PLEGARIA
A SANTA MARÍA DE LA MERCED
REDENTORA DE CAUTIVOS Y PRESOS
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24 de septiembre
de 2004

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Nuestra Señora
de la Merced,
Virgen de la esperanza,
patrona de los cautivos y presos,
un año más acudimos ante ti
con sentida confianza
para presentarte a nuestros hermanos
afligidos por la privación de libertad. |
Tú, Madre peregrina,
sabes lo que es vivir en el desarraigo,
no encontrar morada, ser rechazada
y tener que vivir con el alma en vilo.
Por eso, sabes bien lo que siente nuestra
gente.
Por eso, a nadie dejas sin regalar, callada,
tu esperanza. |
No necesitas que te
recordemos sus rostros,
ni que te narremos sus historias.
Muchas veces, aún sin saberlo ellos,
Tú, Señora,
atendiste su clamor, formulado en lenguas
tan diversas.
Tú, con maternal solicitud,
te hiciste presente en la soledad de sus celdas.
Rompiendo los más severos aislamientos,
dejaste pasar a borbotones y sin distingos
entre sus hormigonados y amargos muros
la gracia amorosa y sanante de tu Hijo. |
Señora llena
de la Gracia del Señor,
imploramos por ellos y por sus familias.
Te pedimos que alivies su sufrimiento y el
dolor que pudieron causar.
Acuérdate de quienes deben cuidar de
ellos
y de quienes solidariamente les acompañan.
Ilumina en los penados su conciencia.
Da fuerza en la separación a sus allegados. |
Señora del Buen
Consejo,
otorga acierto, sabiduría y humanidad
a los funcionarios
y haz de nuestras capellanías y de
sus diligentes voluntarios cristianos,
heraldos de Buena Noticia liberadora. |
Acércanos a
todos al Reino de tu Hijo,
bendito Libertador de cautivos,
profeta descerrajador de mazmorras injustas,
valeroso defensor de causas perdidas.
Él pasó por el mundo haciendo
el bien,
curando a muchos de sus dolencias.
Dios estaba con Él. Dios era Él.
Por eso, también se hace presente en
el dolor de cada preso,
y nos invita a todos a aliviar sus penas,
a hacer lo más corta posible su estancia,
lo más dignificantes sus condiciones
de vida
y a empeñarnos en que un día
se realice el sueño de Dios
y se cierren todas las prisiones de la tierra. |
Para que ese día
se acerque,
ilumina a los Cuerpos legislativos de las
naciones,
inspira a los Gobernantes
y a los responsables de las Instituciones
penitenciarias.
Que legislen y actúen con humanidad
y con prudencia,
que apuesten por alternativas menos dolorosas
que la cárcel,
que no abdiquen del ideal de reinserción
social que debe presidirla. |
Haz, Madre de la Divina
Misericordia,
que abandonemos definitivamente toda senda
retributiva
y avancemos por el sendero de la justicia
restaurativa.
Que, por fin, el perdón venza al odio
y la indulgencia a la venganza. |
Dulce Madre nuestra,
Madre de todos,
María de la Merced,
Redentora de cautivos,
maternal brasero que mantiene vivo el rescoldo
de la esperanza, ¡Alienta nuestro
caminar! ¡Virgen de la Merced,
Abogada nuestra,
intercede por nosotros! |
+Joan-Enric
Vives
Obispo de Urgell y Encargado de Pastoral
Penitenciaria |
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