¿Equiparables el matrimonio y la unión de homosexuales?


Conferencia Episcopal Española

Agosto de 2004

El Gobierno socialista ha anunciado que en el próximo mes de septiembre remitirá a la Cámara de Diputados un proyecto de Ley que equipare legalmente la unión de homosexuales con el único y verdadero matrimonio: El de un varón con una mujer, establecido por Dios en la naturaleza misma.

Se pretende con esta medida dar cobertura legal a algo jurídica y moralmente inaceptable, por irracional.

Es evidente que todo ser humano, desde el momento mismo de su concepción e independientemente de sus tendencias sexuales, posee una dignidad personal inalienable que nadie puede ni debe menospreciar o discriminar. Sin embargo, aunque todos tenemos idéntica dignidad, no todos tenemos los mismos derechos. La naturaleza del Derecho, precisaba Cicerón, ha de deducirse de la naturaleza del hombre. Y si es distinta la naturaleza, tanto física como psíquica, del varón y de la mujer, también lo son sus derechos. De ahí la complementariedad. Complementariedad que no existe en la unión de un varón con otro varón, o de una mujer con otra mujer.

No puede, portante, haber matrimonio más que entre personas de distinto sexo: entre una mujer y un varón. Es exigencia de orden natural. No les asiste, por lo mismo, a dos personas del mismo sexo derecho alguno a contraer matrimonio entre ellas.

De ahí que el Gobierno no deba reconocer este derecho inexistente, ni dar soporte legal a algo que atenta contra la naturaleza misma de la institución y contra el bien común de la sociedad. Para el Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal, "fabricar moneda falsa es devaluar la moneda y poner en peligro todo el sistema económico" (15.7.2004).

Nunca podrá reducirse el amor dentro del matrimonio al sexo o al trueque de favores. Institucionalmente el matrimonio es la unión corporal de la mujer y del varón como expresión recíproca de un amor que cierra las puertas a toda ruptura o eventualidad. Sólo él puede dar plenitud a sus respectivas existencias, llegando a ser lugar de amorosa acogida de nuevas vidas personales. Y sólo en él los niños aprenden las dos virtudes sociales más importantes, el amor al prójimo y la justicia. Es difícil, por lo mismo, que otro tipo de uniones unisexuales pueda contribuir a la perfección de sus componentes. Al carecer de mutua diferencia sexual, se verán privados de la natural complementariedad.

Por otro lado, ya lo he recordado en otra carta anterior, en el caso de ofrecer a estas uniones la posibilidad de adoptar hijos, "éstos se verían privados del derecho fundamental de tener un padre y una madre, con su respectiva contribución psicológico-afectiva para la neta identificación sexual de sus personas y, sobre todo, para su desarrollo emocional, especialmente esencial en los años de su niñez y adolescencia, de modo que, cuando falla..., difícilmente puede suplirse".

El matrimonio y la familia son, además, anteriores al Estado y constituyen la base insustituible del crecimiento y de la estabilidad de la sociedad. Tiene el Estado, por tanto, obligación de protegerlos y promoverlos. Si equipara la unión de homosexuales al matrimonio, está introduciendo un peligroso factor de disolución de la institución matrimonial y del justo orden social, que en nada contribuirá a superar la alarmante crisis demográfica que venimos padeciendo en nuestro suelo hispano.

En conclusión: ante el anunciado propósito de nuestro Gobierno, unimos nuestra voz a la de quienes quieren pulsar la alarma. No sólo los católicos, sino cuantos quieran dejarse conducir por la razón, han de reflexionar a tiempo, y evitar que se promulguen en nuestro País leyes atentatorias contra el verdadero y único matrimonio.

Es esta misma línea, la reciente Nota del Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española recuerda directamente a los parlamentarios católicos el deber que tienen de expresar su desacuerdo con el proyecto de Ley que nos ocupa, votando en contra del mismo (15.7.2004).

El Señor siga llevándonos de su mano a todos.

Mons. Rafael Palmero Ramos,
Obispo de Palencia