| XXIX JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES |
| "CINE, TRANSMISOR DE Mensaje de los Obispos de la Comisión Episcopal Domingo III de Pascua / 30 de Abril de 1995 Bajo el lema pontificio "El cine, transmisor de cultura y va/ores" celebraremos este año, Dios mediante, el III Domingo de Pascua, día 30 de abril, la XXIX Jornada mundial para las Comunicaciones Sociales. Esta vez, sin olvidar otros Medios, como la prensa, la radio y la televisión, se centra el objetivo sobre el Séptimo Arte, sumándose así la Iglesia, con reconocimiento y simpatía, a la celebración del Centenario de la invención del Cine por los hermanos Lumiére. A partir de 1895, el desarrollo de este invento, en un proceso espectacular y paralelo en Europa y en los Estados Unidos, pasó, por etapas sucesivas, del cine mudo al sonoro, del blanco y negro al color, de la cinta de celuloide a la banda magnética y al vídeo cassette. Se trata de un fenómeno mundial, dado que la producción cinematográfica de unos países penetra en los consumidores de los otros en los cinco continentes y se cuentan por millones los espectadores que se alimentan del cine. Es verdad que en los países desarrollados entró hace años en un fuerte declive el número de salas de exhibición de películas. Pero los filmes televisados han incrementado su audiencia hasta límites astronómicos por la proliferación, casi infinita, de las películas en "vídeo", utilizables a voluntad en el propio domicilio o en cualquier aula comunitaria. UN GRAN FENÓMENO HISTÓRICO El cine es un producto síntesis, primero porque recoge en sus imágenes luminosas, vivas y parlantes, toda la tradición pictórica, plástica y teatral del pasado, y luego, porque integra los logros sonoros de la radio, los luminosos de la fotografía, los verbales de la literatura y del teatro, y el encanto de la música, en lo que se ha llamado el espectáculo total. Más que la séptima entre las bellas artes, puede denominarse con justicia como el compendio de todas ellas. El cine es reproductor fiel y fascinante de la vida humana en todas sus facetas, hasta poder presentarse como una segunda realidad. Transcribe, con singular maestría, los rasgos de la vida real, pero seleccionando aspectos honorables o vergonzosos, sublimes o denIgrantes, reales o de invención. Ha sido en toda su historia un vector de culturas, estampas de vida, costumbres plurales, mensajes heterogéneos, de los distintos países emisores. Mas, al ser obligadamente una industria, por los costos de inversión y los circuitos de distribución, el cine ha estado supeditado siempre a los intereses comerciales, constituidos muchas veces en objetivos determinantes de productores y actores, aun a costa de valores humanos y de principios éticos. EL CINE Y LA IGLESIA Eso no obstante, por constituir las grabaciones fílmicas o magnéticas un vehículo privilegiado para transmitir mensajes educativos y religiosos, la Iglesia, y el propio mundo del cine desde dentro, han considerado a este medio de comunicación social como singularmente idóneo para la difusión del Evangelio. Su Santidad Juan Pablo II se complace en evocar a este propósito las "numerosas versiones cinematográficas de la vida y pasión de Jesús y de la vida de los santos, que todavía se conservan en muchas filmotecas y que sirvieron, sobre todo, para animar numerosas actividades culturales, recreativas y catequéticas, por iniciativa de muchas diócesis, parroquias e instituciones religiosas" (Mensaje Jornada 95). No es ocioso recordar aquí hechos tan entrañables como el viaje de Luis Lumiére a Roma en 1896 y la audiencia que le concedió el Papa León XIII, quien dio acceso al inventor a los jardines vaticanos y se dejó tomar unas imágenes al vivo, rodeado de sus colaboradores. Tres minutos de rodaje en celuloide, joya hoy de la filmoteca vaticana, realizado por su inventor, cuando aun no había pasado un año de la primera proyección de París. El ya casi nonagenario Papa Pecci, comentó proféticamente: "Si el cine resulta ser algo útil y beneficioso, lo bendecimos." Bendecido quedó, pues, este fenómeno mundial, aunque sólo lo fuera en lo mucho que el cine ha tenido de beneficioso y de útil. A partir de entonces, los Papas proyectarían frecuentemente su atención sobre el fenómeno mundial del Cine, destacando sus virtualidades para el bien y la cultura, y advirtiendo también sobre sus usos desviados para avivar pasiones o corromper valores. Entre los innumerables mensajes sobre los Medios de Comunicación Social destacan las encíclicas "Vigilanti cura" de Pío XI y "Miranda Prorsus" de Pío XII, junto al famoso discurso de este último sobre "el filme ideal". Paralelamente la conciencia pastoral de otros episcopados daba pie, en las décadas de los treinta a los cincuenta, a la creación en Bélgica de la Oficina Católica Internacional del Cine (OCIC), para promover los filmes de calidad artística y valores humanos; mientras que en los Estados Unidos se establecían los códigos deontológicos para los cineastas y las "Ligas de la decencia" de los espectadores para conjurar las producciones nocivas. En España también, en el último medio siglo, la Iglesia ha patrocinado la creación de cineforums para formar a los espectadores y las oficinas calificadoras de las películas, en sus aspectos culturales y morales. Un servicio pastoral que, adaptado a nuestros tiempos, funciona actualmente en la revista "Pantalla 90", editada por nuestra Comisión. GRANDEZAS Y MISERIAS En el haber histórico del cine, a los cien años de su origen, hay que apuntar las obras, no pocas veces maestras, en las que se exalta la grandeza moral de muchos seres humanos, se intercomunican tesoros de arte y cultura de los diferentes pueblos, se impulsa la solidaridad entre los seres humanos, se apuesta decididamente por la liberación de los humildes y, en su conjunto, por la justicia, la libertad y la paz. Muchos de esos filmes rezuman todavía el indubitable sabor de su origen cristiano. Ahora bien; aun tratándose de un aniversario secular, como ocasión propicia para subrayar méritos y aciertos, resulta no menos obligado denunciar también las sombras del cuadro, que, desgraciadamente, no son pocas. Quizá la última raíz de los pecados sociales del cine se asienta en su condicionamiento industrial y mercantil. Es un Medio de Comunicación Social que, con mayor fuerza que la prensa y la radio, se apoya en las inversiones financieras y constituye a menudo un negocio espectacular. De ahí su halago a los poderes de este mundo: dictaduras, oligarquías económicas, bajos instintos de las masas. De ahí también sus servidumbres, tantas veces bochornosas, al consumismo, la competencia feroz, el sexo desenfrenado, la frivolidad y el vacío espiritual. Por no hablar de la humillante industria de la pornografía y de la violencia sádica, que han tenido en el celuloide y en la banda magnética un soporte más difundido. Sí; el centenario del cine reclama con fuerza una reflexión, un reconocimiento de fallos y desafueros, con la firme asunción de responsabilidades éticas de cara al porvenir. ORIENTACIÓN Y ESTÍMULO Vaya por delante nuestro estímulo para los guionistas, productores, actores y entes públicos al servicio de este sector, para que acrediten su respeto y su afán de servicio a los grandes valores del ser humano. Que midan la nobleza de su cometido como educadores de masas, propiciando la distracción agradable y el ennoblecimiento cultural a través de la belleza integral de los filmes. Desde nuestra competencia más directa, como pastores del Pueblo de Dios, animamos con ahínco a los cristianos comprometidos, a los hombres y mujeres de buena voluntad que se mueven en el vasto entramado del mundo cinematográfico, a que laboren por la calidad humanística de sus productores. Y, ¿cómo no? recomendamos a toda la comunidad cristiana la estima y el uso del buen cine, para el disfrute artístico, el descanso espiritual, el desarrollo cultural de chicos y grandes. Y proponemos a los padres, educadores, catequistas y pedagogos de la fe, la utilización de la cultura audiovisual en la misión evang9lizadora de la Iglesia. ¿Cómo abordar, por último, la "marea negra" que sigue manchando nuestras playas sociales con el cine pernicioso o corrompido? Pues, junto a los caminos clásicos, propios de una sociedad democrática, de denunciar y descalificar socialmente a los productos indignos, está la educación permanente de los usuarios: adultos, jóvenes y niños. Educación en la familia, en la escuela y la catequesis de los espectadores del cine, los de las salas comerciales y, sobre todo, los de la televisión doméstica. Adquirir sentido crítico y fuerza de voluntad para ejercitarlos en el visionado de las películas o en la abstención de contemplarlas. El cine está al servicio del hombre y no al revés. Vencer el mal con el bien. ANTONIO MONTERO, Arzobispo de Mérida-Badajoz, Presidente |