Saludo del nuncio apostólico en España,  Mons. Renzo Fratini, a la 109º Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, que se celebra en Madrid, en la sede de la CEE, del 13 al 17 de marzo.

 

Eminentísimo Señor Cardenal Presidente,

Eminentísimos Señores Cardenales,

Excelentísimos Señores Arzobispos y Obispos,

Señoras y Señores:

Apreciando vivamente la  invitación presentada, valorando en ella un signo de comunión con el Santo Padre, acudo a saludarles fraternalmente y alentarles en los trabajos que ahora inician mirando, con responsabilidad y unanimidad de corazón, el bien de la Iglesia que está en España.

1.Al cumplirse el tiempo marcado para renovar todos los cargos que sirven a esta Conferencia, excepto el de Secretario General, la presente reunión observará el cometido señalado en sus Estatutos. Los cargos, cada uno en su modalidad, no son otra cosa que un servicio de caridad, una ayuda eficaz a la buena marcha del conjunto con objetivos claros.

Las diferentes responsabilidades que se confían para el servicio de todos, tienen por fin, así lo indican los mismos estatutos, fortalecer la misión evangelizadora y responder, de forma más eficaz, al mayor bien que la Iglesia debe procurar también a los hombres (cf. Estatutos, art. 1 §1).  El fin que persigue la Iglesia es la salvación de las almas, su verdadero bien, y este lo procura por los medios que le ha confiado su mismo Fundador, Nuestro Señor Jesucristo. El, como creemos firmemente,  al manifestarse y consumar su obra por el misterio pascual, “ha hecho brillar la vida y la inmortalidad” (2 Tim 1,10). Por lo cual, en su misión, la Iglesia favorece el sentido de la existencia, el sentido de la vida como alma de todo proyecto verdaderamente humano, contribuyendo así al bien común de la sociedad en construcción, por el amor que el mismo Cristo Jesús pone en nuestros corazones con la presencia del Espíritu Santo (Cf. 2Cor 1, 22).

2. En el temario de esta Asamblea, observo gustoso que han reservado con prontitud el debido espacio a un tema de vital importancia. La reflexión sobre la Ratio “Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis”. Para ello contarán con la presencia de S.E. Mons. Jorge Carlos Patrón Wong, Secretario para los Seminarios de la Congregación para el Clero. El documento, emanado por dicha Congregación para el Clero, fue aprobado por el Santo Padre Francisco el pasado 13 de octubre de 2016. Conscientes de la necesidad de que la formación de los sacerdotes es un gran bien para cada Diócesis, el documento pone de relieve la unidad y continuidad de la formación del clero, e invita a la elaboración de una Ratio nacional.

En estos días, esta Conferencia Episcopal ha hecho pública la estadística referente al clero y a los seminarios diocesanos en España; hay en ella un apunte que, con confianza en el Señor, no debe dejarnos cómodamente sin reacción. Al Obispo, como guía que integra todos los demás carismas de su Diócesis, le compete el fomento de las vocaciones sacerdotales. La Iglesia siempre necesita pastores con formación sólida y ardor apostólico. Dios ha querido necesitar hombres que vivan para Él y lo lleven a los demás, y ha puesto, en el centro de su Iglesia, su presencia eucarística. El asunto es vital para ella. La Iglesia tiene así en la Sagrada Eucaristía la fuente y la cumbre de toda su acción (Cf. SC  n. 10), por tanto el fomento de las vocaciones sacerdotales siempre será prioridad dentro del plan pastoral del Obispo. En sus expresiones y testimonio, el Santo Padre Francisco no solo invita a organizar una pastoral hecha solamente sobre una mesa. Con ocasión del Congreso Internacional de Pastoral Vocacional decía a los participantes: “Ustedes también han experimentado un encuentro que cambió vuestra vida, cuando otro sacerdote les hizo sentir la belleza del amor de Dios. Hagan lo mismo saliendo, escuchando a los jóvenes. […] La Iglesia en el mundo está necesitada de sacerdotes maduros y equilibrados, de pastores intrépidos y generosos, capaces de cercanía, escucha y misericordia” (Discurso, 21/10/2016).

3. Nada más. Solo terminar con las expresiones de un profundo deseo que llevo constantemente a la oración y que les encarezco mucho, se trata de una fraternal exhortación a la unidad entre todos los miembros de este episcopado; especialmente en esta hora. Es necesario para el desarrollo de la tarea evangelizadora cuyos frutos espirituales vivifican también la cohesión de la vida de una sociedad digna del hombre para la gloria de Dios.

Señores Obispos, recurro a la maternal intercesión de la Santísima Virgen María encomendándole los trabajos que ahora inician. A todos y a cada uno de ustedes reitero mi disponibilidad, es la misión que el Santo Padre me confía.

Muchas gracias.

Madrid, 13 de marzo de 2017


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