La
Pastoral de la Carretera es un servicio que la
Iglesia ofrece para alentar el anuncio y la vivencia
de la fe cristiana de los profesionales,
conductores, peatones y viajeros, en el
uso de la vía pública y de
los vehículos, que están
generando una nueva forma de convivencia
y de relaciones humanas.
En toda esta
tarea como en el ejercicio de cualquier actividad
y derecho ciudadano, el primer principio
que debe orientar la actuación de
toda persona es el sentido de responsabilidad.
Toda la moral del tráfico se fundamenta
en el valor cristiano de la persona humana, “que está por encima
de las cosas todas y cuyos derechos y deberes son universales e inviolables” (GS.
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