La 102 Asamblea Plenaria de la CEE, celebrada en Madrid  del 18 al 22 de noviembre 2013, ha aprobado el documento titulado “Normas básicas para la formación de los diáconos permanentes en las diócesis españolas”. En este documento se define el ministerio de los diáconos, su formación y su misión pastoral.

ÍNDICE

I. EL MINISTERIO DE LOS DIÁCONOS

  • EL DIACONADO EN EL MAGISTERIO Y EN LA DISCIPLINA DE LA IGLESIA
  • EL MINISTERIO DEL DIÁCONO EN LOS DIVERSOS ÁMBITOS PASTORALES
  • EL DIÁCONO, COLABORADOR DEL OBISPO Y SU PRESBITERIO

II. LA VOCACIÓN AL DIACONADO Y EL PERFIL DE LOS CANDIDATOS

  • VOCACIÓN AL DIACONADO
  • REQUISITOS PARA EL DISCERNIMIENTO VOCACIONAL

III. LA FORMACIÓN DE LOS DIÁCONOS PERMANENTES

  • LOS PROTAGONISTAS DE LA FORMACIÓN

— El obispo diocesano y sus colaboradores
— El director para la formación
— El tutor del candidato
— El director espiritual
— El párroco acompañante
— Los profesores
— El grupo de candidatos al diaconado
— Las comunidades de procedencia y la familia
— El propio candidato al diaconado
— Comisión diocesana para el diaconado permanente

  • ITINERARIO DE LA FORMACIÓN

— Período propedéutico
— Admisión al diaconado permanente
— El tiempo y los criterios de la formación

  • DIMENSIONES DE LA FORMACIÓN

— Formación humana
— Formación espiritual
— Formación teológica
— Formación pastoral

  • COLACIÓN DE MINISTERIOS Y ORDENACIÓN DE DIÁCONO

— Colación del Lectorado y del Acolitado
— La ordenación diaconal

IV. MISIÓN PASTORAL Y FORMACIÓN PERMANENTE

— Misión pastoral
— Formación permanente

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SIGLAS Y FUENTES

AG: Concilio Vaticano II,Decreto Ad gentes (1965).

CCE: Cathecismus Catholicae Ecclesiae (1997).

CDC: Código de Derecho Canónico (1983).

DV: Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Dei Verbum (1965).

LG: Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium (1964).

OE: Concilio Vaticano II,Decreto Orientalium Ecclesiarum (1964).

PDV: Juan Pablo II, Exhortación apostólica Pastores dabo vobis (1992).

SDO: Pablo VI, Motu proprio Sacrum diaconatus ordinem (1967).

  • Conferencia Episcopal Española. Asamblea Plenaria, Normas para la instauración del diaconado permanente en España (1977).
  • Congregación para la Educación Católica, Normas básicas para la formación de los diáconos permanentes (1998).
  • Congregación para el Clero, Directorio para la vida y ministerio de los diáconos permanentes (1998).

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I. El Ministerio de los Diáconos

EL DIACONADO EN EL MAGISTERIO Y EN LA DISCIPLINA DE LA IGLESIA

1. «El ministerio eclesiástico, instituido por Dios, se ejerce por diversos órdenes que ya desde antiguo recibían los nombres de obispos, presbíteros y diáconos» (LG, n. 28). Por su naturaleza sacramental, el ministerio eclesial tiene un carácter intrínseco de servicio, que se realiza a imagen de Cristo, el servidor y esclavo de todos (cf. CCE, n. 876); por otra parte, este ministerio tiene un carácter personal, puesto que se realiza en nombre de Cristo, y un carácter colegial, por tratarse de un ministerio sacramental realizado en la Iglesia (cf. CCE, n. 879).

2. De acuerdo con la tradición de la Iglesia apostólica, testificada por el Nuevo Testamento (Hch 6,1-6; Fil 1,1; 1 Tim 3,8-13), por los Padres (Didajé 15, l; Carta de san Policarpo a los Filipenses 5,1 -2) y por los concilios de los cuatro primeros siglos, el ministerio diaconal ha sido reinstaurado por el Concilio Vaticano II como un «grado propio y permanente de la jerarquía» (LG, n. 29; cf. también OE, n. 17 y AG, n. 16). El Código de Derecho Canónico, promulgado el año 1983 por el papa Juan Pablo II, integró las disposiciones que el Concilio Vaticano II dispuso que se llevaran a cabo, así como las que se encuentran en los motu proprio del papa Pablo VI, Sacrum diaconatus ordinem (18.VI.1967) y Ad pascendum (15.VIII.1972), y cuyos cánones 1008 y 1009 han sido precisados por el Motu proprio Omnium in menten de Benedicto XVI (26.X.2009). En las diócesis españolas, las Normas prácticas para la instauración del diaconado permanente en España fueron aprobadas por Decreto de la Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino con fecha de 29 de abril de 1978.

3. Con posterioridad a la aprobación de dichas Normas, y de acuerdo con las competencias que confieren los cc. 238 y 276, §2, 3º del Código de Derecho Canónico de 1983, la Conferencia Episcopal Española, por Decreto de 26 de noviembre de 1983, aprobado con fecha de 26 de mayo de 1984 por la Sagrada Congregación para los Obispos, ratificó lo ya establecido acerca de la formación de los diáconos permanentes y acerca de su obligación de la celebración de la Liturgia de las Horas, limitada a Laudes y Vísperas.

4. Más tarde, el 22 de febrero de 1998, la Congregación para la Educación Católica y la Congregación para el Clero, con una declaración conjunta, publicaron las Normas básicas para la formación de los diáconos permanentes y el Directorio para la vida y ministerio de los diáconos permanentes, respectivamente.

En el nº. 15 de las citadas Normas básicas, «se pide a las Conferencias Episcopales que han restaurado el diaconado permanente que sometan sus respectivas rationes institutionis diaconorum permanentium al examen y aprobación de la Santa Sede». De acuerdo con ello, la Conferencia Episcopal Española, en su LXXIII Asamblea Plenaria, de noviembre de 1999, aprobó las Normas básicas para la formación de los diáconos permanentes en las diócesis españolas que posteriormente, por Decreto del 15 de enero de 2000, la Congregación para la Educación Católica aprobó ad sexennium. Con el presente documento se actualizan aquellas Normas del año 2000 y su contenido es el que rige a partir de ahora.


EL MINISTERIO DEL DIÁCONO EN LOS DIVERSOS ÁMBITOS PASTORALES

5. «El diaconado, en cuanto grado del orden sagrado, imprime carácter y comunica una gracia sacramental específica» (Normas básicas para la formación de los diáconos permanentes, 7 [en adelante: Normas básicas]). El diácono, en cuanto ministro ordenado, participa del ministerio de Cristo y es, en la Iglesia, signo sacramental específico de Cristo siervo (cf. Introducción de Ad pascendum, y Normas básicas, 5). El diácono, gracias a la efusión del Espíritu significada por la imposición de las manos (materia del sacramento) y la oración consagratoria (forma esencial del sacramento), ejerce el servicio del Pueblo de Dios en los tres ámbitos fundamentales de la acción de la Iglesia: la palabra, la liturgia y la caridad. Estos ámbitos se encuentran en correspondencia con los tres servicios específicos (munera) del ministro ordenado: enseñar, santificar y guiar (cf. LG, n. 29). En el caso del diácono, estos tres servicios se sitúan en la perspectiva propia de la diaconía (cf. Normas básicas, nn. 9 y 85).

6. Así, el diácono es llamado a proclamar el Evangelio y a predicar la Palabra. El diácono instruye al Pueblo de Dios a través de la homilía, la catequesis y en los diversos espacios de transmisión de la Palabra (cf. Directorio para la vida y ministerio de los diáconos permanentes, nn. 23‑27 [en adelante: Directorio]).

7. En el ámbito litúrgico y sacramental, el diácono, en virtud de la ordenación, participa en la acción santificadora del Pueblo de Dios. Así, preside la celebración de algunos sacramentos (bautismo, matrimonio) y de los ritos exequiales, preside la Liturgia de las Horas y la oración del pueblo fiel, bendice personas y cosas y, sobre todo, asiste al obispo y al presbítero en la celebración de la eucaristía. En la eucaristía el diácono proclama el evangelio, puede predicar la homilía en los casos que fuera conveniente y distribuye la comunión. Es en el sacramento eucarístico donde en mayor grado se expresa la realidad de la Iglesia y de sus ministros ordenados (cf. Directorio, nn. 28‑36).

8. En tercer lugar, y de manera preeminente, el diácono es llamado a ser testigo diligente de la caridad de Cristo, que vino a servir y a dar la vida. Para ello, deberá reproducir en su vida y ministerio la predilección del Señor por los más pobres y enfermos, particularmente con aquellos que por designación del obispo le son confiados. El diácono sirve en la mesa de los pobres como una prolongación de su ministerio en la mesa eucarística. En este amor preferencial por los pobres y desvalidos, el diácono debe configurarse con Cristo Siervo al cual representa y, por este motivo, debe actuar con humilde caridad y mostrarse siempre misericordioso por su solicitud hacia los que padecen enfermedades y deficiencias físicas y espirituales (cf. Directorio, nn. 37-42).


EL DIÁCONO, COLABORADOR DEL OBISPO Y SU PRESBITERIO

9. Según una venerable fórmula de los primeros siglos, el diácono es ordenado non ad sacerdotium, sed ad ministerium (LG, n. 29). En consecuencia, el diácono es llamado por el obispo no a presidir la eucaristía sino a llevar a cabo el ministerio pastoral que le es confiado. En este sentido, una comprensión más precisa de la doctrina de la Lumen gentium sobre los diáconos viene dada en el Catecismo de la Iglesia Católica: «De él [de Cristo] los obispos y los presbíteros reciben la misión y la facultad (el “poder sagrado”) de actuar in persona Christi Capitis, los diáconos las fuerzas para servir al Pueblo de Dios en la “diaconía” de la liturgia, de la palabra y de la caridad, en comunión con el obispo y su presbiterio» (CCE, n. 875).

10.En aplicación de esta doctrina, el papa Benedicto XVI, mediante el Motu proprio Omnium in mentem de 26 de octubre 2009, ha decretado la modificación de los cánones 1008 y 1009 del CDC. En concreto el can. 1009 §3 queda formulado así: «Aquellos que han sido constituidos en el orden del episcopado o del presbiterado reciben la misión y la facultad de actuar en la persona de Cristo Cabeza; los diáconos, en cambio, son habilitados para servir al Pueblo de Dios en la diaconía de la liturgia, de la palabra y de la caridad».

11.Hay tareas eclesiales (el servicio litúrgico, la colaboración en las actividades pastorales de los presbíteros, el servicio a los pobres y marginados, la atención a los emigrantes, la pastoral de la familia, la solicitud por los enfermos…) en las que el ministerio diaconal encuentra una expresión más específica. De hecho, serán las necesidades pastorales que se vayan presentando, junto con las capacidades personales de cada diácono y sus responsabilidades familiares y laborales, las que determinarán las formas concretas del ministerio que se le encomiende.

En cualquier caso, el ministerio diaconal queda siempre vinculado a las necesidades del conjunto de la Iglesia particular, de manera que las responsabilidades pastorales del diácono pueden ser parroquiales, arciprestales o de zona y diocesanas, velando siempre para que —en el diácono casado— no quede descuidada la atención a la familia, que ha de ser el primer ámbito donde deber realizar la vocación de servicio propia del ministerio diaconal (cf. Directorio, nn. 41-42).

12.«Desde el punto de vista disciplinar, por la ordenación diaconal el diácono queda incorporado en la Iglesia particular. (…) La figura de la incardinación no representa un hecho más o menos accidental, sino que se caracteriza como vínculo constante de servicio a una concreta porción del Pueblo de Dios. Esto implica la pertenencia eclesial a nivel jurídico, afectivo y espiritual y la obligación del servicio ministerial» (Normas básicas, n. 8) (cf. CDC, can. 266; cf. Directorio, nn. 2-3).

13.Corresponde al obispo diocesano, oído el parecer del Consejo Presbiteral y, si existe, el Consejo Pastoral, determinar si es conveniente la instauración del diaconado permanente en la diócesis, teniendo en cuenta las necesidades concretas y la situación específica de su Iglesia particular. Una vez instaurado informará de ello a la Conferencia Episcopal a través del Comité Nacional para el Diaconado Permanente (cf. Normas para la instauración del diaconado permanente en España, n. 31).

En caso que opte por restablecer el diaconado, debe hacerlo mediante el correspondiente decreto y, simultáneamente, promover una adecuada catequesis para que el ministerio diaconal sea comprendido por todos los fieles. Asimismo, deberá proveer las personas y estructuras necesarias —en conformidad con las presente normas— para la formación de los candidatos (cf. Normas para la instauración del diaconado permanente en España, n. 17d; Normas básicas, n. 16).

14.En las diócesis en las que ya se encuentra instaurado el diaconado permanente corresponde al obispo redactar y actualizar periódicamente un reglamento diocesano particular sobre la base de la “Ratio” nacional y de la experiencia ya adquirida (cf. Normas básicas, n. 16).

15.La institución del diaconado permanente entre los miembros de los Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica es una competencia reservada a la Santa Sede. Cada Instituto o Sociedad que haya obtenido el derecho de restablecer internamente el diaconado permanente asumen la responsabilidad de la formación humana, espiritual, intelectual y pastoral de sus candidatos. Por lo tanto, deberá preparar un programa formativo que, recogiendo el carisma y la espiritualidad propios, esté en sintonía con las Normas básicas para la formación de los diáconos permanentes, de la Congregación para la Educación Católica, especialmente en lo relativo a la formación intelectual y pastoral. Dicho programa deberá contar, en cada caso, con la aprobación de la Congregación competente (cf. Normas básicas, n. 17).

II. La Vocación al diaconado y el perfil de los candidatos

VOCACIÓN AL DIACONADO

16.La vocación al diaconado se configura a partir de la llamada de Dios y de la respuesta del que se siente llamado, verificadas por la elección pública de la Iglesia y la ordenación sacramental (cf. Normas básicas, 29). Los candidatos al diaconado permanente deben ser personas probadas e irreprensibles, sinceras y dignas, íntegras en guardar el tesoro de la fe, serviciales, generosas y compasivas, y capaces, si la tuviere, de guiar la propia familia (cf. CDC, can. 1029). Se les pide la madurez humana necesaria (responsabilidad, equilibrio, buen criterio, capacidad de diálogo) y la práctica de las virtudes evangélicas (oración, piedad, sentido de Iglesia, espíritu de pobreza y de obediencia, celo apostólico, disponibilidad, amor gratuito y servicial a los hermanos) (cf. Normas básicas, 30-32).


REQUISITOS PARA EL DISCERNIMIENTO VOCACIONAL

17.El discernimiento de la autenticidad de la vocación del candidato a la ordenación diaconal compete hacerlo al obispo diocesano, quien no dejará de consultar y atender el sentir de la comunidad en la que hubiera vivido dicho candidato. El discernimiento debe realizarse según criterios objetivos, teniendo en cuenta tanto los requisitos de orden general (cf. Normas básicas, n. 31), como aquellos que tengan en cuenta las necesidades pastorales de la diócesis y el particular estado de vida de los candidatos (cf. Normas básicas, n. 29).

18.El obispo diocesano, en el ejercicio de su autoridad, es el responsable de la admisión de los candidatos al diaconado, de su preparación para el ejercicio de su ministerio y también de la cesación eventual del ejercicio de las funciones que le correspondan, cuando ello fuera exigido por particulares y concretas circunstancias, observadas las normas aplicables en Derecho.

19.Los diáconos están llamados a participar de una manera especial en la misión y la gracia de Cristo. Por el sacramento del orden son marcados con un sello (“carácter”) que nadie puede hacer desaparecer y que los configura con Cristo que se hizo “diácono”, es decir, el servidor de todos (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1570). «En su grado, el diácono personifica a Cristo siervo del Padre, participando en la triple función del sacramento del orden» (Juan Pablo II, al Congreso de Diáconos Permanentes Italianos, 16.III.1985). Por ello, es fundamental que el candidato tenga explícitamente vocación al diaconado permanente, que consiste en ser «signo o sacramento del mismo Cristo Señor, “el cual no vino para ser servido, sino para servir”» (Ad pascendum, Introducción; cf. Normas básicas, n. 85). La elección deberá basarse exclusivamente en la idoneidad del candidato y en la necesidad de su ministerio en la diócesis; jamás será concebida como una especie de premio por los servicios prestados a la Iglesia. Tampoco sería admisible un candidato casado que «deseando ser presbítero», ante la imposibilidad de serlo, viera en el diaconado una compensación o suplencia de aquella aspiración.

20.El ministerio del diaconado permanente podrá revestir, bien la forma de un diaconado unido al compromiso del celibato perpetuo, bien la de un diaconado conferido a fieles casados. El diácono permanente célibe por causa del Reino vive su ministerio con un corazón indiviso y una vez ordenado está inhabilitado para contraer matrimonio. Esto mismo es válido para los que fueron ordenados siendo viudos y para los diáconos casados que han enviudado (cf. Normas básicas, nn. 36; 38).

21.En el diácono permanente casado, la vida matrimonial y familiar es su primera vocación, que no puede quedar mermada o sustituida por el diaconado, sino enriquecida y vivida en su plenitud. Con la estabilidad de su matrimonio, muestra el amor a la esposa y a los hijos y hace de este amor un signo de solicitud para con todos. La esposa, y también los hijos, están llamados a aceptar y apoyar la vocación diaconal del candidato (cf. Normas básicas, nn. 37; 42). Asimismo, el diácono permanente viudo da prueba de solidez humana y cristiana en su estado de vida y, si se da el caso, en la atención humana y cristiana hacia sus hijos (cf. Normas básicas, 38).

22.La vocación del diaconado permanente supone la estabilidad en este orden. Un eventual paso al ministerio presbiteral de diáconos no casados o que hayan enviudado será una rarísima excepción, solo posible por razones especiales y graves. El discernimiento y la decisión para la admisión de un diácono permanente al presbiterado corresponde al obispo diocesano, aunque, dada la excepcionalidad del caso, es oportuno que él consulte previamente a la Congregación para el Clero (cf. Directorio, n. 5).

23.La edad mínima para la admisión al diaconado permanente será la fijada en los documentos pontificios: 25 años para el candidato célibe; 35 años para el candidato casado (cf. SDO, nn. 5 y 11; Normas básicas, n. 35; CDC, can. 1031 §2). La edad máxima quedará fijada alrededor de los 60 años.

24.Para ser admitido al diaconado permanente, e iniciar la formación propiamente dicha, el candidato ha de poseer una adecuada formación académica, por lo menos la necesaria para acceder a los estudios universitarios (cf. Normas básicas, n. 83).

25.Cuando el aspirante al diaconado sea un hombre casado, será necesario el consentimiento de su esposa y un tiempo de cinco años por lo menos de vida conyugal, que asegure la estabilidad de la familia. También será conveniente que sean consultados los hijos si son mayores. La esposa deberá estar dotada de aquellas virtudes y cualidades cristianas y humanas que no solo no supongan impedimento al ministerio que ha de desempeñar el marido, sino que lo facilite, mediante su colaboración. La educación de los hijos será ejemplar y deberá existir un auténtico testimonio de hogar cristiano (cf. SDO, nn. 11 y 13; Normas básicas, n. 37).

26.Los candidatos deben estar insertos en una comunidad cristiana; en ella deben haber dado muestras de su espíritu y disponibilidad para “servir” y capacidad para la labor pastoral (cf. Normas básicas, n. 33).

27.Los diáconos permanentes pueden desarrollar cualquier actividad profesional que no sea contradictoria con el ministerio del diaconado y que pueda conjugarse con el ejercicio de este ministerio. Como norma general, deben tener garantizado un sostén vital digno para ellos y, si la tuviere, para su familia, ejerciendo o por haber ejercido una profesión civil.

28.Cuando, por encargo del obispo, los diáconos permanentes se dedican a “tiempo completo” al ministerio eclesiástico, si no tienen otra fuente de retribución económica, deben ser remunerados de acuerdo con las normas generales de la Iglesia y las que se establezcan por derecho particular.

En esas normas, cada diócesis establecerá los criterios que han de seguirse teniendo en cuenta el grado de dedicación al ministerio pastoral, el estado de vida (célibe, casado, viudo) y otras circunstancias personales, como el encontrarse, por causas ajenas a su voluntad, privado del trabajo civil o las eventuales obligaciones económicas respecto a la esposa y los hijos del diácono fallecido. El obispo dispondrá cuanto crea más oportuno a fin de respetar los derechos y deberes de los diáconos y de sus familias, y decidirá, en los casos en que corresponda, la aportación económica de las parroquias o de los ámbitos en los que el diácono ejerce su ministerio (cf. CDC, can. 281 §3; Normas básicas, n. 34; Directorio, nn. 15-20).

29.El acceso a la ordenación debe hacerse sin que se den irregularidad o impedimento algunos (CDC, cc. 1040-1042).

30.Los diáconos deben permanecer al margen de toda actividad política o de partido. Solamente, con permiso del obispo, pueden desarrollar algún tipo de actividad sindical (cf. Directorio, n. 13).

III. La formación de los diáconos permanentes

LOS PROTAGONISTAS DE LA FORMACIÓN

El obispo diocesano y sus colaboradores

31. La formación de los diáconos es tarea de toda la Iglesia y se realiza, fundamentalmente, a través de su dinamismo sacramental y apostólico, impulsado por el Espíritu de Cristo. El signo e instrumento de este Espíritu es el obispo como responsable último de la formación de los candidatos al diaconado y del discernimiento de su vocación.

32.En colaboración directa con el obispo, se encuentran los responsables designados por él para que se ocupen de las tareas formativas de los futuros diáconos. Estos colaboradores del obispo serán, al menos: 1) el director para la formación; 2) el tutor o acompañante inmediato de cada aspirante, si se juzga conveniente por el número de aspirantes; 3) el director espiritual; 4) el párroco acompañante.

En la formación de los diáconos, junto a la tarea específica de estos colaboradores, tienen, también, un papel relevante los profesores, la familia del candidato, la parroquia y grupos de referencia, la Comisión Diocesana para el diaconado permanente, etc. (cf. Normas básicas, nn. 20‑28).

El director para la formación

33.El director para la formación, nombrado por el obispo (o por el superior mayor competente) coordina a las personas comprometidas en la formación de los diáconos, preside y anima la labor educativa en todas sus dimensiones, acompaña a los candidatos y mantiene el contacto con sus familiares y las parroquias en las que colaboran pastoralmente. Presenta al obispo (o al superior mayor competente) su parecer acerca de la idoneidad de los aspirantes y candidatos al diaconado escuchando el parecer de los demás formadores, excluido el director espiritual.

34.Por sus decisivas y delicadas tareas el director para la formación deberá ser elegido con sumo cuidado. Debe ser hombre de fe viva y de fuerte sentido eclesial, tener amplia experiencia pastoral y haber dado pruebas de prudencia, equilibrio y capacidad de comunión, así como poseer una sólida competencia teológica y pedagógica. Podrá serlo un presbítero o un diácono, que preferiblemente no sea el responsable de los diáconos ordenados (Normas básicas, n. 21).

El tutor del candidato

35.El tutor, elegido por el director para la formación y nombrado por el obispo (o por el superior mayor competente), que ha de ser un sacerdote o un diácono de probada experiencia, es el acompañante inmediato y cercano de cada aspirante y de cada candidato, ofreciéndole su ayuda y consejo para la solución de los problemas que se presenten y para la personalización de los distintos períodos formativos. Colaborará con el director en la programación de las diversas actividades educativas y en la elaboración del juicio de idoneidad que se presentará al obispo (o al superior mayor competente). Se intentará que el tutor sea responsable de una sola persona o de un grupo reducido (cf. Normas básicas, nn. 22).

El director espiritual

36.Cada aspirante o candidato tendrá un director espiritual, que deberá ser aprobado por el obispo (o al superior mayor competente). Su labor es acompañar y animar su conversión continua y discernir la acción interior que el Espíritu realiza en el alma de los llamados. Deberá dar consejos concretos para lograr la madurez de una auténtica espiritualidad diaconal y ofrecerá estímulos eficaces para adquirir las virtudes necesarias. Los directores espirituales han de ser sacerdotes de probada virtud, poseedores de sólida cultura teológica, de profunda experiencia espiritual, de gran sentido pedagógico, de fuerte y exquisita sensibilidad ministerial (Normas básicas, nn. 23).

El párroco acompañante

37.El párroco (u otro ministro) es elegido por el director para la formación de acuerdo con el equipo de formadores, y teniendo en cuenta las diferentes situaciones de los candidatos. Su misión es ofrecer una viva comunión ministerial, e iniciar y acompañar al candidato en las actividades pastorales más idóneas para él. Se realizará periódicamente una revisión del trabajo realizado con el propio candidato y se informará al director de la formación (Normas básicas, n. 24).

Los profesores

38.Los profesores contribuyen notablemente a la formación de los futuros diáconos. Mediante la enseñanza del sacrum depositum custodiado por la Iglesia nutren en la fe a los candidatos para la tarea de maestros del pueblo de Dios. Por eso, deben esforzarse por adquirir la competencia necesaria, una suficiente capacidad pedagógica y una coherencia de vida con la Verdad que enseñan. Es fundamental ofrecer a los candidatos una recta formación en la doctrina católica, fundada en la Revelación divina, ayudándoles para que la conviertan en alimento de su vida espiritual y sepan comunicarla con parresía apostólica en el ejercicio de su ministerio. Para realizar una formación unitaria y de síntesis, los profesores deberán colaborar y relacionarse con las demás personas comprometidas en su formación de los diáconos (cf. Normas básicas, n. 25; PDV, nn. 55; 67; CDC, cc. 252-1; 253-1; 810-1).

El grupo de candidatos al diaconado

39.Los aspirantes y candidatos al diaconado, por su vocación y objetivos comunes, constituyen una comunidad específica que influye en la dinámica formativa. Se ha de procurar, mediante sesiones de trabajo conjunto, el espíritu de oración y de servicio, el impulso misionero y la buena relación entre cuantos la forman, de modo que la comunión fraterna ayude a consolidar el compromiso personal de cada candidato (cf. Normas básicas, n. 26).

Las comunidades de procedencia y la familia

40.Las comunidades de procedencia de los aspirantes y de los candidatos al diaconado pueden ejercer una influencia muy importante en su formación a través de la oración y un adecuado camino de catequesis que sensibilice a los fieles sobre el sentido y valor de este ministerio.

La familia puede ser una ayuda extraordinaria para los más jóvenes con la oración, el respeto, el buen ejemplo y la ayuda espiritual y material especialmente en los momentos difíciles, incluso con la confrontación clara y serena para una mejor maduración de su vocación. En los candidatos casados, la comunión conyugal debe contribuir a fortalecer eficazmente su camino hacia el diaconado.

Las asociaciones eclesiales de las que proceden pueden seguir siendo para ellos fuente de ayuda y apoyo, de luz y aliento. Pero, también, deben manifestar respeto hacia la llamada ministerial favoreciendo la maduración de una espiritualidad y de una disponibilidad diaconal, capaz de servir a otros carismas eclesiales en el ejercicio del ministerio que el obispo le encomiende (cf. Normas básicas, n. 27).

El propio candidato al diaconado

41.Todo aspirante y candidato al diaconado permanente debe considerarse protagonista necesario e insustituible de su propia formación. Esto no significa aislamiento, cerrazón o independencia respecto a los formadores, sino responsabilidad y dinamismo con las mediaciones que pone el Señor con su llamada, valorando las personas y los instrumentos que la Providencia pone delante de ellos y sacando el máximo provecho de la formación que se le ofrece (cf. Normas básicas, n. 28).

Comisión diocesana para el diaconado permanente

42.A criterio del obispo diocesano, puede constituirse en cada diócesis una «Comisión para la promoción del diaconado permanente», presidida por el director para la formación, el cual, preferiblemente, no será al mismo tiempo el delegado del obispo para los diáconos ordenados. Pueden integrar dicha comisión presbíteros y diáconos expertos en teología y experimentados en las disciplinas que afectan al ministerio ordenado (cf. Normas para la instauración del diaconado permanente en España, n. 17d).

ITINERARIO DE LA FORMACIÓN

Período propedéutico

43.El itinerario formativo hacia el diaconado empieza por iniciativa del mismo aspirante o por una propuesta de la comunidad en la que celebra la fe y participa en las actividades apostólicas. En nombre de la comunidad, previas las consultas correspondientes y después de una madura reflexión, el párroco lo comunicará al obispo, acompañando la candidatura con una exposición de las razones que la apoyan, y con un curriculum vitae y de pastoral del aspirante. El obispo tomará la decisión de admitir o no al aspirante al período propedéutico después de haber consultado al director para la formación y al equipo de formadores (cf. Normas básicas, n. 40).

44.A lo largo de este período, que será de un año de duración, los aspirantes son instruidos en la teología de la vocación cristiana y de los ministerios ordenados, especialmente acerca del diaconado (en sus vertientes espiritual y pastoral) y en la espiritualidad de los estados de vida (matrimonio y celibato) (véase Anexo 1).

45.Las sesiones programadas para este período deben favorecer la reflexión, la plegaria y el intercambio entre los aspirantes, con la participación eventual de sus esposas.

46.Durante el período propedéutico los aspirantes son invitados a efectuar un discernimiento sobre la propia vocación, ayudados en todo momento por el equipo formativo. Es un tiempo para iniciarles en la importancia de un conocimiento profundo de la teología, de la espiritualidad y del ministerio diaconal (cf. Normas básicas, n. 41).

47.El responsable del período propedéutico es el director para la formación, quien podrá confiar a los aspirantes a uno o más tutores. Donde las circunstancias lo permitan, los aspirantes deberán constituir una comunidad propia, con un ritmo adecuado de reuniones de reflexión y oración en común; es conveniente tener momentos de encuentro con la comunidad de los candidatos al diaconado.

El director para la formación debe cuidar que cada aspirante sea acompañado por un director espiritual aprobado por el obispo y que se den contactos con el párroco al que está vinculado para programar las prácticas pastorales. Deberá, asimismo, relacionarse con las familias de los aspirantes casados para asegurarse de su aceptación y colaboración con la vocación de su familiar (cf. Normas básicas, n. 42).

48.Al término de este período, el director de formación, habiendo consultado a los restantes miembros del equipo formativo, presentará al obispo un informe sobre cada uno de los aspirantes (cf. Normas básicas, n. 44).

49.El obispo, una vez considerado el informe del director del equipo formativo, considerará su idoneidad y, si es pertinente, les admitirá como candidatos al diaconado (cf. Normas básicas, n. 44).

Admisión al diaconado permanente

50.La admisión como candidato al diaconado se realiza mediante el acto litúrgico en el que el interesado manifiesta públicamente su voluntad de ofrecerse a Dios y a la Iglesia para ejercer el orden sagrado (cf. Normas básicas, n. 45). Ello, no obstante, no conlleva derecho alguno a recibir la ordenación diaconal (cf. Normas básicas, n. 48).

51.Antes de proceder al rito litúrgico el interesado dirigirá una petición al obispo, escrita y firmada por su propia mano, pidiendo recibir la admisión como candidato al diaconado y expresando su intención de servir a la Iglesia durante toda su vida (Normas básicas, n. 45-48). Dicha petición debe ser aceptada por escrito por el obispo propio o superior mayor a quien es dirigida (cf. Normas básicas, n. 48). Por su significado eclesial y por su carácter público, el rito debe ser valorado y celebrado adecuadamente en día festivo, si es posible. El aspirante debe prepararse a su celebración con un retiro espiritual (cf. Normas básicas, n. 47).

El tiempo y los criterios de la formación

52.De modo general, el período formativo propiamente dicho (sin contar el año propedéutico) tendrá una duración de tres años, que podrán ser ampliados por decisión de cada obispo para su diócesis, o bien en función de las necesidades y circunstancias de cada candidato. La formación debe integrar armónicamente las cuatro dimensiones fundamentales (humana, espiritual, teológica y pastoral) y debe hacer hincapié en la finalidad pastoral de toda la formación. Se ha de tener en cuenta la adquisición de estas capacidades: que el diácono sepa dar razón de su fe y tenga fuerte conciencia eclesial, que se forme en los deberes específicos de su ministerio, que sea capaz de valorar las situaciones y de realizar una adecuada inculturación del Evangelio, que posea conocimientos y habilidad para animar reuniones, expresarse en público y aconsejar (Normas básicas, n. 80).

53.Los candidatos jóvenes (menores de 25 años que opten por el celibato) deben recibir su formación permaneciendo al menos tres años en una residencia adecuada, a no ser que el obispo diocesano determine otra cosa por razones graves. Si se cree oportuno, los obispos de varias diócesis pueden unir sus esfuerzos para la creación de dichas residencias. Se deberá elegir a superiores idóneos y establecer normas de disciplina y un plan de estudios. Se ha de procurar que estos candidatos se relacionen con los diáconos de su diócesis (cf. Normas básicas, n. 50; CDC, can. 236, 1º).

54.Los candidatos de edad madura, célibes o casados, deben realizar su formación en un período no inferior a tres años y conforme al plan establecido por la Conferencia Episcopal Española en las presentes Normas. Este debe llevarse a cabo, donde las circunstancias lo permitan, en el contexto de una viva participación con la comunidad de los candidatos, a partir de un calendario de encuentros de oración y de formación y de momentos comunes con el grupo de los aspirantes (cf. Normas básicas, n. 51; CDC, can. 236, 2°).

Por los compromisos laborales y familiares habrá que plantear diferentes modelos para su formación: encuentros formativos y académicos en las horas de la tarde, durante el fin de semana, en los períodos de vacaciones, o combinando las diversas posibilidades. Ante situaciones especiales se deben pensar otros modelos que se desarrollen en un período de tiempo más largo o que se utilicen medios modernos de comunicación (cf. Normas básicas, nn. 53-54).

55.En los casos donde los itinerarios mencionados sean impracticables el aspirante deberá ser acompañado por un sacerdote de eminente virtud y de sólida formación doctrinal que, siguiendo las directrices del director para la formación de los diáconos, lo tome bajo su cuidado, lo instruya y pueda dar constancia de su prudencia y madurez, de modo que se garantice que sean admitidos a este orden sagrado solamente hombres idóneos y experimentados (cf. Normas básicas, n. 53).

DIMENSIONES DE LA FORMACIÓN

Formación humana

56.La formación humana se orienta a la potenciación de aquellas virtudes que propician el encuentro propio y de los demás, con Jesucristo, Redentor de la humanidad (PDV, n. 43). En concreto, es de suma importancia la capacidad de relación con los demás (cf. Normas básicas, n. 67), la madurez afectiva (cf. Normas básicas, n. 68; PDV, n. 44), la libertad en el dominio de uno mismo y una conciencia moral sólida (cf. Normas básicas, n. 69; PDV, n. 44).

Los candidatos al diaconado deberán ser educados desde una madurez afectiva y desde una auténtica libertad en el amor a la verdad, en la lealtad, en el respeto a la persona, el sentido de la justicia, la gratuidad, la fidelidad a la palabra dada, la verdadera compasión, la coherencia y, en particular, al equilibrio de juicio y de comportamiento. La capacidad de relacionarse con los demás es especialmente importante para los hombres que están llamados a ser medios de comunión y de servicio: que sean afables, hospitalarios, desinteresados, sinceros en sus palabras y en su corazón, prudentes y discretos, generosos y disponibles para el servicio, capaces de ofrecer personalmente y de suscitar en todos relaciones leales y fraternas, dispuestos a comprender, perdonar y consolar.

57. Para conseguir los objetivos de la formación humana se deberá tomar en consideración la edad y la formación que ya poseen los candidatos y planificar programas personalizados. El director para la formación y el tutor intervendrán en lo que les corresponde; el director espiritual tendrá en cuenta lo considerado anteriormente en los coloquios de dirección espiritual. Pueden ayudar también encuentros y conferencias que ayuden a la revisión personal y muevan a alcanzar la madurez. La vida comunitaria constituirá un ambiente privilegiado para el examen y la corrección fraterna organizada en sus diferentes formas. En los casos en que fuese necesario a juicio de los formadores, se podrá recurrir, con el consentimiento de los interesados, a una consulta psicológica (cf. Normas básicas, n. 70).

Formación espiritual

58.La formación espiritual tiene como fin promover el desarrollo de la nueva vida recibida en el bautismo. En el caso del futuro diácono permanente, teniendo en cuenta toda la experiencia adquirida previamente, según su estado de vida, deberá ser verificada y reforzada, con el fin de insertar en ella los rasgos específicos de la espiritualidad diaconal (cf. Normas básicas, n. 71).

59.Lo peculiar de la espiritualidad diaconal es el descubrimiento y la vivencia del amor de Cristo siervo, que vino no para ser servido, sino para servir. El candidato debe ser ayudado a adquirir aquellas actitudes que, aunque no son exclusivas, son específicas del diácono: la sencillez de corazón, la donación total y gratuita de sí mismo, el amor humilde y servicial para con los hermanos, sobre todo para con los más pobres, enfermos y necesitados, la elección de un estilo de vida de participación y de pobreza. Que María, la sierva del Señor, esté presente en este camino como modelo a imitar y sea invocada con frecuencia con espíritu filial (cf. Normas básicas, n. 72).

60.La fuente de esta nueva capacidad de amor está en la eucaristía. Esta ha de caracterizar de tal modo la vida del diácono que se ponga de manifiesto que el ministerio tiene su punto de partida y de llegada en la eucaristía y que no es un mero servicio social (cf. Normas básicas, n. 9). El servicio a los pobres es la prolongación del servicio del altar. Se invitará al candidato al diaconado a participar diariamente de la eucaristía o al menos con frecuencia, según lo permitan sus obligaciones familiares y profesionales, y se le ayudará a que profundice cada vez más el mysterium fidei. Dentro de esta espiritualidad eucarística se debe incluir la vivencia del sacramento de la penitencia (cf. Normas básicas, n. 73).

61.La Palabra de Dios es otro de los elementos que distinguen la espiritualidad diaconal. El diácono está llamado a ser mensajero cualificado de la Palabra creyendo lo que proclama, enseñando lo que cree, viviendo lo que enseña. El candidato deberá aprender a conocer la Palabra de Dios con profundidad y, mediante su estudio detenido y amoroso, buscar en ella el alimento constante de la vida espiritual, pudiendo cultivar, entre otros, el método de la lectio divina (cf. Normas básicas, n. 74).

62.La celebración diaria de la Liturgia de las Horas, al menos en sus horas mayores, Laudes y Vísperas, le ayudarán a valorar la primacía de la oración en el ejercicio de su ministerio y a prepararse para esta plegaria que deberá ofrecer cada día en nombre de la Iglesia. Asimismo, en el itinerario formativo hacia el diaconado no puede faltar la positiva valoración y la frecuente recepción del sacramento del perdón (cf. Normas básicas, n. 75).

63.La devoción filial a la Virgen María, prototipo y figura ejemplar de la Iglesia, esclava fiel del Señor, modelará en el candidato aquellas cualidades y actitudes propias de quien debe ejercer dignamente la diaconía en la Iglesia; para ello, entre otros medios, es muy conveniente educar el hábito del rezo diario del rosario (cf. Normas básicas, n. 72).

64.El diácono, que encarna el carisma de servicio como participación en el ministerio eclesiástico, debe caracterizarse en su vida por las notas de la obediencia y de la comunión fraterna. Una buena formación para la obediencia garantizará al impulso apostólico una verdadera autenticidad eclesial. La comunión con el obispo y los sacerdotes sostiene y estimula la generosidad en el ministerio y su inserción en la vida de la Iglesia diocesana. El candidato deberá ser formado en el sentido de pertenencia y vinculación a su diócesis y de unión al cuerpo de los ministros ordenados para crecer en la comunión y colaboración fraterna con ellos (cf. Normas básicas, n. 76).

65.Como medios adecuados para la formación al diaconado están los retiros mensuales y los ejercicios espirituales anuales, la dirección espiritual y las instrucciones programadas según un plan progresivo y orgánico. El director espiritual ayudará al candidato a discernir los signos de su vocación, a estar en una actitud de conversión continua, a vivir la espiritualidad diaconal, profundizando y viviendo en la sabiduría de los santos y de los clásicos de la espiritualidad cristiana y a realizar una síntesis armónica entre el estado de vida, la vida profesional y el ministerio al que se siente llamado (cf. Normas básicas, n. 77).

Formación teológica

66.La tercera dimensión formativa es la doctrinal o teológica. Esta formación es un instrumento indispensable para crecer en una espiritualidad sólida y para asumir con garantía los compromisos que se derivan del ministerio diaconal. Ella es más urgente aún, actualmente, ante la urgencia de la nueva evangelización a la que está llamada la Iglesia. La indiferencia religiosa, la confusión de valores, la pérdida de principios morales, los desafíos del pluralismo cultural, traen la necesidad de una formación más amplia, profunda y conforme con la sana doctrina. Las tareas pastorales del diácono se relacionan con elementos centrales de la vida de la Iglesia, como son el ministerio de la Palabra, de la liturgia y de la caridad; por ello, deben llevarse a cabo con la máxima dignidad y preparación (cf. Normas básicas; n. 79).

67.«Los contenidos que se deberán tener en consideración son:

a) la introducción a la Sagrada Escritura y a su correcta interpretación; la teología del Antiguo y del Nuevo Testamentos; la interrelación entre Escritura y tradición; el uso de la Escritura en la predicación, en la catequesis y, en general, en la actividad pastoral;

 b) la iniciación al estudio de los Padres de la Iglesia, y a un primer contacto con la historia de la Iglesia;

 c) la teología fundamental, con el conocimiento de las fuentes, de los temas y de los métodos de la teología, la exposición de las cuestiones relativas a la Revelación y el planteamiento de la relación entre fe y razón, que prepara a los futuros diáconos para explicar la racionalidad de la fe;

 d) la teología dogmática, con sus diversos apartados: trinitaria, creación, cristología, eclesiología y ecumenismo, mariología, antropología cristiana, sacramentos (especialmente la teología del ministerio ordenado), escatología;

 e) la moral cristiana, en sus dimensiones personales y sociales y, en particular, la doctrina social de la Iglesia;

 f) la teología espiritual;

 g) la liturgia;

 h) el derecho canónico.

Según las situaciones y las necesidades, el programa de estudios se completará con otras materias como el estudio de las otras religiones, el conjunto de las cuestiones filosóficas, la profundización de ciertos problemas económicos y políticos» (Normas básicas, n. 81).

68.Como norma general, los candidatos al diaconado permanente, una vez completado el período propedéutico, realizarán como mínimo los estudios correspondientes al título de Bachiller [Grado] en Ciencias Religiosas que se imparte en los Institutos Superiores de Ciencias Religiosas. Estos estudios, de tres años, o más, de duración, les permitirán disponer de un conocimiento sistemático de las disciplinas que configuran la teología católica (cf. Normas básicas, nn. 81-82 y Anexo II).

69.Donde no se puedan seguir los estudios de Bachiller en Ciencias Religiosas y sea necesario crear centros especiales para la formación teológica de los diáconos, hágase de tal modo que el número de horas de lecciones impartidas a lo largo del trienio no sea inferior a mil y que el candidato intensifique el trabajo personal. Al menos los cursos fundamentales se concluirán con un examen, y el trienio con uno final completivo (Normas básicas, n. 82). (Véase Anexo II).

70.En los casos en los que el acceso a dichos Institutos Superiores resulte impracticable o el candidato no tuviera posibilidad razonable de asistir a clases presenciales, también pueden ofrecerse, con la guía de un tutor, los cursos de Teología a distancia, siempre que estos se correspondan con los contenidos establecidos en el Anexo II, o complementando aparte las materias que falten (cf. Normas básicas, n. 53).

71.Para los candidatos de los Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica la formación debe darse conforme a las Normas del propio Instituto o Sociedad, si bien pueden aprovecharse las estructuras de la diócesis en la que se encuentra el candidato (cf. Normas básicas, n. 52)

Formación pastoral

72.La formación pastoral se orienta hacia una identificación cada vez más plena del candidato con la diaconía de Cristo. Esta formación ha de tener como objetivo práctico el estudio de los principios, criterios y métodos que orientan la acción apostólico-misionera de la Iglesia y se hará bajo la guía del equipo formativo. Será preciso programar y valorar las actividades y servicios que el candidato lleve a cabo en la parroquia o institución eclesial en la que colabora. Cuídese de que los candidatos crezcan y se afiancen en la convicción de ser colaboradores del obispo en la edificación de la Iglesia diocesana; amen a su diócesis y se integren activamente en la pastoral diocesana; que participen en las principales celebraciones diocesanas y en todo aquello que alimente su comunión con la vida y acción pastoral de su diócesis. Cuídese, también, que tengan periódicos intercambios de experiencias con los diáconos ya comprometidos en el ministerio diaconal (cf. Normas básicas, nn. 85-87).

73.El programa de materias de vertiente pastoral prestará especial atención a los campos eminentemente diaconales, como la praxis litúrgica, la proclamación de la Palabra en sus diversas vertientes, la acción socio-caritativa de la Iglesia, la promoción de la vida comunitaria, la pastoral de las familias, etc. y, más en concreto, vendrá determinado en función de las tareas ministeriales que el obispo confíe a cada diácono. El candidato, además de los estudios de grado, si no completa la licenciatura en Ciencias Religiosas, de dos años de duración, según la especialidad pastoral que le sea más adecuada, seguirá algunas de las materias que se imparten en dicho ciclo (Teología Pastoral, Biblia y Pastoral, Praxis Litúrgica y Pastoral de los Sacramentos, Catequética, Doctrina Social de la Iglesia y Pastoral Socio-caritativa, la Conciencia Moral, Evangelización y Misión). La elección de las materias se hará bajo la orientación de un tutor y, si no puede seguir los cursos en el Instituto, dicho tutor se encargará de completar la formación en este campo. El mismo tutor hará la valoración de la comprensión y provecho de quien completa este período de formación (cf. Normas básicas, n. 86).

75.[74] Se debe intentar que los futuros diáconos adquieran una fuerte sensibilidad misionera. Junto con los sacerdotes reciben por la ordenación un don espiritual que los dispone para una misión universal. Por ello han de preparase, mediante cursos específicos, para realizar el anuncio de la Verdad, también, a los no cristianos, especialmente a quienes son sus conciudadanos y siempre abiertos a la misión ad gentes (cf. Normas básicas, n. 88).

COLACIÓN DE MINISTERIOS Y ORDENACIÓN DE DIÁCONO

Colación del Lectorado y del Acolitado

76.[75] Durante el período de formación, a sugerencia del director para la formación, los aspirantes al lectorado y acolitado dirigirán al obispo propio la petición para recibir estos ministerios, libremente escrita y firmada. Una vez aceptada se procederá a conferir los ministerios según el rito del Pontifical Romano y separándolos por un período de tiempo adecuado (cf. Normas básicas, nn. 58-59). De esta manera, el candidato se irá habituando gradualmente al ministerio de la Palabra y del Altar. Será necesario respetar, pues, los intersticios entre uno y otro ministerio (Normas básicas, nn. 57-59).

La ordenación diaconal

76.Concluido el período formativo (el propedéutico, más el de la formación propiamente dicha), tendrá lugar la ordenación diaconal.

77.De acuerdo con el director de la formación, el candidato redactará y firmará de su puño y letra una petición dirigida al obispo, en la que solicitará el Orden del diaconado explicitando su libertad, disponibilidad y compromiso perpetuo al ministerio eclesiástico (cf. Normas básicas, 60). Deberá presentarse el certificado de bautismo y de confirmación, la certificación de haber recibido los ministerios de lector y de acólito y el certificado académico de los estudios realizados. Si está casado, incluirá el certificado del matrimonio canónico y el consentimiento escrito de la esposa, según el modelo establecido (CDC, can. 1050).

78.El candidato soltero o viudo debe asumir públicamente la obligación del celibato ante Dios y ante la Iglesia según la ceremonia prescrita y deberá dejar constancia por escrito de su compromiso celibatario. También está obligado a ello el candidato que pertenece a un Instituto de Vida Consagrada o a una Sociedad de Vida Apostólica que haya emitido votos perpetuos u otras formas de compromiso definitivo (cf. Normas básicas, n. 63; CDC, can. 1037).

79.Todos los candidatos están obligados a hacer personalmente la profesión de fe y el juramento de fidelidad antes de la ordenación, según las fórmulas aprobadas por la Sede Apostólica, en presencia del ordinario o de su delegado (cf. Normas básicas, n. 63; CDC, can. 833, 6º).

80.El obispo, recibida la solicitud del candidato, y teniendo presente el informe del director para la formación y el parecer de la Comisión Diocesana o del equipo de formación y de las personas que crea convenientes, decidirá acerca de la idoneidad del candidato. Habiendo transcurrido más de seis meses desde que recibió el acolitado (cf. Normas básicas, n. 59) y después de los preceptivos ejercicios de órdenes, el candidato recibirá la ordenación diaconal. La ordenación se hará en el marco de la eucaristía dominical como norma ordinaria.

IV. Misión pastoral y formación permanente

Misión pastoral

81.Es al obispo, como pastor de la Iglesia diocesana, a quien corresponde determinar las tareas pastorales de los diáconos y velar de manera especial por el trabajo conjunto de los diáconos y los presbíteros. Los diáconos deben colaborar con los presbíteros y, unos y otros deben ser colaboradores del obispo, en todo aquello y en la forma que el obispo indique. Asimismo, el trabajo conjunto de los diáconos con los laicos, a quienes se haya confiado una misión pastoral, está llamado a producir efectos muy beneficiosos para la misión evangelizadora de la Iglesia. Será necesario ir concretando en cada situación pastoral la buena armonía y complementariedad de los ministerios ordenados (entre ellos, el diaconado) con las responsabilidades pastorales confiadas a los laicos, y con los laicos en general. Los diáconos ejercerán su ministerio en comunión jerárquica con el obispo y los presbíteros (cf. Directorio, n. 40).

82.El diácono, ordenado al servicio de la Iglesia diocesana, debe llevar a cabo, de manera obediente y fiel, las tareas que el obispo le confíe. Estas tareas ministeriales serán realizadas de acuerdo con las modalidades que el obispo decida, atendiendo a las necesidades pastorales diocesanas y a las condiciones personales, familiares y profesionales del diácono. El obispo determinará los campos, o sectores, del ministerio pastoral del diácono mediante nombramiento canónico y, como norma general, designará un presbítero como responsable último de los ámbitos pastorales confiados a aquel. Es necesario concretar la misión de cada uno, de tal forma que no haya ningún diácono sin misión específica confiada por su obispo (cf. Directorio, nn. 40-41).

83.En los diáconos permanentes, la actividad profesional no queda al margen del ministerio y, por tanto, será necesario que observen en todo momento las obligaciones de justicia evangélica y la doctrina de la Iglesia y que mantengan la plena comunión con el obispo. Cualitativamente, el bien y el servicio del pueblo de Dios debe ser siempre lo prioritario para el diácono en todas sus actividades, tanto eclesiales como civiles.

84.El posible traslado de un diácono permanente diocesano a otra diócesis, si es definitivo, se regirá por las normas del Derecho Canónico sobre la excardinación e incardinación (cc. 265-272) y, si es temporal, se regulará mediante convenio o acuerdo entre el obispo a quo y el obispo ad quem.

85.«El diácono incardinado en un Instituto de Vida Consagrada o en una Sociedad de Vida Apostólica ejercerá su ministerio bajo la potestad del obispo en todo aquello que se refiere al cuidado pastoral, al ejercicio público del culto divino y a las obras de apostolado, quedando también sujeto a los propios superiores, según su competencia y manteniéndose fiel a la disciplina de la comunidad de referencia. En caso de traslado a otra comunidad de diversa diócesis, el superior deberá presentar el diácono al ordinario con el fin de obtener de este la licencia para el ejercicio del ministerio, según la modalidad que ellos mismos determinen con sabio acuerdo» (Directorio, n. 4).

Formación permanente

86.En cuanto a la vida y ministerio propios del diácono, es absolutamente deseable que en ellos se integren dos exigencias fundamentales: la formación permanente y la constancia en la vida espiritual.

87.El cuidado y el trabajo personal en la formación permanente son signos inequívocos de una respuesta coherente a la vocación divina, de un amor sincero a la Iglesia y de una auténtica preocupación pastoral por los fieles cristianos y por todos los hombres. La formación permanente es verdaderamente una exigencia, para completar y actualizar la formación inicial (cf. Directorio, n. 67).

88.La formación personal y la participación en las propuestas diocesanas de formación deben ir configurando la vida del diácono, como un medio para un mejor servicio a la Iglesia y según el modelo de Cristo servidor que ha venido a entregar la vida.

89.Fundamentado en la gracia sacramental recibida y en la acción del Espíritu, el diácono se alimenta de la eucaristía, de la Liturgia de las Horas a la que se obliga formalmente en el momento de la ordenación (al menos Laudes y Vísperas), y fortalece su entrega generosa a Cristo y a la Iglesia en el servicio a los hermanos.

90.El diácono pone todo su afán en buscar la salvación de las personas, redimidas por Cristo encarnado y hecho servidor de todos. La vida espiritual del diácono arraiga en el seguimiento de Jesús, el Señor, en la lectura espiritual de la Palabra de Dios, en la vida de oración, en la recepción de los sacramentos y en la diaconía de la caridad, que, como alma de la comunión eclesial, debe resplandecer con luz propia en quien ha sido llamado al servicio amoroso de los hermanos y de toda la humanidad.

El diácono permanente debe intensificar la comunión con el papa, el propio obispo y sus primeros cooperadores, los presbíteros, y vivir la fraternidad ministerial con los otros diáconos bajo la guía del mismo obispo o su delegado, lo que le ayudará en gran medida a mantener el don sacramental y el impulso apostólico (cf. Directorio, n. 6). En una palabra, la vida del diácono, orientada a la santificación mediante su ministerio de servicio a todos, debe suscitar en él un amor profundo al Señor y a la Iglesia desde su inserción en el mundo y en la sociedad.

19 de noviembre de 2013

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ANEXO I
Programa temático para el período propedéutico

Aparte de las pautas establecidas en los anteriores nn. 43-49, de acuerdo con las Normas básicas, n. 43, el período propedéutico no debe tener lecciones escolares, sino encuentros de oración, conferencias, momentos de reflexión y otras formas de intercambio y participación como seminarios, cursillos-convivencia, etc., buscando siempre favorecer la objetividad del discernimiento de la vocación al diaconado permanente. Para ello, de acuerdo con el siguiente programa temático, en cada caso debe realizarse un plan de acción específico para todo el año, determinando las distintas acciones a realizar, su contenido, duración y fechas de ejecución.

Programa Temático

1. La vocación cristiana

1.1. La vida cristiana como vocación
1.2. La llamada de Dios en la Sagrada Escritura
1.3. Vocación y misión

2. La respuesta a la llamada de Dios

2.1. Las cualidades humanas de la persona, lugar de la llamada de Dios
2.2. La fe, esperanza y caridad, ámbito y expresión de la experiencia cristiana

3. El estado de vida matrimonial

3.1. El amor de los esposos como don y como compromiso
3.2. Compartir la fe y compartir las opciones de vida

4. El estado de vida celibatario

4.1. El celibato en la Sagrada Escritura
4.2. La motivación escatológica del celibato. Su significado eclesial
 

5. Los ministerios en la Iglesia

5.1. El carácter ministerial de toda la Iglesia
5.2. Ministerio y ministerios en el Nuevo Testamento
5.3. Ministerio y ministerios según el Concilio Vaticano II
5.4. Ministerios ordenados y ministerios instituidos

6. El ministerio diaconal

6.1. El diaconado en la Sagrada Escritura
6.2. El diaconado en los Padres y en la Iglesia de los primeros siglos
6.3. El diaconado en el Concilio Vaticano II y en los últimos documentos del Magisterio
6.4. La identidad del diácono permanente
6.5. Teología del diaconado
6.6. La acción pastoral de los diáconos

7. La espiritualidad diaconal

7.1. La vida del diácono, unificada en Cristo servidor
7.2. La eucaristía y la Palabra de Dios, fuente y eje de la espiritualidad diaconal
7.3. La diaconía de la caridad a favor de los pobres desvalidos

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ANEXO II
Plan de formación teológica para los diáconos permanentes

CURSO 1º: 67 CRÉDITOS(cada crédito son 10 horas lectivas)

Primer semestre: 35 créditos

  • Fenomenología y Filosofía de la Religión (5)
  • Historia Religiones (3)
  • Lógica y Epistemología (3)
  • Antropología Filosófica (4)
  • Historia Filosofía Antigua y Medieval (4)
  • Historia Iglesia Antigua y Medieval (4)
  • Introducción a la Sagrada Escritura (6)
  • Pastoral Fundamental (6)

Segundo semestre: 32 créditos

  • Filosofía de la Naturaleza y de la Ciencia (3)
  • Metafísica (5)
  • Ética (3)
  • Antiguo Testamento I (4)
  • Teología Fundamental (4)
  • Psicología de la Religión (4)
  • Latín (3)
  • Catequesis Fundamental (6)

CURSO 2º: 55 CRÉDITOS(cada crédito son 10 horas lectivas)

Primer semestre: 27 créditos

  • El Misterio del Dios cristiano (5)
  • Antiguo Testamento II (Profetas y Sapienciales) (5)
  • Nuevo Testamento I (Evangelio y Hechos) (5)
  • Teología Moral Fundamental (5)
  • Seminario: Griego (2)
  • Fe, Cultura y Evangelización (5)

Segundo semestre: 28 créditos

  • Cristología (5)
  • Mariología (2)
  • Nuevo Testamento II (Corpus Joánico y Cartas Apostólicas) (5)
  • Teología Moral de la Persona (4)
  • Historia de la Filosofía Moderna y Contemporánea (4)
  • Historia de la Iglesia Moderna y Contemporánea (3)
  • Pastoral Familiar (5)

CURSO 3º: 69 CRÉDITOS(cada crédito son 10 horas lectivas)

Primer semestre: 32 créditos

  • Antropología Teológica I (5)
  • Eclesiología (6)
  • Sacramentos I (Iniciación) (6)
  • Teología Moral Social (5)
  • Espiritualidad de la Vida Cristiana (5)
  • Educación de la Conciencia Moral (5)

Segundo semestre: 37 créditos

  • Antropología Teológica II (5)
  • Escatología (5)
  • Sacramentos II (6)
  • Liturgia (5)
  • Derecho Canónico (5)
  • Pastoral de la Caridad (5)
  • Síntesis Teológica (6)

Visión general del contenido de las asignaturas que hay que desarrollar en el plan formativo para los diáconos

CURSO 1º: PRIMER SEMESTRE

Fenomenología y Filosofía de la Religión (5 créditos)

La asignatura contiene dos partes: Fenomenología y Filosofía. Después de determinar el lugar de la Fenomenología y la Filosofía de la Religión en el marco general de las Ciencias de la Religión, se delimita la naturaleza del hecho religioso y se analiza su coherencia racional. Es una reflexión dialéctica desde el contraste de teorías y la ampliación de los principios fundamentales de la misma. Esquema general: estatuto epistemológico de la Fenomenología y Filosofía de la Religión. Naturaleza del hecho religioso. Su estudio en la historia. Teorías críticas de la Religión e interpretación racional desde los principios de la Antropología Filosófica. Principales posturas ante la Religión y su trasfondo filosófico (agnosticismo, ateísmo, indiferentismo, creencia).

Historia de las Religiones (3 créditos)

1. Definición y tipos de religión. Religión y religiones. El pluralismo religioso. La enseñanza de la religión y/o de las religiones. Lo religioso, una realidad humana, compleja y específica. El origen de lo religioso y de la religión.

 2. Exposición y confrontación de las grandes religiones actuales, a saber, el hinduísmo, el budismo, el islamismo, el judaísmo y el cristianismo, sin olvidar lo religioso en China, el dualismo teológico, las constantes telúrico-mistéricas y celestes.

 3. Los nuevos movimientos religiosos o las sectas actuales: definición, causa de su existencia y proliferación, remedios, su peligrosidad, descripción de las más importantes.

Lógica y Epistemología (3 créditos)

El “logos” y la Lógica. El lenguaje y sus implicaciones lógicas. Lenguaje y metalenguaje. Verdad y validez. La noción de forma lógica. La lógica como lenguaje formalizado. Lógica y enunciados: argumentos y functores. La Lógica de Enunciados como sistema axiomático. La Lógica de Enunciados como sistema de reglas de inferencia. Lógica de Predicados de Primer Orden. La cuantificación de las funciones proposicionales. Cálculo lógico de predicados. Lógicas no-clásicas. Concepciones filosóficas de la Lógica.

Después de una breve introducción, se presentan en primer lugar las grandes corrientes en Epistemología (el escepticismo, el racionalismo, el empirismo, el criticismo, el idealismo y el realismo).

A continuación se comentan las nociones fundamentales de la Crítica: el conocimiento, la verdad, la certeza, la duda, la opinión, la evidencia, el error y la diferencia entre ciencia y fe.

Por último se explican las tesis fundamentales del realismo sobre la sensación, la reflexión, la abstracción, el juicio, el razonamiento y la inducción.

Antropología Filosófica (4 créditos)

Situación del problema del conocimiento del hombre en la actualidad. Encuadre de la Antropología Filosófica en el marco de las Ciencias Humanas y su visión histórica. Comprobada la originalidad del ser humano, se delimita su estructura constitutiva y rango ontológico, habida cuenta de sus propiedades esenciales. Para ello se emplea un procedimiento fenomenológico (descubrimiento del “logos” humano) y reflexivo (establecer su coherencia racional), contrastando teorías y deduciendo conclusiones a la luz de principios fundamentales. Esquema general: preguntas y respuestas sobre el hombre; la originalidad del hombre; tarea del existente humano (biografía y existencia); realización del hombre (historicidad y libertad); el futuro del hombre (utopía y esperanza); trascendencia del hombre (muerte, inmortalidad, resurrección, Dios).

Historia de la Filosofía I (Antigua y Media) (4 créditos)

En el hombre, ontológicamente estructurado como pregunta, su existencia tiene el carácter de respuesta. Desde siempre el hombre ha intentado dar cuenta de las grandes cuestiones que lo acompañan. Un primer intento fue el mito. Posteriormente prescindió de todo elemento novelesco e imaginativo y se quedó en la fría racionalidad; así nació la Filosofía. Entonces comenzó el camino de la reflexión, primeramente centrado en la fisis (presocráticos); los sofistas y Sócrates intentarán adentrarse en el hombre. Platón y Aristóteles nos ofrecen las primeras síntesis orgánicas. Con los estoicos y epicúreos la preocupación es fundamentalmente ética. La aparición del cristianismo lleva a los autores a plantearse el tema de la relación entre filosofía y teología, alcanzando su más clara formulación en Tomás de Aquino.

Historia de la Iglesia I (Antigua y Media) (4 créditos)

Ofrece la evolución externa e interna de esta sociedad, presentada en dos períodos, en los que predominan ciertos caracteres comunes.

Edad Antigua:

a) Fundación de la Iglesia y persecuciones (313 a. C.).
b) La Iglesia en el Imperio romano cristiano y su ulterior desarrollo (313-692).

Edad Media:

a) La Iglesia y la formación de Europa (692-1013).
b) El pontificado en su apogeo y hegemonía (1073-1303).

Introducción a la Sagrada Escritura (6 créditos)

La asignatura se propone responder a un interrogante fundamental: ¿en qué modo y por qué la Sagrada Escritura es “Palabra de Dios” para mí hoy?

Persiguiendo este objetivo, la materia se divide en cinco grandes capítulos: Revelación y Sagrada Escritura, Inspiración, Canon, Transmisión del texto e Interpretación. Cada uno de ellos, aunque por caminos diversos, contribuirá a esclarecer el interrogante mencionado.

Pastoral Fundamental (6 créditos)

La configuración de la teología fundamental. Naturaleza de la teología pastoral. La Iglesia manifiesta su ser en las acciones eclesiales: la Iglesia, Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, Templo del Espíritu Santo y Sacramento de Comunión. Las tres referencias de la teología pastoral: Cristo y la Iglesia, el Reino y el mundo. La fundamentación de la teología pastoral. La “teología-pastoral-sacramental”: afirmaciones teológicas fundamentales, principios teológico-eclesiológicos de la acción pastoral y la dinámica pastoral de la Iglesia. Orientaciones pastorales desde la Pastoral Fundamental.


CURSO lº: SEGUNDO SEMESTRE

Filosofía de la Naturaleza y de la Ciencia (3 créditos)

El tratado intenta un acercamiento a la Filosofía del Mundo o de la Naturaleza desde una visión filosófica fundamentalmente acorde con la neoescolástica. Dos grandes temas articulan el tratado: el conocimiento del mundo, la naturaleza del mundo. Se intenta así un acercamiento al mundo desde un punto de vista gnoseológico y metafísico, viendo la problemática del conocimiento y de la interpretación del mundo en que vivimos, desde diversas perspectivas, tanto cuantitativa como espacial, cualitativa o substancial. No faltan referencias a cuestiones científicas particularmente entroncadas con la temática que se trata.

Metafísica (Ontología y Teodicea) (5 créditos)

El carácter inquieto, inseguro, incierto, del hombre, provocado por el esencial desajustamiento hombre-medio, lleva a este a tener que hacerse cargo de la situación. Este es su principal quehacer. En un primer momento lo intentará satisfaciendo sus necesidades inmediatas; a esto responden las Ciencias Naturales. Posteriormente va a intentar buscar una certidumbre radical y última: Metafísica. La pregunta inicial, provocada por la situación de desequilibrio del hombre-naturaleza, culmina en la pregunta por el ser Originario, Fundamento último, Esperanza y Porvenir absoluto, Horizonte del hombre: Dios.

Ética (3 créditos)

Después de una introducción, se explican los siguientes tratados: el tratado de los actos humanos y sus principios, el tratado de la moralidad (fundamentación, norma moral, definición del bien moral, constitutivo del valor moral, haciendo un recorrido por los grandes sistemas morales), el tratado de las fuentes de la moralidad, el tratado de la ley (la ley general, la ley eterna, la ley natural, la ley humana, relación entre ley moral y ley civil, la cuestión de las leyes permisivas), para terminar con el tratado de la conciencia moral.

Antiguo Testamento I (Pentateuco y Libros Históricos) (4 créditos)

Descripción de las tres partes de que consta el Antiguo Testamento: narrativa, profética y sapiencial. Presentación de cada uno de los libros que integran la sección correspondiente al curso, con especial atención a las realidades históricas y sociales que vivieron sus autores. Comprensión interna del mensaje teológico contenido en estas obras literarias. Preparación para avanzar en un conocimiento más especializado de los textos sagrados mediante elementos de geografía, arqueología, historia y religiones del Próximo Oriente antiguo.

Teología Fundamental (4 créditos)

En la Teología Fundamental se trata de conocer y estudiar los fundamentos de la fe cristiana. Se estudia, por el hecho del dogma fundamental de la Revelación, la Palabra de Dios que se comunica al hombre. Se estudia como misterio de comunicación de Dios al hombre, pero se atiende, en un segundo momento, al tema de su credibilidad, es decir, se trata de saber si dicha Revelación en Cristo ha sido un hecho verdaderamente existente. Esto exige que se estudie el hecho de la Revelación en Cristo con una criteriología histórica, con una investigación racional, como fundamento de la fe. Se llega así a desarrollar la cristología fundamental: Cristo, como conocido críticamente a través de los evangelios, sus milagros y su Resurrección. La eclesiología fundamental estudia la Iglesia en cuanto fundada históricamente por Cristo.

Psicología de la Religión (4 créditos)

Partiendo de la constatación de la universalidad del hecho religioso, se busca una explicación del comportamiento religioso y de su estructura psicológica. Se analiza la experiencia religiosa y su culminación en la actitud religiosa. Se estudian las distintas teorías que tratan de explicar el comportamiento religioso, analizando también cómo se integra y organiza la religiosidad en la personalidad del individuo, señalando la importancia de la historia personal en la formación de la actitud religiosa.

Seminario: Latín (3 créditos)

En el Seminario de Latín se plantea el acercamiento a la lengua y literatura latinas con la inquietud de que los alumnos asimilen las herramientas necesarias para descubrir la riqueza de los textos en lengua latina. Fundamentalmente se trabajan textos del Ritual de la eucaristía y fragmentos de los Santos Padres. Se pretende que los conocimientos adquiridos en este Seminario supongan un refuerzo en sus estudios eclesiásticos.

Asignatura complementaria de Pastoral (para candidatos que no vayan a estudiar Licenciatura en Ciencias Religiosas)

Catequesis Fundamental (6 créditos)

Nos acercamos a los fundamentos y fuentes de la catequesis porque no podemos ignorar la catequización en los cursos del Instituto Superior de Ciencias Religiosas. La comunicación de la fe tiene un instrumento privilegiado por la Tradición de la Iglesia: la catequesis.

Los contenidos de este curso de Catequética Fundamental se estructuran en torno a la doctrina transmitida por el Directorio General para la Catequesis. Los núcleos principales son:

  • El Evangelio y su transmisión. La catequesis en la misión evangelizadora de la Iglesia. Naturaleza y finalidad de la catequesis. Su misión y sus tareas.
  • Los contenidos de la catequesis. La fe de la Iglesia. Su misión y sus tareas.
  • La pedagogía de Dios y la pedagogía catequética.
  • Los destinatarios de la catequesis y su educación de la fe.
  • Instituciones catequéticas en la Iglesia universal y particular.
  • Los catequistas y su formación.

El estudio de la Catequética Fundamental nos llevará al planteamiento de los grandes problemas que vivimos hoy en la transmisión de la fe. Los alumnos del Instituto de Ciencias Religiosas se acercarán, así, a las fuentes más puras de la obra evangelizadora y catequética de la Iglesia.

CURSO 2º: PRIMER SEMESTRE

El Misterio del Dios cristiano (5 créditos)

En esta materia se pretende ofrecer un comentario teológico del núcleo esencial de la fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Para ello, siguiendo la estructura del credo, se abordarán los aspectos más importantes de la pregunta por Dios hoy, el alcance de la paternidad divina, las interpretaciones de la divinidad de Jesucristo, la teología del Espíritu Santo y la realidad trinitaria del Dios cristiano. Todo ello teniendo en cuenta el contexto actual con el que ha de enfrentarse este conjunto de afirmaciones creyentes.

Antiguo Testamento II (Proféticos y Sapienciales) (5 créditos)

El curso tiene por objeto el estudio de los Libros Proféticos, Poéticos y Sapienciales del Canon del Antiguo Testamento. Una introducción general a la profecía bíblica (características del profeta y su ministerio, historia del profetismo, formación de los Libros Proféticos, puntos principales del mensaje de los profetas) prepara la presentación de cada uno de los libros y su contenido. El estudio de los Libros Sapienciales y Proféticos es también precedido de una introducción general al pensamiento sapiencial y la literatura que lo expresa. Luego se presentan los distintos libros analizando su contexto histórico, composición y contenido.

Nuevo Testamento I (Evangelios y Hechos) (5 créditos)

El Concilio Vaticano II subraya la importancia de los Evangelios dentro del conjunto de libros que integran la Biblia. Ellos son —nos dice— «el testimonio principal de la vida y doctrina de la Palabra hecha carne, nuestro Salvador» (DV n. 18). Persiguiendo como objetivo fundamental poner de relieve la riqueza cristológica de estos escritos, el curso comenzará por presentar el mundo en que nacen, su formación progresiva y su naturaleza específica. Estas cuestiones de carácter introductorio nos proporcionarán una base sólida y una orientación adecuada para adentrarnos después en cada uno de los cuatro evangelios, uniendo al de san Lucas el Libro de Hechos de los Apóstoles. Cada obra será abordada desde tres perspectivas complementarias: literaria, teológica e histórica.

Teología Moral Fundamental (5 créditos)

El cometido de la Teología Moral es mostrar las exigencias morales que derivan al cristiano de su condición de imagen e hijo de Dios, poner de relieve la excelencia de su vocación cristiana y la obligación de responder, con sus actos humano-morales, a la voluntad de Dios, que le llegan a través de la ley moral y de la conciencia, tratando de evitar el pecado en sus diversas manifestaciones, en tensión hacia la progresiva configuración con la Persona de Cristo y la obligación de producir fruto en la caridad para que el mundo y la Iglesia vivan.

Seminario: Griego (2 créditos)

El Seminario de Griego tiene como propósito ser una iniciación al estudio de la lengua griega a través de algunos textos del Nuevo Testamento. Nos centraremos en el estudio de contenidos gramaticales, sintácticos y léxicos que nos ayuden a conseguir nuestros objetivos con la finalidad de enriquecer la formación integral del alumnado.

Asignatura complementaria de Pastoral (para candidatos que no vayan a estudiar Licenciatura en Ciencias Religiosas)

Fe, Cultura y Evangelización (5 créditos)

La denominada “Nueva Evangelización” comporta dos aspectos: inculturación y anuncio. Una fe no inculturada es una fe fosilizada o convertida en ghetto. Una cultura no evangelizada es una cultura fragmentada o totalitarista. A partir de estos datos se analiza con detenimiento la cultura de hoy, se subrayan los retos que presenta y se apuntan respuestas en clave cristiana. De esta manera la materia se divide en tres partes: paradigmas culturales, retos y respuestas. Todo ello en el marco de la relación fe-cultura.

CURSO 2º: SEGUNDO SEMESTRE

Cristología (5 créditos)

El tratado está estructurado en cuatro partes:

1. «El debate como contexto» muestra el marco cultural, exegético y teológico de la actual reflexión cristológica;

2. «La pretensión evangélica de Jesús» presenta, a través de su predicación, de sus hechos y de su modo de comportamiento, la singularidad de su figura y su autoconciencia;

3. «La consumación cristológica» presenta el significado de la muerte y de la resurrección;

4. «El Misterio de Jesucristo» profundiza su identidad radical en cuanto Hijo de Dios y Salvador de los hombres.

Mariología (2 créditos)

Se estudian en este tratado los puntos fundamentales de Mariología conforme a las líneas marcadas por el Concilio Vaticano II: ubicación de María en el proyecto divino de salvación, María en la Sagrada Escritura y en la Tradición viva de la Iglesia. Se hará especial hincapié en el significado teológico de los dogmas marianos para el creyente actual, de suerte que María, figura de la Iglesia, sea contemplada como camino del hombre.

Nuevo Testamento II (Corpus Joánico y Cartas Católicas) (5 créditos)

El conjunto de las Cartas del Nuevo Testamento (dividido en dos bloques: Cartas Paulinas y Cartas Católicas) y el Libro del Apocalipsis constituyen el contenido del curso. En él se presenta la figura de Pablo, su actividad y las características generales de sus escritos. De cada una de las Cartas Paulinas se consideran los aspectos históricos y doctrinales, y el mismo esquema se aplica al estudio de las Cartas Católicas. Del Apocalipsis, además de las cuestiones relativas a su autor y fecha, se estudian los rasgos peculiares de su género literario y las claves para interpretarlo.

Teología Moral de la Persona (4 créditos)

Tras caracterizar la moral como “cristiana” y “personal”, se exponen los contenidos de las cinco unidades respectivas:

1. Respuesta religioso-cristiana.
2. Amor universal al prójimo.
3. Sentido y actitudes ante la vida, salud y muerte.
4. Violencia y convivencia en paz.
5. Sexualidad y amor casto.

Cada unidad se expone didácticamente atendiendo a la doctrina bíblica, reflexión antropológica, ejercicio positivo, problemática concreta y revés moral de actuación. Todo ello a la luz del Magisterio actual de la Iglesia.

Historia de la Filosofía II (Moderna y Contemporánea) (4 créditos)

La Edad Moderna: racionalismo y empirismo, centrados en el problema del conocimiento humano, encuentran su síntesis en Kant. El idealismo y la reacción por parte de los discípulos de Hegel aportará nuevas visiones filosóficas que pervivirán en el siglo XX. Neopositivismo, Filosofía Analítica, Filosofía de la Ciencia por una parte, los diversos marxismos por otra, el existencialismo, el estructuralismo, el personalismo, Nietzsche y la posmodernidad, o crisis del pensamiento, configuran el panorama filosófico de este agitado siglo que fenece.

Historia de la Iglesia II (Moderna y Contemporánea) (3 créditos)

Ofrece la evolución externa e interna de esta sociedad, presentada en dos períodos, en los que predominan ciertos caracteres comunes.

Edad Nueva:

a. Decadencia del influjo del pontificado y conatos de reforma (1303-1517).
b. La Reforma protestante y la católica (1517-1648).

Edad Moderna:

a. El absolutismo de los príncipes y al ansia de libertad (1648-1789).
b. La Iglesia y las revoluciones sociales (1789).

Asignatura complementaria de Pastoral (para candidatos que no vayan a estudiar Licenciatura en Ciencias Religiosas)

Pastoral Familiar (5 créditos)

Urgencia de la Pastoral Familiar en la situación actual. El plan de Dios sobre el matrimonio y la familia. La preparación al matrimonio. La celebración del matrimonio. La Pastoral del Matrimonio y la Familia. La atención pastoral de las familias en situaciones difíciles e irregulares. La familia, la sociedad y la Iglesia. Estructuras, servicios y responsables de la Pastoral Matrimonial y Familiar.
CURSO 3º: PRIMER SEMESTRE

Antropología Teológica I (5 créditos)

La materia, también denominada protología, se divide en dos partes: protología diacrónica (la persona humana, criatura, en un mundo creado) y protología sincrónica (la persona humana, ser unitario, llamada en Cristo y bajo el signo del pecado).

En la primera parte se insiste en el diálogo con la visión científica, en los aspectos bíblicos y extrabíblicos de la teología de la creación y en una visión cristocéntrica de la misma. En la segunda parte, contemplamos el misterio de la persona humana en cuanto tal, en la totalidad de sus dimensiones. Finalmente, el misterio del pecado original.

Eclesiología (6 créditos)

El estudio sobre la Iglesia está estructurado en cinco partes: a) el misterio de la Iglesia dentro del misterio del Dios trinitario (Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, Templo del Espíritu Santo); b) las realizaciones de la Iglesia, modalidades y estructuras; c) los ministerios en la Iglesia desde la perspectiva de la apostolicidad; d) la Iglesia enviada al mundo y evangelizadora, como ejercicio y expresión de catolicidad; e) la dimensión escatológica de la Iglesia como servicio al reino de Dios y vida en santidad.

Sacramentos I (sacramentos de la iniciación) (6 créditos)

Breve introducción acerca de la importancia y relevancia actual de la Iniciación cristiana. Elementos comunes a toda iniciación y características de la Iniciación cristiana. Los tres sacramentos de la Iniciación cristiana (bautismo, confirmación y eucaristía) se tratarán siguiendo este esquema: problemática específica del sacramento en la actualidad, la realidad del sacramento en la Sagrada Escritura, en la Tradición viva de la Iglesia, en la reflexión teológica y en la Pastoral Litúrgica.

Teología Moral Social (5 créditos)

La moral socio-económica y política tiene como centro a la persona en cuanto imagen de Dios. En torno a la salvaguarda de su dignidad y sus derechos desde la justicia, la caridad y la solidaridad a nivel nacional e internacional, se configura y adquieren sentido todas las categorías sociales fundamentales, a saber, la sociedad y la autoridad, el bien común, el estado y su función subsidiaria, la institución de la propiedad privada y su función social, el salario, la empresa como comunidad de personas, los sindicatos y asociaciones intermedias entre el individuo y el estado, el derecho de huelga, los impuestos. La primacía de la persona es asimismo el criterio y punto obligado de referencia para discernir la naturaleza y la función morales de las ideologías y de los sistemas económico-políticos como el liberalismo, el capitalismo y el socialismo.

Espiritualidad de la Vida Cristiana (5 créditos)

La Espiritualidad estudia el dinamismo vital cristiano, con especial atención a su desarrollo perfectivo y a sus connotaciones psicológicas y metodológicas. Centraremos nuestro estudio en los temas: vocación a la santidad, crecimiento en virtudes y dones, gracia y libertad, demonio, mundo y carne, conversión, humildad y caridad, oración y trabajo, consejos evangélicos y edades espirituales.

Asignatura complementaria de Pastoral (para candidatos que no vayan a estudiar Licenciatura en Ciencias Religiosas)

Educación de la Conciencia Moral (5 créditos)

Aspectos sociológicos. Necesidad de una educación integral. Fases en la educación de la conciencia. La formación religiosa. La educación de la conciencia en las distintas edades de la vida (niñez, adolescencia, juventud, adultez, ancianidad), en los diversos estados de conciencia, según la clase social y la cultura. La conciencia y su educación en el protestantismo y en el catolicismo.

CURSO 3º: SEGUNDO SEMESTRE

Antropología Teológica II (5 créditos)¡

1. Revelación e historia de la gracia: a) el Dios de la salvación y de la gracia; b) la gracia de Cristo; c) justificados por su gracia (san Pablo); d) gracia y vida eterna (san Juan); e) desarrollo histórico doctrinal.

2. La llamada del hombre a la gracia: a) creado a imagen de Dios; b) elegido en Cristo: la predestinación; c) la razón más alta de la dignidad humana, la unión con Dios: participación de la naturaleza divina; d) trascendencia e inmanencia del destino sobrenatural.

3. La transformación real por la gracia: a) realidad del pecado y de la salvación; b) necesidad de la redención por Cristo: la justificación por la fe; c) la cooperación humana en la obra de la salvación; d) la nueva criatura en Cristo Jesús: naturaleza de la justificación; e) la justificación en el diálogo ecuménico.

4. Acceso al Padre por el Hijo en el Espíritu Santo: a) inhabitación y filiación divina; b) hijos en el Hijo; c) el don del Espíritu Santo; d) relación trinitaria y plenificación personal del ser; e) dimensión comunitaria de la filiación.

5. La vida en el Espíritu: a) La actualización del don divino en el hombre: las “gracias actuales”; b) gracia y libertad, certeza y experiencia de la gracia; c) el dinamismo de la inserción en Cristo: las obras de caridad y el “mérito”; d) la esperanza de la vida eterna: la gracia como principio de la nueva creación.

Escatología (5 créditos)

Escatología (antes “Novísimos” o tratado sobre las realidades últimas) se ocupa de los contenidos de la esperanza en su dimensión individual, comunitaria y cosmológica: del morir y de la muerte humana, de la Resurrección de los muertos, de la venida de Cristo, del juicio de Dios, de la purificación postmortal, de la posibilidad de un fracaso eterno, de la consumación plena para el sujeto, para la comunidad y el cosmos entero. Esta plenitud final es la meta y el estímulo de la esperanza. Sobre todo ello se reflexionará desde la perspectiva cristiana, teniendo en cuenta el contexto actual de esperanzas, muerte de las utopías, vigencia de la apocalíptica y expectativas de fin de milenio.

Sacramentos II (6 créditos)

Penitencia: Cuestiones introductorias – Pecado y penitencia: datos bíblicos y del Magisterio. Proceso histórico de la vivencia eclesial sobre la doctrina y la disciplina de la penitencia.

Síntesis teológica. Institución y naturaleza del sacramento. Análisis de los actos que lo integran. Oficios y ministerio en la reconciliación de los penitentes.

Unción: ambientación de Sant 5,14-15. Vivencia eclesial de este sacramento. La gracia propia del sacramento de la unción.

Orden: vivencia eclesial del Orden desde el Nuevo Testamento hasta hoy. Sacramentalidad y funciones de los tres grados del Orden.

Matrimonio: a) principios fundamentales del matrimonio; b) el matrimonio entre bautizados es un Sacramento; c) propiedades y fines del matrimonio.

Liturgia (5 créditos)

El curso tiene dos grandes bloques. En primer lugar, aborda algunas cuestiones básicas de Liturgia Fundamental, tales como la naturaleza y dimensiones de la liturgia; el sujeto (asamblea), lugar y elementos (Palabra, oraciones, cantos, gestos) de la celebración litúrgica; y la relación entre evangelización, catequesis, pastoral y piedad popular y la liturgia. La segunda parte se centra en algunos temas de Liturgia Especial: los sacramentos de la Iniciación cristiana, de la sanación y del matrimonio; la pascua semanal y anual; el culto litúrgico mariano y la dimensión teológico-espiritual de la Liturgia de las Horas.

Derecho Canónico (5 créditos)

Se trata de una visión general de la legislación de la Iglesia. Constará de los siguientes apartados. En primer lugar, y como temario del Libro Primero del Código, hablaremos de las normas generales: de las Leyes eclesiásticas; de los Actos administrativos; de las personas; de la potestad de régimen; de los oficios eclesiásticos. En un segundo momento se trataría: de los Derechos y Deberes de los fieles; de la constitución jerárquica de la Iglesia; de los Institutos de Vida Consagrada. La tercera parte se ocuparía: de la función docente y santificadora de la Iglesia (Palabra y sacramentos) y, como últimos temas a tratar, entrarían algunos aspectos del Derecho Penal y Patrimonial de la Iglesia.

Síntesis Teológica (6 créditos)

Se trata de presentar una visión panorámica de toda la Teología para que el alumno llegue a hacerse su propia síntesis. A la vez se intenta preparar el examen de síntesis requerido para la obtención del título: Diplomado en Ciencias Religiosas.

Asignatura complementaria de Pastoral (para candidatos que no vayan a estudiar Licenciatura en Ciencias Religiosas)
Pastoral de la Caridad (5 Créditos)

Conocer los elementos teológicos fundamentales de la caridad cristiana desde sus bases positiva y sistemática. Estimular a la práctica pastoral de la caridad diaconal como factor sustancial del proceso de evangelización. Convertir en experiencia mística el conocimiento teológico de la caridad y la práctica de la pastoral socio-caritativa. Conocimiento práctico de las acciones socio-caritativas que se realizan en la propia diócesis.
CURSO 3º: SEGUNDO SEMESTRE

Antropología Teológica II (5 créditos)

 1. Revelación e historia de la gracia: a) el Dios de la salvación y de la gracia; b) la gracia de Cristo; c) justificados por su gracia (san Pablo); d) gracia y vida eterna (san Juan); e) desarrollo histórico doctrinal.

 2. La llamada del hombre a la gracia: a) creado a imagen de Dios; b) elegido en Cristo: la predestinación; c) la razón más alta de la dignidad humana, la unión con Dios: participación de la naturaleza divina; d) trascendencia e inmanencia del destino sobrenatural.

 3. La transformación real por la gracia: a) realidad del pecado y de la salvación; b) necesidad de la redención por Cristo: la justificación por la fe; c) la cooperación humana en la obra de la salvación; d) la nueva criatura en Cristo Jesús: naturaleza de la justificación; e) la justificación en el diálogo ecuménico.

 4. Acceso al Padre por el Hijo en el Espíritu Santo: a) inhabitación y filiación divina; b) hijos en el Hijo; c) el don del Espíritu Santo; d) relación trinitaria y plenificación personal del ser; e) dimensión comunitaria de la filiación.

 5. La vida en el Espíritu: a) La actualización del don divino en el hombre: las “gracias actuales”; b) gracia y libertad, certeza y experiencia de la gracia; c) el dinamismo de la inserción en Cristo: las obras de caridad y el “mérito”; d) la esperanza de la vida eterna: la gracia como principio de la nueva creación.

Escatología (5 créditos)

Escatología (antes “Novísimos” o tratado sobre las realidades últimas) se ocupa de los contenidos de la esperanza en su dimensión individual, comunitaria y cosmológica: del morir y de la muerte humana, de la Resurrección de los muertos, de la venida de Cristo, del juicio de Dios, de la purificación postmortal, de la posibilidad de un fracaso eterno, de la consumación plena para el sujeto, para la comunidad y el cosmos entero. Esta plenitud final es la meta y el estímulo de la esperanza. Sobre todo ello se reflexionará desde la perspectiva cristiana, teniendo en cuenta el contexto actual de esperanzas, muerte de las utopías, vigencia de la apocalíptica y expectativas de fin de milenio.

Sacramentos II (6 créditos)

Penitencia: Cuestiones introductorias – Pecado y penitencia: datos bíblicos y del Magisterio. Proceso histórico de la vivencia eclesial sobre la doctrina y la disciplina de la penitencia.

Síntesis teológica. Institución y naturaleza del sacramento. Análisis de los actos que lo integran. Oficios y ministerio en la reconciliación de los penitentes.

Unción: ambientación de Sant 5,14-15. Vivencia eclesial de este sacramento. La gracia propia del sacramento de la unción.

Orden: vivencia eclesial del Orden desde el Nuevo Testamento hasta hoy. Sacramentalidad y funciones de los tres grados del Orden.

Matrimonio: a) principios fundamentales del matrimonio; b) el matrimonio entre bautizados es un Sacramento; c) propiedades y fines del matrimonio.

Liturgia (5 créditos)

El curso tiene dos grandes bloques. En primer lugar, aborda algunas cuestiones básicas de Liturgia Fundamental, tales como la naturaleza y dimensiones de la liturgia; el sujeto (asamblea), lugar y elementos (Palabra, oraciones, cantos, gestos) de la celebración litúrgica; y la relación entre evangelización, catequesis, pastoral y piedad popular y la liturgia. La segunda parte se centra en algunos temas de Liturgia Especial: los sacramentos de la Iniciación cristiana, de la sanación y del matrimonio; la pascua semanal y anual; el culto litúrgico mariano y la dimensión teológico-espiritual de la Liturgia de las Horas.

Derecho Canónico (5 créditos)

Se trata de una visión general de la legislación de la Iglesia. Constará de los siguientes apartados. En primer lugar, y como temario del Libro Primero del Código, hablaremos de las normas generales: de las Leyes eclesiásticas; de los Actos administrativos; de las personas; de la potestad de régimen; de los oficios eclesiásticos. En un segundo momento se trataría: de los Derechos y Deberes de los fieles; de la constitución jerárquica de la Iglesia; de los Institutos de Vida Consagrada. La tercera parte se ocuparía: de la función docente y santificadora de la Iglesia (Palabra y sacramentos) y, como últimos temas a tratar, entrarían algunos aspectos del Derecho Penal y Patrimonial de la Iglesia.

Síntesis Teológica (6 créditos)

Se trata de presentar una visión panorámica de toda la Teología para que el alumno llegue a hacerse su propia síntesis. A la vez se intenta preparar el examen de síntesis requerido para la obtención del título: Diplomado en Ciencias Religiosas.

Asignatura complementaria de Pastoral (para candidatos que no vayan a estudiar Licenciatura en Ciencias Religiosas)

Pastoral de la Caridad (5 Créditos)

Conocer los elementos teológicos fundamentales de la caridad cristiana desde sus bases positiva y sistemática. Estimular a la práctica pastoral de la caridad diaconal como factor sustancial del proceso de evangelización. Convertir en experiencia mística el conocimiento teológico de la caridad y la práctica de la pastoral socio-caritativa. Conocimiento práctico de las acciones socio-caritativas que se realizan en la propia diócesis.