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Marzo de 2007
“Tiempos recios” llamaba
Santa Teresa de Jesús a los de su época, la
del siglo XVI. Pero en esos tiempos se forjaron los mejores
santos de la historia de España. Hoy también
vivimos tiempos recios. Los acontecimientos se suceden a
ritmo vertiginoso. No nos da tiempo a recibir una noticia
cuando tenemos otra encima, peor que la anterior. Realmente,
vivimos tiempos recios en el campo de la fe.
Imágenes blasfemas
contra la Virgen y contra Jesucristo, que ofenden a Dios
hiriendo lo más profundo de la sensibilidad cristiana,
realizadas con esa intención expresa. Colaboración
institucional en un suicido, que se presenta como muerte
digna, desconectando el respirador y ampliando la noticia
por todos los medios, abriendo camino a la eutanasia. Excarcelación
de un criminal para obtener una rentabilidad política,
sin arrepentimiento por su parte y con humillación
para las víctimas. Las trabas de todo tipo a la enseñanza
de la religión en la escuela, cuando la piden el
80 % de los padres en toda España (más del
82 %, en nuestra diócesis de Tarazona). La implantación
de la asignatura Educación para la Ciudadanía,
a través de la cual adoctrinar a nuestros niños
y jóvenes sobre la ideología de género,
en contra del parecer de sus padres. La desaparición
del verdadero matrimonio del ordenamiento jurídico,
con la unión de personas del mismo sexo y el divorcio
exprés, etc. etc. Y lo que venga.
Son muchas cosas a
la vez y ninguna sucede por causalidad o como un hecho aislado,
sino que están relacionadas unas con otras. Se trata
de imponer a la fuerza el Estado laicista, confesionalmente
ateo. Se trata de borrar del mapa a Dios y a quien lo represente.
Estamos asistiendo a una persecución declarada contra
la religión y contra la Iglesia católica,
que desborda las fronteras de nuestra patria, pero que ha
encontrado en España un fuerte punto de apoyo. Una
persecución con guante blanco, de manera que no se
note y nadie pueda reaccionar. Pero en esta situación
Dios quiere sacar bienes para nosotros, Dios quiere forjar
grandes santos, si tenemos fe.
Se acusa a la Iglesia
de trasnochada. Se la presenta como una institución
obsoleta y pasada de moda, que sólo pretende mantener
privilegios del pasado. Se rechaza frontalmente toda moral
que venga dada al hombre o por su naturaleza humana o por
la revelación de Dios. “Aquí no hay más
ley ni más moral que la del Parlamento”, me decía
un alto cargo político. “Será para Vd., que
vive de eso. Yo vivo de la ley de Dios”, le respondí.
“Y hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”, como
declaró san Pedro ante los tribunales (Hech 5,29).
Tiempos recios, que
nos invitan a reforzar nuestra fe, acercándonos más
a Dios, y a demostrar esa fe en un testimonio de amor a
los demás. En esta barca tan zarandeada por las olas,
va Jesucristo con nosotros, que nos invita a echar de nuevo
las redes y a no perder la confianza en su victoria. La
Iglesia no tiene que imitar las formas del mundo para cumplir
su misión, sino sacar de su entraña los mejores
jugos maternales con los que alimentar al hombre de hoy,
sediento de verdad y de justicia. Estos tiempos recios nos
llevarán a una mayor autenticidad de nuestra fe.
Si no estamos dispuestos
a perder nada, lo perderemos todo. Sólo sacaremos
provecho de todo esto si estamos dispuestos al martirio,
“a derramar nuestra sangre en la lucha contra el pecado”
(Hbr 12,4). El cristianismo se ha difundido siempre con
la valentía y la fortaleza de los mártires.
Los mártires anuncian con fuego la verdad que nos
salva, y están dispuestos a morir amando. El mártir
sabe que nada ni nadie podrán separarnos del amor
de Dios. Y eso es lo que siempre ha convencido.
Con mi afecto y bendición:
Mons. Demetrio Fernández
González,
Obispo de Tarazona
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