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marzo de 2007
Queridos hermanos
y amigos: paz y bien.
“Los idus de marzo” es una célebre obra de Thornton
Wilder que toma como título la fecha fatídica
en la que asesinaron a Julio César. Se ambienta la
novela en los últimos días de la república
romana, y describe con escéptica ironía la
capacidad de los hombres para el heroísmo, la generosidad
y la virtud, así como para el egoísmo, la
traición y la deslealtad. En este marzo nuestro,
mes de memoria de tantos otros idus, hemos vuelto a ver
a gente así: héroes hasta la virtud más
generosa, y traidores hasta el egoísmo más
desleal.
Entre los primeros están las víctimas de la
serpiente terrorista y las gentes sencillas que espontáneamente
han querido solidarizarse con los débiles ignorados,
despreciados y hasta perseguidos. En lugar de tirarse al
monte, volvieron a la calle. No para una consentida kale
borroka, sino para pasear de nuevo con inmensa dignidad
su indignación. Era la enésima concentración
que en las principales ciudades se dieron cita, a plena
luz aunque era de noche, sin encapuchados y sin mentiras.
No eran vociferantes, sino ciudadanos de bien que no quieren
asistir impávidos al espectáculo que algunos
gobernantes nos brindan en el pim-pam-pum de la feria del
disparate político.
Y entre los segundos están los que pretenden cambiar
la historia sacándose de la chistera del resentimiento
lo que dicen ellos que ocurrió. Como adolescentes
montan y desmontan operaciones económicas jugando
al a ver quién llega más, cuando se trata
de costear favores inconfesables con el dinero más
ajeno, lavando como pueden las deudas de su propia corrupción.
Son los que manchan el nombre de la paz y el de la piedad,
convirtiéndolo en moneda de cambio con el que pagar
-cueste lo que cueste- la particular guerra contra sus adversarios
políticos, sociales y mediáticos, llegando
a pervertir un sentimiento noble como es el perdón,
a fin de camuflar el chantaje del que siendo rehenes ellos
mismos, nos hacen víctimas a todos los demás.
Como consigna de un nuevo pásalo, lo repiten
sin parar, sin ninguna pausa y con mucha prisa: lo hemos
hecho por piedad, hemos salvado la vida a un asesino que
celebra sus veinticinco matanzas brindando con champán,
le hemos salvado la vida porque defendemos la vida.
Yo he tomado nota de esta declaración insólita
por parte de quien miente de manera habitual, y pasando
por encima de su cinismo asustado ante la opinión
pública, levanto acta de su advenediza declaración:
defienden la vida. Estamos de enhorabuena.
Supongo que estarán al quite de quien se quite la
vida en la eutanasia que viene... porque defienden la
vida. Supongo que no pondrán más obstáculos
para saber la verdad de la maraña confusa y confundida
de otra matanza, el 11-M, cuya sospecha les mira... porque
defienden la vida. Supongo que respetarán la libertad
de quienes quieren una educación no ideologizada
ni sectaria para sus hijos... porque defienden la vida.
Supongo que ya no jugarán a romper la familia con
sus leyes para amiguetes... porque defienden la vida. Supongo,
en fin, que encabezarán la defensa del más
amenazado de todos los seres humanos: el no nacido, luchando
contra el aborto en primera línea... porque defienden
la vida.
Si no lo hacen así, nos habrán vuelto a colar
su mentira, que hasta pueden hacerla legal, pero que es
y será siempre inmoral. Pero si en marzo mayea,
quizá en mayo marceará, y allí
daremos cuenta. Porque hay idus que no deberían haber
pasado nunca, pero ya que han sucedido, sólo se desea
que no duren mucho más una vez acontecidos.
A Dios nos encomendamos en esta apasionante encrucijada
en la que debemos roturar sus campos para que broten espigas
de paz serena y de bien colmado para los hermanos.
Recibid mi afecto y mi bendición.
Mons. Jesús Sanz
Montes, ofm
Obispo de Huesca y de Jaca
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