo debe vivir el cristiano este tiempo de Navidad?

Navidad es hoy una fiesta religiosa  muy vivida por el pueblo cristiano. La barahunda de los anuncios y las constantes provocaciones para aumentar el consumo de estos días, están maquillando y secularizando el contenido de estas fiestas. Se está perdiendo la sensibilidad de sorpresa ante el misterio de Dios-Niño.

Las luces, los adornos, los regalos, etc, parecen ocultar el acontecimiento más importante de la historia humana.

La Navidad se ha convertido en una fiesta sin Cristo y sin los signos religiosos. ¿Es la moda? o ¿Se pretende eliminar a Dios de la sociedad porque es un estorbo para muchas conciencias? o ¿Se pretende encerrar al Dueño y Señor del cosmos y de la historia en el estrecho espacio de una iglesia o en el corazón privado de un creyente?

El católico en estas fiestas navideñas debe gritar al mundo que celebra el gran acontecimiento de la historia humana y debe anunciar la Buena Noticia de la salvación y de la paz. No puede callar ante el griterío de la masa sin rumbo. No habrá verdadera paz mientras se destierra a Dios de la vida social y humana. Para que la alegría navideña no sea engañosa y  superficial es necesario que los cristianos se acerquen silenciosamente al misterio del Nacimiento de Jesús con corazón humilde y creyente, y se postren delante del Salvador del mundo y lo adoren con fe viva. Deben dejar que en su corazón resuenen las palabras de los ángeles en la noche del Misterio: “Gloria a Dios en el cielo y paz a los hombres que ama el Señor”.  Cada Navidad es una llamada a glorificar al Señor que hace maravillas en los sencillos y limpios de corazón y es también una llamada a ser constructores de paz en un mundo malherido por las guerras, los odios y los intereses egoístas. Si la Navidad es la cercanía de Dios al hombre,  es también la cercanía de los católicos con los que sufren. En nuestra sociedad de hoy existen muchos muros de muerte, odio y violencia que separan a los hombres y mujeres. Navidad es el tiempo de destruir las barreras y acercar a las personas, a las familias y a las naciones. 


        
Navidad es un susurro de salvación que se hace oír  en medio del gran griterío del mercado del mundo. El susurro solo se puede escuchar por los que prestan atención a la Palabra de Dios que no grita pero se encarna y crece en el corazón del fiel creyente. Quien escucha la Palabra sabe también escuchar las voces dolientes de los que piden salvación, de los que están en la miseria y en el paro, en la marginación y en el desprecio. Los discípulos de Cristo no podemos desoír  sus súplicas, ni pasar de largo. Ellos extienden su mano temblorosa y nosotros la nuestra hacia ellos, porque Navidad es el encuentro de dos manos.

Los símbolos de Navidad

Tres son los signos más significativos en las fiestas navideñas: el pesebre, el árbol de Navidad y los regalos.

1.- EL PESEBRE

La tradición documentada del pesebre se remonta al s. XIII. San Francisco de Asís en el año 1223, estando la nochebuena en un pueblecito de Italia llamado Greccio y rodeado de sus frailes y de los fieles del pueblo representaron el nacimiento de Jesús.
        
El pesebre o belén es la escenificación del nacimiento de Jesús, según el relato del Evangelio hecho imaginación, arte y pedagogía. Se pretende catequizar con el fin de por medio de lo visible llegar al misterio invisible.

Es costumbre inmemorial que en las familias cristianas, en las escuelas, en lugares públicos y en las mismas iglesias se construyan los belenes representando el nacimiento de Jesús. La representación con figuras, montañas y ríos es una forma pedagógica y visual para comprender el gran misterio del Dios-con-nosotros. La familia cristiana se reúne alrededor del pesebre para rezar y cantar. El belén se convierte en el centro del hogar y en el lugar donde se refuerzan los vínculos de comunión familiar y de paz.

Jesús merecía una cuna mejor y, y sin embargo, prefirió la cueva de pastores. No había posada para él; vino a los suyos y los suyos no lo recibieron, como dice el Evangelio. Él quiere hoy estar en todas las familias y, por desgracia, la historia se repite: no hay lugar para Él en muchos hogares del mundo. Jesús nació en Belén y hoy quiere nacer en el corazón de todos los hombres y mujeres entre cantos de gloria a Dios y paz al hombre que ama el Señor. Su cuna fue un pesebre, ahora es el corazón del fiel creyente, hecho de barro y envejecido por el pecado.

2.- ÁRBOL DE NAVIDAD

Otro símbolo navideño es el Árbol de Navidad de origen germánico. En un principio de empleaba el árbol abeto porque encarna la nobleza, la elegancia y la majestad.  Se instalaba en medio de la iglesia simbolizando el árbol del Paraíso terrenal. Posteriormente se dio el significado del “árbol de la vida”, como fuente de inmortalidad (Gn 2, 9, 3, 22) por sus hojas verdes. Sus hojas siempre verdes son signos de la fe y de la esperanza, virtudes del pueblo judío en la larga espera del Mesías.

Parece que del norte de Europa pasó a Estados Unidos y de allí ha vuelto a Europa y se ha extendido por  muchas naciones. El árbol para los católicos tiene un doble simbolismo: Primero, recuerda el árbol del Paraíso y a nuestros primeros padres, portadores de la muerte y del pecado, y simboliza también el árbol de la Cruz de donde brota la vida y la salvación. El otro simbolismo se fundamenta en la costumbre de colgar entre las ramas del árbol luces y estrellas que iluminan simbolizando así a Cristo, Luz del mundo que vino a nosotros para disipar las tinieblas. El hogar sin el árbol de Navidad es familia en penumbra y en tinieblas.

3.- LOS REGALOS DE NAVIDAD

Los pastores ofrecieron a Jesús sus humildes dones. En este tiempo navideño, sobre todo el día de Navidad, es costumbre el intercambio de regalos. En el lenguaje cristiano hacer un regalo en el día de Navidad significa comprender y vivir el mensaje navideño. La Navidad es el gran regalo de Dios a la humanidad, nos ha dado a su propio Hijo encarnado y nacido de Santa María Virgen. Nosotros, como los pastores, nos acercamos al portal de Belén y le ofrecemos el don de nuestro corazón, le adoramos con fe viva y le alabamos gozosos. Además, quien recibe el don, que es Jesús, se compromete a darlo a conocer y amar. Los cristianos expresamos este recibir y dar en el intercambio de regalos, signo del gran regalo de Dios a la humanidad.

Si nos intercambiamos regalos es porque Dios Padre nos ha dado el gran regalo de la historia: a su Hijo nacido de Santa María Virgen. El valor del don de la Navidad consiste en saber recibir de manos del Señor al Dios-con-nosotros y en saber dar a los demás el don de nosotros mismos a favor del Evangelio. Es absurdo regalar cuando se rechaza o se niega el misterio de la Navidad.

            Juan María Canals
Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Liturgia
Navidad 2006