CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA
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Trienio 2002-2005

La Comisión Episcopal de Liturgia, en sintonía con el Plan pastoral de la Conferencia Episcopal Española para el cuatrienio 2001-2005 [1] y en continuidad con los planes precedentes, presenta su proyecto de trabajo para el mismo periodo. Al mismo tiempo asume gozosamente las orientaciones de la Carta Apostólica "Novo Millennio Ineunte", de 6-I-2001, del Santo Padre Juan Pablo II (=NMI), como continuación del Jubileo del 2000.

De este modo se propone continuar la tarea de promover la renovación litúrgica al servicio de los Obispos, "administradores de la gracia del supremo sacerdocio" (LG 26) y moderadores de la liturgia en sus respectivas Iglesias particulares. Para ello tiene en cuenta la afirmación del Papa que sintetiza lo que debe ser el programa pastoral después del Gran Jubileo: "El mayor empeño se ha de poner, pues, en la liturgia, «cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza»" (NMI 35; SC 10).

En efecto, en la Carta Apostólica "Vicesimus Quintus Annus", de 4-XII-1988 (= VQA), había indicado también: "La Liturgia de la Iglesia va más allá de la reforma litúrgica... (El cometido ahora es) una profundización cada vez más intensa de la Liturgia de la Iglesia, celebrada según los libros litúrgicos y vivida, ante todo como un hecho de orden espiritual" (VQA 14). Esta profundización exige "una nueva e intensa educación, para descubrir todas las riquezas encerradas en la nueva Liturgia" (ib.; cf. 15).

Para llevar a cabo esta tarea, como señaló ya el Concilio Vaticano II, es preciso que los pastores se impregnen totalmente del espíritu y de la fuerza de la liturgia, tratando de ser verdaderos maestros en la misma (cf. SC 14) [2] . Por otra parte las celebraciones litúrgicas presididas por el Obispo sobre todo en la Iglesia catedral, influyen notablemente en las parroquias y demás comunidades (cl. "Caeremoniale Episcoporum", Editio typica, Typis Polyglottis Vaticanis 1984, 11-14).

A los pastores corresponde también fomentar "con diligencia y paciencia la educación litúrgica y la participación activa de los fieles... cumpliendo así una de las funciones principales del fiel dispensador de los misterios de Dios... no sólo de palabra, sino también con el ejemplo" (SC 19). Son numerosos los documentos a partir del Concilio Vaticano II que han recordado la necesidad e importancia de la formación litúrgica de todo el pueblo de Dios en orden a la participación plena, consciente y fructuosa en la liturgia, para encontrar en ella "la fuente primera e indispensable" del espíritu cristiano (cf. SC 14; cf. VQA 14‑15).

Un campo especialmente necesitado de educación litúrgica es el de la religiosidad popular. Desde la Exhortación Apostólica de S.S. Pablo VI, "Evangelii Nuntiandi", de 8-XII-1975, n. 48, ha crecido en la Iglesia la conciencia y la estima de los profundos valores religiosos y cristianos que encierra, aunque esté necesitada en algunos casos de evangelización o de una cierta purificación [3] . De lo que se trata es de armonizar adecuadamente la piedad popular con la liturgia y de orientarla hacia ésta. Ambas formas de culto cristiano, sin amalgamas indebidas, se pueden fecundar mutuamente y contribuirán a la espiritualidad del pueblo de Dios, a la evangelización de las personas e incluso a la fundamentación de muchos valores humanos y de identidad religiosa de los pueblos.

Objetivos y Acciones

OBJETIVO 1:

"Dar un realce particular a la Eucaristía dominical y al domingo mismo, sentido como día especial de la fe, día del Señor resucitado y del don del Espíritu, verdadera Pascua de la semana" (NMI 35)

En diversas ocasiones el Papa Juan Pablo II como la Conferencia Episcopal Española han insistido en la importancia de celebrar en toda su riqueza el día del Señor y la Eucaristía dominical [4] . La celebración eucarística dominical es un don de Dios y un signo específico de identidad cristiana [5] .

Entre las prioridades pastorales que han brotado de la experiencia del Gran Jubileo figura efectivamente la celebración del domingo y de la Eucaristía dominical, que ha de constituir su centro: "Es un deber irrenunciable, que se ha de vivir no sólo para cumplir un precepto, sino como necesidad de una vida cristiana verdaderamente consciente y coherente... La Eucaristía dominical, congregando semanalmente a los cristianos como familia de Dios en torno a la mesa de la Palabra y del Pan de vida, es también el antídoto más natural contra la dispersión. Es el lugar privilegiado donde la comunión es anunciada y cultivada constantemente. Precisamente a través de la participación eucarística, el día del Señor se convierte también en el día de la Iglesia, que puede desempeñar así de manera eficaz su papel de sacramento de unidad" (NMI 36; cf. DD 22).

Por otra parte la celebración de la pascua dominical es el medio por el que "la Iglesia seguirá indicando a cada generación 'lo que constituye el eje central de la Historia, con el cual se relacionan el misterio del principio y del destino final del mundo’" (NMI 35; cf. DD 2 ).

Todo esto hace necesario proponer nuevamente la necesidad de preparar lo mejor posible la liturgia dominical implicando a todos los que han de intervenir en ella, atendiendo también a los fieles en lo que a ellos directamente les atañe (cf. "Ordenación general del Misal Romano" 73 y 313). En este sentido el capítulo III de la Carta Apostólica "Dies Domini" ofrece importantes sugerencias al respecto. Por otra parte la liturgia dominical, bien celebrada, llevará también a los fieles a prolongar, por medio del culto eucarístico fuera de la Misa, cuanto han vivido en la celebración (Cf. Ritual de la sagrada comunión y del culto a la Eucaristía fuera de la Misa, Coeditores litúrgicos 1979, nn. 1-12; 79-112).

ACCIONES

1.      Difundir los documentos y otros materiales elaborados por la Conferencia Episcopal, la Comisión Episcopal de Liturgia y su Secretariado sobre la celebración del domingo, la Eucaristía dominical y la iniciación eucarística de los niños y jóvenes que se preparan para recibir los sacramentos de la Confirmación y de la Eucaristía, urgiendo la iniciación de los niños y jóvenes en la Misa del domingo.

2.   Editar o difundir un tríptico sobre los contenidos del domingo, que pueda ofrecerse a las delegaciones diocesanas de pastoral litúrgica y destaque que el domingo no es sólo la Misa, sino también la Liturgia de las Horas y los demás aspectos resaltados por la Carta apostólica «Dies Domini».

3.      Estudiar con los delegados diocesanos de pastoral litúrgica las determinaciones de la Conferencia Episcopal acerca de las Jornadas eclesiales y Colectas y ofrecer sugerencias sobre cómo actuar en lo relativo a las Jornadas y Colectas que caen en domingo y solemnidades, salvando siempre la primacía del domingo.

4. Cuando aparezca la Editio typica III del Misal Romano, además de preparar la versión de la misma, proponer una nueva lectura del "Ordo Missae" y de la "Ordenación general del Misal Romano" con los medios propios de la Comisión Episcopal de Liturgia y de su Secretariado.

OBJETIVO 2º

Impulsar la pastoral renovada del Sacramento de la Penitencia

La práctica del sacramento de la Reconciliación sigue padeciendo todavía desenfoques y deficiencias, y en algunos casos aislados actuaciones opuestas al sentir de la Iglesia, lo que provoca desazón en pastores y fieles. Se hace necesario, por tanto, plantear una pastoral renovada que incluya una buena catequesis del sentido del pecado y de la conversión, el significado de la mediación de la Iglesia en el perdón de los pecados y las condiciones para una buena celebración según el Ritual de la Penitencia (Coeditores litúrgicos 1978) [6] .

Esta situación pide también una mayor disponibilidad y preparación por parte de los ministros del sacramento, y una mayor "confianza, creatividad y perseverancia en presentarlo y valorizarlo" (NMI 37). En efecto, el Papa reclama "una renovada valentía pastoral para que la pedagogía cotidiana de la comunidad cristiana sepa proponer de manera convincente y eficaz la práctica del Sacramento de la Reconciliación... (invitando) a esforzarse por todos los medios para afrontar la crisis del «sentido del pecado» que se da en la cultura contemporánea, pero más aún, a hacer descubrir a Cristo como mysterium pietatis, en el que Dios nos muestra su corazón misericordioso y nos reconcilia plenamente consigo. Éste es el rostro de Cristo que conviene hacer descubrir también a través del sacramento de la Penitencia que, para un cristiano, «es el camino ordinario para obtener el perdón y la remisión de sus pecados graves cometidos después del Bautismo»" (NMI 37).

«En las actuales circunstancias es preciso apoyar la doctrina y la práctica del Sacramento de la Penitencia que, además de la celebración del perdón, resulta un momento privilegiado de formación de la conciencia moral de los cristianos y de acompañamiento pastoral en el camino de la vocación a la santidad. Después de la experiencia habida durante los años pasados para la aplicación del Ritual de la Penitencia, la oportunidad de la reedición actualizada del mismo Ritual será ocasión para que en las diócesis  se promueva encuentros de sacerdotes y jornadas de estudio con el pueblo cristiano, la recta aplicación en el ejercicio del ministerio del perdón y de la reconciliación en conformidad con el mismo Ritual» [7]

Para realizar esta tarea se cuenta, además del Ritual de la Penitencia, con la Exhortación Apostólica post-sinodal "Reconciliatio et Poenitentia", de 2-XII-1984, de S.S. Juan Pablo II; el Catecismo de la Iglesia Católica (CCE 1420-1484) y la Instrucción pastoral "Dejaos reconciliar con Dios", de abril de 1989, de la Conferencia Episcopal Española. Estos documentos ofrecen elementos más que suficientes de tipo bíblico, teológico, litúrgico, pastoral y espiritual a disposición de los pastores y de los fieles.

ACCIONES:

1.      Preparar la reedición actualizada del Ritual de la Penitencia, con estudio y aprobación en la Asamblea Plenaria.

2.      Invitar por todos los medios a los sacerdotes que ejerzan asidua y constantemente el ministerio de la reconciliación según la forma A.

3.      Fomentar en los Encuentros de Delegados diocesanos y en las Jornadas Nacionales de Liturgia, el estudio y la recta aplicación del Ritual de la Penitencia en las diócesis y en otros ámbitos eclesiales sin desanimarse y según las orientaciones del Ritual.

4.      Facilitar el conocimiento de los materiales existentes en las diócesis sobre catequesis y celebración de la Penitencia, y sobre el ejercicio del ministerio del perdón.

OBJETIVO 3º

Trabajar constante y pacientemente para que "la escucha de la Palabra se convierta en un encuentro vital, en la antigua y siempre válida tradición de la 'lectio divina', que permite encontrar en el texto bíblico de la Palabra que interpela, orienta y modela la existencia" (NMI 39).

En la tarea constante de la evangelización de la Iglesia, que culmina en la celebración litúrgica (SC 10), la Palabra de Dios no es sólo un medio sino el contenido mismo del mensaje [8] . El Concilio Vaticano II destacó en varios documentos, especialmente en las constituciones "Sacrosanctum Concilium" y "Dei Verbum", la importancia de la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia y de modo particular en la celebración litúrgica, que supone uno de los modos de la presencia de Cristo con la virtud del Espíritu Santo (cf. SC 7; 21; 51; DV 18; 21; etc. ).

La "Ordenación general del Misal Romano", la introducción del "Orden de lecturas de la Misa" y la "Ordenación de la Liturgia de las Horas" contienen también una profunda y rica reflexión sobre la Palabra de Dios en la liturgia y en la espiritualidad cristiana, que no se debe descuidar entre otros motivos porque están en íntima relación con la proclamación de la Escritura y con la oración. En esta misma línea se encuentran el "Catecismo de la Iglesia Católica" (CCE 81-133; 1153-1155; 2653-2654, etc.), la Carta Apostólica "Dies Domini" (DD 39-41) y últimamente la Carta "Novo Millennio Ineunte". En ella el Papa destaca que la "primacía de la santidad y la oración sólo se puede concebir a partir de una renovada escucha de la Palabra de Dios" (NMI 39). Tal escucha se convierte "en un encuentro vital, en la antigua y siempre válida tradición de la lectio divina, que permite encontrar en el texto bíblico la palabra viva que interpela, orienta y modela toda la existencia" (ib.; cf. NMI 3234; 40).

Esta "lectio divina", para la mayor parte de los fieles, es la liturgia de la Palabra de todas las celebraciones litúrgicas, que debería prolongarse en la lectura de la Biblia en las familias y personalmente (cf. NMI 39). Para ello conviene intensificar la formación bíblica y litúrgica de todo el pueblo de Dios, cuidando al máximo la preparación de buenos lectores, prestando particular atención a los cantos que se han de elegir, dando preferencia a los salmos y todos los otros cantos que se toman de la Sagrada Escritura, estudiando especialmente los que se usan en las horas principales del Oficio Divino, siguiendo por ejemplo los comentarios que viene ofreciendo el Papa Juan Pablo II en sus catequesis (cf. NMI 34), etc.

En los ejercicios y retiros espirituales especialmente de los ministros ordenados y de los religiosos y religiosas debe darse la debida importancia a la Palabra divina en todas sus formas, sobre todo en las celebraciones de la Eucaristía y de la Liturgia de las Horas.

ACCIONES

1.      Jornadas nacionales de Liturgia sobre la oración y la liturgia de las Horas.

2.      Difundir el volumen de las Jornadas Nacionales de Liturgia de octubre de 2000, dedicadas a la formación bíblica y litúrgica.

3.      Ayudar a la promoción de la Liturgia de las Horas en las parroquias y comunidades cristianas.

4.      Colaborar en la preparación de la versión de la Biblia de la Conferencia Episcopal Española con especial atención a los aspectos litúrgicos.

5.      Reeditar y difundir el folleto "Partir el pan de la palabra". Orientaciones sobre el ministerio de la homilía", de la Comisión Episcopal de Liturgia (1985); y los dedicados a "El ministerio del lector" (1985) y a "El salmo responsorial y el ministerio del salmista" (1986), del Secretariado de la Comisión.

OBJETIVO 4

Impulsar la piedad popular, culto verdadero al Padre por Nuestro Señor Jesucristo en el Espíritu Santo, como medio válido para la nueva evangelización y enriquecimiento de la adecuada creatividad litúrgica.

La piedad popular es hoy un tema de preocupación pastoral al convocar a muchos fieles, sobre todo en los santuarios, ser medio de acercamiento a Jesucristo y a los sacramentos y un cauce muy aprovechable para la evangelización (cf. SC 13).

«Entre nosotros la religiosidad popular, tanto en las Cofradías o Hermandades como en otras múltiples formas de devociones y expresión de fe, está manteniéndose e incluso en algunas manifestaciones está creciendo. Valoramos positivamente esta realidad que refleja las raíces profundas de la fe de nuestro pueblos» [9]

Pero es claro que la piedad popular exige también purificación, armonización con la Liturgia y fecundación creativa mediante elementos litúrgicos adecuados.

Además, la publicación del “Martyrologium Romanum” es una llamada a todas las comunidades a tener muy presentes, no sólo a los mártires, sino también a los diversos santos y beatos de las Iglesias locales (cf TMA 37; NMI 30).

ACCIONES:

1.   Difundir y estudiar el Directorio sobre la piedad popular y liturgia de la Congregación para el el Culto Divino y de la Disciplina de los Sacramentos  en Jornadas Nacionales de Liturgia.

2.       Dar a conocer y estudiar los documentos sobre la piedad popular de la Comisión y del Secretariado de la Comisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia Episcopal de España.

3.        Destacar la importancia de la Liturgia en los santuarios y peregrinaciones como espacios y momentos privilegiados para el encuentro con Dios en la oración y en los sacramentos.

4.        Dar a conocer e invitar a utilizar el «Martirologio  Romano».

OBJETIVO 5º.

Continuar impulsando la pastoral del canto y la música en la liturgia e ir introduciendo los cantos recomendados por la Comisión Episcopal de Liturgia.

La importancia del canto y la música en la liturgia es algo repetido por múltiples documentos de la reforma litúrgica [10] . En todos ellos se pone de relieve la importancia del canto como elemento integrante de la celebración, que favorece la unidad de la asamblea, la participación activa y fructuosa, la alegría propia de las celebraciones litúrgicas, la verdadera oración y la solemnidad.

La OGMR 39-40 recuerda las conocidas frases de S. Agustín: "Cantar es propio de quien ama" y "quien canta bien, ora dos veces". Pide que se cante aquellas partes de la Misa que corresponden a los ministros y a la asamblea, teniendo en cuenta las posibilidades de cada comunidad litúrgica y especialmente los domingos y fiestas [11] .

Entre los estilos musicales tiene la primacía al canto gregoriano, como canto propio de la liturgia romana, pero también se reconoce el papel de la polifonía, dejando claro que debe adaptarse al espíritu de la acción litúrgica y favorecer la participación de todos los fieles (cl. OGMR 41). Y teniendo en cuenta que cada vez es más frecuente que los fieles de distintas lenguas se reúnen para celebrar la liturgia, es conveniente que éstos sepan cantar algunas partes de la Misa en latín, sobre todo el Credo y el Padrenuestro en los modos más sencillos.

Ahora bien, no se puede olvidar que desde la introducción de las lenguas vernáculas en la liturgia, han proliferado innumerables cantos nuevos y melodías de la más variada índole. Ante una situación no exenta de puntos oscuros y de dificultades parece necesario aplicar las competencias de la Conferencia Episcopal en esta materia (cf. OGMR 26; 50; 56 i, por lo que se refiere a la Misa; etc.). En efecto,  en el Plan de la Comisión Episcopal de Liturgia del cuatrienio 1996-2000 se propuso iniciar una acción en este sentido, que fue presentada a la LXVIII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal de noviembre de 1997, acción a desarrollar en tres fases. En aplicación de este objetivo se han dado pasos importantes que conviene proseguir.

Al mismo tiempo es conveniente continuar difundiendo orientaciones y sugerencias en orden a la formación musical y litúrgica no sólo de los ministros y responsables del canto sino también de todos los fieles.

ACCIONES:

1.      Proseguir el camino iniciado de proponer cantos propios de los tiempos litúrgicos, de solemnidades y domingos, y de celebraciones sacramentales.

2.      Difundir los directorios sobre "El salmo responsorial" (1986) y "El canto y la música en la celebración" (1992).

3.      Revisar el «Libro del salmista» y publicar el Himnario de la Liturgia de las Horas.

4.      Seguir impulsando, desde la Comisión Episcopal de Liturgia, la composición de letras por parte de poetas cristianos y de músicas con inspiración bíblica y litúrgica, y que tengan calidad musical y sean adecuadas a los momentos celebrativos específicos.

5.      Iniciar la selección de cantos de entre los ya existentes con vistas a un "Repertorio oficial".

6.      Celebrar de modo adecuado el centenario del Motu propio de San Pío X, «Tra le sollecitudini»

Otras Acciones

Procedentes de planes anteriores o en relación con libros litúrgicos o documentos ya promulgados o en vías de serlo, la Comisión Episcopal de Liturgia se propone realizar también lo siguiente:

1.      Completar la revisión de la traducción castellana del Misal Romano, una vez aparezca la "Editio typica III".

2.      Publicar el "Ritual de la Iniciación cristiana".

3.      Publicar el "Ritual de los Exorcismos".

4.      Continuar la revisión del "Ritual de Exequias".

5.      Preparar la traducción del "Martyrologium Romanum" (2001), completándola con la incorporación de santos propios de las Iglesias particulares de España.

6.      Actualizar los Directorios litúrgico-pastorales de la Comisión y del Secretariado de Liturgia

7.      Elaborar sugerencias para la celebración de las Rogativas.

Madrid, 28 de febrero de 2002


[1]     "Una Iglesia esperanzada. ¡Mar, adentro!". Plan pastoral de la Conferencia Episcopal Española 2001-2005, Madrid 2002.

[2]     Véanse también la Carta Apostólica "Pastores Dabo Vobis", de 25‑III-1992 (= PDV), 71‑72, y la Instrucción de la Congregación para la educación Católica, "In ecclesiasticam futurorum", sobre la formación litúrgica de los Seminarios, de 3-VI-1979.

[3] Entre los documentos de la Iglesia sobre la importancia de la religiosidad popular en relación con la liturgia se pueden citar las "Orientaciones para el año mariano" de la Congregación para el Culto Divino (Coeditores litúrgicos 1987); Juan Pablo II, Carta apostólica Vicesimus quintus annus, nº 18, 1988 (= VQA); el Catecismo de la Iglesia Católica (Asociación de Editores del Catecismo 1999 (= CCE), 1679-1676; La Exhortación Apostólica de S.S. Pablo VI "Marialis cultus", de 2-II-1979; y las numerosas intervenciones del Papa Juan Pablo lI: cf. Palabras de Juan Pablo Il en América (Madrid 1979), pp. 102-106; Palabras de Juan Pablo II en España (Madrid 1982), pp. 170-177; 161-167, etc. A estos documentos se pueden añadir la reflexión de la Comisión Episcopal de Liturgia, "Evangelización y renovación de la Piedad popular" (Madrid 1987); y el directorio litúrgico pastoral del Secretariado Nacional de Liturgia, "Liturgia y Piedad popular" (Madrid 1989). han hecho una valiosa aportación al tema que nos ocupa.

[4]     Véanse: Juan Pablo II, la Carta Apostólica "Dies Domini"(= DD), de 31-V-1998; CCE 1166-1167; 1345-1355; y 2174-2188; y la Instrucción de la Conferencia Episcopal Española "Sentido evangelizador del domingo y de las fiestas" (Madrid 1992).

[5]     Cf. "Una Iglesia esperanzada. ¡Mar adentro!". Plan pastoral de la C.E.E., cit., .24.

[6]     Cf. Una Iglesia esperanzada. ¡Mar adentro!". Plan pastoral de la C.E.E., cit., n. 25; NMI 37.

[7] Plan pastoral de la Conferencia Episcopal Española, 2002-2005, 63,1.

[8] Cf. Plan pastoral de la Conferencia Episcopal Española, 2002-2005, nº 21.

[9]   Plan de pastoral de la Conferencia Episcopal 2002-2005, nº 36.

[10]    Cf. SC Cap. VI; la lnstrucción "Musicam sacram", de 5-III-1967; OGMR 39-41; OGLH 267‑284; VQA 10; CCE 1156-1158; DD 50.

[11] Cf. DD nº 50 .

 

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