Comunicación
a todos los diocesanos del Obispo de Ciudad
Rodrigo

Mons.
Atilano Rodríguez Martínez,
Obispo de Ciudad Rodrigo
Ayer, a las 21,37 horas, recibíamos con
profundo dolor y tristeza la noticia de la muerte
de Su Santidad el Papa Juan Pablo II. Durante
los últimos días las noticias
que recibíamos en los sucesivos informes
médicos nos hablaban de un agravamiento
progresivo de la salud del Papa. Pero, al mismo
tiempo, se nos decía que el Santo Padre
se mantenía con total lucidez y serenidad,
afrontando responsablemente el último
tramo de su existencia entre nosotros.
Durante su largo
Pontificado, Juan Pablo II propuso con valentía
y coraje el Evangelio de Jesucristo hasta los
últimos rincones de la tierra. Nos deja
una rica doctrina en discursos, encíclicas
y exhortaciones apostólicas, que todos
deberíamos releer en el futuro. Pero,
sobre todo, nos deja un testimonio inquebrantable
de fidelidad a Jesucristo y de amor a cada ser
humano, como algo único e irrepetible.
Esta adhesión a Jesucristo le permitía
ser un hombre de una sola pieza, es decir, vivía
en su persona la Buena Noticia que proclamaba
incansablemente a toda la humanidad. Por todos
estos dones debemos dar constantemente gracias
a Dios.
Al mismo tiempo
hemos de suplicar también a nuestro Padre,
que premie con la vida eterna este generoso
servicio a la Iglesia y a la humanidad. Como
Pastor, fiel y prudente, supo estar siempre
atento a las insinuaciones del Espíritu
y pronto para cumplirlas. Que, ahora, Jesucristo,
el buen Pastor, lo conduzca al banquete celestial
para que participe por todo la eternidad de
su gloria y de su triunfo sobre el poder del
pecado y de la muerte.
Con este fin,
invito a todos los sacerdotes a hacer súplicas
especiales por el eterno descanso del Santo
Padre en todas las celebraciones de estos próximos
días. Así mismo, invito también
a los sacerdotes, religiosas y cristianos laicos
de la diócesis a participar en la Misa
funeral que, Dios mediante, presidiré
en la Catedral de Ciudad Rodrigo, el próximo
martes, día 5 de abril, a las 19,30 horas.
Con mi cordial
saludo y bendición.
Atilano
Rodríguez
Obispo de Ciudad Rodrigo