"El
profundo interés de la Iglesia por la Universidad
se remonta a los mismos orígenes de la institución,
más aún su nacimiento resulta incomprensible
históricamente si se prescinde de la mediación
de la Iglesia. En efecto, "la Universidad
es, en su mismo origen, una de las expresiones
más significativas de la solicitud pastoral
de la Iglesia. Su nacimiento está vinculado
al desarrollo de escuelas establecidas en el
medievo por los obispos de grandes sedes episcopales.
Si las vicisitudes de la historia condujeron
a la "universitas magistrorum et Scholarium"
a ser cada vez más autónoma, la Iglesia continúa
igualmente manteniendo aquel celo que dio origen
a la institución" (Orientaciones de
Pastoral Universitaria en el ámbito de la Pastoral
de la cultura, Introd. n. 4)
El Departamento
de Pastoral Universitaria fue creado por la
Subcomisión Episcopal de Universidades (CEE)
el 12 de noviembre de 1981 para que "coordinara
y promoviera la Pastoral Universitaria en España".
Su primer director fue el P. Gonzalo Tejerina,
quien, a su vez, preparó el primer Encuentro
de responsables de Pastoral Universitaria, que
tuvo lugar del 23 al 24 de abril de 1982. Desde
entonces, se han celebrado ya 14 Encuentros
y la mayoría de las Diócesis dispone hoy de
Delegación de Pastoral Universitaria.
En Septiembre
de 1995, la Subcomisión Episcopal de Universidades
hizo público un importante Documento titulado:"Orientaciones
de Pastoral Universitaria en el ámbito de la
Pastoral de la Cultura".
La actual
acción pastoral en el campo de la Universidad
y de la cultura universitaria, sabiéndose ubicada
en el ámbito de la Pastoral de la Cultura, como
parte de la misma, se entiende a sí misma destinada
tanto a "discentes" como a "docentes",
cada uno en su especificidad. La celebración
del Jubileo del 2000 en Roma ha querido destacar
el papel relevante del Profesor universitario
y del investigador católico en el ámbito de
la ciencia. La creación de pensamiento desde
la racionalidad cristiana es hoy un reto a los
intelectuales católicos de España. Se trata
de la aportación cristiana a la creación de
un nuevo humanismo que tenga en cuenta la dimensión
trascendente del hombre.