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MENSAJE FINAL
VI CONGRESO NACIONAL
DE PASTORAL PENITENCIARIA
En el Año Jubilar 2000
del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, que "vino a anunciar a
los pobres la Buena Noticia y a los presos la libertad" (Lc.4,18),
reunidas más de 600 personas de las diócesis del Estado Español, en
el VI Congreso Nacional de Pastoral Penitenciaria, acogiendo la
invitación del Papa Juan Pablo II para repensar la respuesta al delito
y la acción pastoral que requieren el infractor y la víctima, habiendo
trabajado en los sectores de lo pastoral, de lo social y de lo jurídico
PROCLAMAMOS
-
Nuestra mirada
esperanzada en el futuro, en una Pastoral Penitenciaria de Justicia
y de Libertad, fruto de nuestra fe profunda en el Dios libertador de
todas las cautividades y de nuestra firme confianza en las ingentes
posibilidades de todos los seres humanos sin excepción.
-
Apostamos por una
Pastoral de Justicia y de Libertad, encarnada "entre los más
pobres de entre los pobres", capaz de prevenir las causas
económicas, sociales, educativas y laborales del delito, implicada
en la defensa de los derechos fundamentales de las personas que
padecen la precariedad y la exclusión social, comprometida con las
personas privadas de libertad, defensora de sus derechos, buscadora
de alternativas a la cárcel, corresponsable del proceso de
integración social y la plena normalización de vida, sin estigmas,
de las personas liberadas.
-
Aspiramos a una
Pastoral de Justicia y de Libertad con vocación integradora en la
vida diocesana y presente en todos los ámbitos de acción eclesial
(parroquia, arciprestazgo etc...), en coordinación con las
entidades eclesiales y extra-eclesiales comprometidas en el ámbito
penitenciario y en comunión fraterna con la Pastoral Penitenciaria
de otras confesiones cristianas, unidos en la causa común de dar
respuesta a las necesidades espirituales y materiales de las
personas presas.
-
Nos comprometemos a
promover en nuestra sociedad la viabilidad de medidas de reparación
del daño, mediación y reconciliación entre los infractores y sus
víctimas, fruto de una Justicia más centrada en la protección y
satisfacción de las víctimas, que en la retribución y castigo de
los infractores.
Tras las reflexiones que
hemos efectuado estos días, desde el talante jubilar que preside este
singular Congreso, y con el deseo de mirar siempre hacia adelante con
renovada esperanza, apuntamos algunos caminos que humildemente nos
atrevemos a
PROPONER:
1. A nosotros mismos:
-
Seguir creciendo en
la dimensión del agente de la Pastoral Penitenciaria como testigo
de esperanza, desde el convencimiento de que toda persona puede
cambiar, que todos tienen potencialidades que deben ser descubiertas
y cultivadas y, al tiempo, sin perjuicio de la responsabilidad que
corresponde al Estado, procurar generar respuestas concretas y
creativas que incidan en los terrenos de la prevención, la
intervención penitenciaria y la reinserción social.
-
Continuar avanzando
en la nueva "conciencia eclesial" acerca de la
realidad penitenciaria, abriéndonos a una normal integración en la
vida diocesana y sus recursos, en coordinación con cuantas
iniciativas se empeñen en dignificar la vida de las personas
presas.
-
Insistir en los
programas globales de acción pastoral y trabajo social sistemático
con las personas privadas de libertad, que contemplen no sólo su
realidad durante el paréntesis forzado que supone la prisión, sino
también su familia y el entorno al que necesariamente habrán de
volver.
-
Formarnos
continuamente, tanto en el cultivo de la espiritualidad y de la
gratuidad, como en el conocimiento de las ciencias humanas, sociales
y jurídicas, procurando la incorporación de profesionales de las
mismas a nuestra tarea evangelizadora en la actual etapa de la nueva
evangelización.
2. A la sociedad
-
Que adquiera una
"nueva sensibilidad", no se deje llevar por los tópicos,
se acerque más a sus cárceles, y tome conciencia de que las
personas privadas de libertad siguen siendo parte de la misma.
-
Que posibilite
oportunidades a nuestros hermanos presos y evite estigmatizar a las
personas que salen en libertad, creando un clima favorable a la
reinserción social, fin último en el que ella misma debe estar
comprometida.
-
Que tenga en cuenta
los valores de la dignidad de toda persona, de la no violencia
activa, el diálogo, la reconciliación, el principio de la
solidaridad y la justicia social.
3. AL LEGISLADOR Y A LOS PODERES
PUBLICOS:
*personas
extranjeras en número tan elevado y creciente, a las que habría
que posibilitar el cumplimiento de las penas, cuando sea posible y no
contrario a los Derechos Humanos, en el país de origen.
* enfermos mentales,
drogodependientes y enfermos de sida: las prisiones no
fueron concebidas para este perfil de población, necesitada de una
atención específica.
-
Pedimos se modifique
el Código Penal, ampliando las posibilidades de alternativas a la
prisión y suspensión del fallo en los supuestos de condenados de
hasta 5 años de privación de libertad.
-
Asimismo pedimos se
establezcan cláusulas atenuatorias que permitan dar respuestas
proporcionadas en determinados delitos de escasa entidad contra la
salud pública.
-
Solicitamos que la
dimensión de lo social se haga presente a lo largo del proceso
penal y en la intervención penitenciaria, de forma rigurosa y
sistemática, incorporando informes sociales, procurando medidas que
eviten el desarraigo de la persona y faciliten su reinserción,
tanto en la materialidad de la medida como en la forma y lugar de
cumplimiento de la misma.
-
Igualmente, como
forma de participación del tejido social en la resolución de los
conflictos, pedimos se incorpore a la legislación la mediación
comunitaria, con la consiguiente libertad a prueba para el culpable
y el aseguramiento para la víctima de la reparación, con un fondo
especial para el caso de infractores insolventes.
-
A los responsables
penitenciarios pedimos articulen medios personales para que el
tratamiento no sufra menoscabo alguno respecto al régimen, se
multipliquen las ofertas de actividades que prevengan el tedio de
horas de patio, se ideen fórmulas que impidan efectivas
"cadenas perpetuas", se establezcan límites máximos
temporales en los regímenes especiales de aislamiento en celda y
procuren una aplicación generosa de los terceros grados, incluso
como clasificación inicial en el caso de personas rehabilitadas.
-
Uniéndonos a la
petición de "signos de clemencia" invocados por S.S. el
Papa Juan Pablo II en el "Mensaje para el Jubileo en las
Cárceles" (9 de julio de 2000), en el sentido de que no se
trata de meros remedios pasajeros, sino enmarcados en serias
reformas estructurales, solicitamos una aplicación generosa de la
política de indultos, sobre todo en el caso de condenados
rehabilitados en los que el cumplimiento de la pena devendría
inútil y aun contraproducente.
-
Mirando hacia el
futuro, insistimos en la conveniencia de priorizar la prevención
social de la exclusión, en la importancia de las políticas
redistributivas de renta, en la efectiva nivelación de asimetrías
sociales y en la protección de los más vulnerables: en suma, la
política criminal debe caminar de la mano del resto de las
políticas sociales para ser efectiva.
-
Finalmente, nuestra
mirada esperanzada contempla la realidad de la infancia en
situación de desventaja social y pide la evitación de medidas
punitivas, invirtiendo en medidas preventivas, dispositivos y
recursos sociales que pasen por el apoyo al niño y a su familia,
dado que el niño es un ser vulnerable y, por tanto,
fundamentalmente educable y recuperable aún cuando su
comportamiento haya sido socialmente dañoso.
Ponemos en manos de
Jesucristo, Libertador de cautivos, y de la Virgen de la Merced, nuestra
Patrona, la realidad de nuestros hermanos y hermanas presos, así como
nuestros pobres esfuerzos, invocando del Buen Dios que su espíritu
jubilar nos alcance a todos.
En Madrid, a 17 de
septiembre
del Año Jubilar del 2000 nacimiento de Jesucristo. |