De la comunicación
a la solidaridad y viceversa

José María Gil
Director del Secretraiado de la CEMCS


Pocas realidades tienen una convergencia tan armónica como las significadas por las palabras "comunicación" y "solidaridad". Son vocablos con buena "química" entre sí. La comunicación, para que sea tal, no es posible sin la referencia a los otros, desde el nivel de las relaciones interpersonales al de la vida social en el más amplio sentido. La solidaridad tampoco podría llevarse a cabo sin la comunicación que nos hace conocer y nos aproxima el sufrimiento de los demás, hasta sentirlo como propio y familiar.

"Cada día los medios de comunicación social –escribía el Papa Juan Pablo II en su mensaje para la Cuaresma de 1986– llegan a nuestros ojos y a nuestro corazón, haciéndonos comprender las llamadas angustiosas y urgentes de millones de hermanos nuestros menos afortunados, perjudicados por algún desastre, natural o de origen humano; son hermanos que están hambrientos, heridos en su cuerpo o en su espíritu, enfermos, desposeídos, refugiados, marginados, desprovistos de toda ayuda; ellos levantan los brazos hacia nosotros, cristianos que queremos vivir Evangelio y el grande y único mandamiento del amor".

La relación mutua de comunicación y solidaridad ha sido precisamente el contenido de la pasada Asamblea de Delegados Diocesanos de Medios de Comunicación Social que se celebró en Barcelona del 27 al 29 de enero. Al ser este año de 1999 el dedicado a Dios Padre y a la virtud de la caridad, como preparación del Jubileo del año 2000, pensamos que dedicarlo a esta temática podía ser una ocasión propicia para reflexionar sobre las estrategias comunicativas de la acción social y caritativa de la Iglesia.

Con esa finalidad traemos también a las páginas de este número de nuestra revista el rico contenido de las ponencias y mesas redonda que allí se expusieron.

Sin el seguimiento de los medios de comunicación, que dieron a conocer las duras imágenes de la matanza en el mercado de Sarajevo donde el fuego de morteros produjo 24 víctimas civiles en febrero de 1994, probablemente no se habrían producido dos años después los acuerdos de paz.

Sin la permanente aparición de aquellas imágenes y otras del conflicto de Bosnia, no se habría creado una corriente mundial de repulsa. Y lo mismo habría que decir de la resonancia mundial del drama irresuelto de Ruanda, el de los campos de refugiado de Goma, el del heroísmo de los misioneros y de la respuesta de solidaridad, da ayuda… repetida no hace mucho ante las devastadoras consecuencias del huracán Mitch, que ha movilizado a millones de personas en favor de los damnificados de Centroamérica.

Hoy reclaman nuestra atención solidaria las tragedias inhumanas de los refugiados albano-kosovares, como ayer lo fueron las víctimas de las masacres de Sierra Leona.

Toda estas corrientes de solidaridad vividas y pendientes, como a la de tantas historias individuales de niños y de mayores necesitados, no hubieran sido posibles y no lo serán sin el recurso a los medios de comunicación. Nada o muy poco podrían hacer sin ellos las organizaciones humanitarias, las instituciones de la Iglesia, para remediar tanta desgracia y concienciar a la opinión pública en una cultura solidaria.

El hacerlo adecuadamente exige unas estrategias y unas técnicas para hacerse hueco en la multiplicidad de mensajes informativos que reclaman nuestra atención. De ello tratará precisamente la primera ponencia que traemos a nuestras páginas, a cargo del profesor Juan Luis Martínez, de la Universidad de Navarra.

No cabe duda que la finalidad suprema de la acción comunicativa es la de formar al hombre en su dimensión social para hacer comunidad. Ahí está precisamente la razón de por qué los contenidos informativos que versan sobre acciones solidarias sean aquellos que más interés tienen para el público y los que más honran a la actividad periodística, muchas veces demasiado polarizada en la actividad política, o mejor dicho en la contienda política o en lo anecdótico y llamativo.

El profesor Jaime Aymar, decano de la facultad de Filosofía de la Universidad Ramon Lull, de Barcelona, analiza en la segunda ponencia las razones antropológicas que hacen especialmente atractivos los contenidos informativos referidos a la solidaridad.

Mons. Enrique Planas, del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, ofrece el ejemplo de cómo las nuevas tecnologías pueden ser usadas para favorecer la comunión y la solidaridad, además de facilitar la comunicación humana. Se trata de la RIIAl, la Red Informática para América Latina.

Las aportaciones de la mesa redonda que tuvo lugar en la Asamblea y que ofrecemos también a nuestros lectores hicieron que reflexión científica fuese contrastada con la práctica del quehacer comunicativo. Moderadas por Teresa Pou, directora de Radio Estel de Barcelona, en ella intervinieron Charo Mármol, responsable de comunicación de "Manos Unidas"; Sor Caterina Verdera, provincial de las Hijas de la Caridad de Cataluña y Nuria Gispert, directora de Cáritas Diocesana de Barcelona.

Primar la comunicación de la acción social y caritativa puede ser uno de los modos de hacer realidad una de las partes del Mandamiento Nuevo: "en esto conocerán que sois mis discípulos".

Además ésta sería también la manera de comunicar en positivo y vencer la tendencia –de tendenciosa- con la que muchos medios dan cuenta de manera parcial de la vida de la Iglesia y, con frecuencia, sólo reflejan lo anecdótico.

La apuesta de los medios en favor de la solidaridad contribuirá de manera significativa a que estos sean también "una presencia amiga para quien busca a Dios Padre", como reza el lema para la Jornada mundial de las comunicaciones sociales de 1999.

A Todo ello nos invita el cardenal Ricard Maria Carles, arzobispo de Barcelona, en su intervención de clausura de la Asamblea.