Juan Pablo II
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Juan Pablo II [16-X-1978 / 02-IV-2005]       

Comunicado del Obispo de Córdoba ante la muerte del Papa


Mons. Juan José Asenjo Pelegrina,
Obispo de Córdoba

El Santo Padre Juan Pablo II acaba de fallecer en la Ciudad del Vaticano confortado por la cercanía del Señor, el cariño y la plegaria de los católicos de todo el mundo y el respeto de millones de hombres y mujeres de buena voluntad.

Al mismo tiempo que comunico oficialmente a la Diócesis esta noticia, no por esperada menos triste, como Obispo de esta Iglesia particular, sucesor de los Apóstoles y miembro del Colegio Episcopal del que el Papa es cabeza, exhorto encarecidamente a todos los fieles a que manifestéis vuestro amor filial al Papa rezando por él. Para los cristianos la caridad fraterna se prolonga tras la muerte, haciéndose súplica ferviente en favor de los difuntos. Pidamos a Dios nuestro Señor, como nos enseña la liturgia, que el Papa Juan Pablo II, Pastor universal de la Iglesia durante más de veintiséis años, sea ahora recibido en la gloria por Jesucristo, de quien ha sido su Vicario en la tierra, y reciba del supremo Pastor la corona de gloria que no se marchita (1 Ped 5,4).

A los sufragios por el eterno descanso del Papa, que se celebrarán en todas las parroquias y comunidades eclesiales en los próximos días y al funeral solemne que tendrá lugar en la Catedral de Córdoba en la fecha que se dará a conocer oportunamente, unimos nuestra plegaria de acción de gracias a Dios por todos los dones que ha concedido a la Iglesia y al mundo a través de la figura excepcional y egregia del Papa Juan Pablo II. En ellos reconocemos un signo del amor providente de Dios y el fruto más preciado de la comunión de los Santos.

Queridos diocesanos: mientras el Santo Padre Juan Pablo II se encamina al encuentro definitivo con Jesucristo, al que ha amado y servido apasionadamente en su Iglesia, nos deja su doctrina y el testimonio de la entrega de su vida hasta el último aliento a su misión de Pastor. En estos momentos creo muy oportuno recordaros unas palabras de su primera encíclica, Redemptor Hominis , escrita pocos meses después del inicio de su Pontificado en aquel inolvidable 16 de octubre de 1978: "la única orientación del espíritu, la única dirección del entendimiento, de la voluntad y del corazón es para nosotros ésta: hacia Cristo, Redentor del hombre; hacia Cristo, Redentor del mundo. A Él nosotros queremos mirar, porque sólo en Él, Hijo de Dios, hay salvación, renovando la afirmación de Pedro `Señor, a quién iríamos. Sólo Tú tienes palabras de vida eterna'" (n.7). La vida entera de Juan Pablo II ha sido la mejor rúbrica de estas hermosas palabras, que sintetizan todo su pontificado. Acojámoslas en esta hora como su mejor legado, como su testamento, como orientación fundamental para nuestra vida cristiana personal y también para la vida de nuestras comunidades.

El Papa ha muerto en los compases finales de la octava de la Pascua de Resurrección, cuando toda la Iglesia se alegra por la victoria de Cristo sobre la muerte, que es el fundamento más firme de nuestra fe y de nuestra esperanza en la resurrección de los muertos. Pidamos a Dios que en el encuentro con el Resucitado experimente la alegría de la plena posesión de la verdad, en la cual ha confirmado a toda la Iglesia durante su vida con tanta fidelidad, valentía y nitidez.

Pidamos también por la Iglesia, huérfana en estos días de su Padre y Pastor, confiados en la promesa del Señor: "Yo estoy con vosotros todos los días hasta la consumación del mundo" (Mt 28,20).

   Córdoba, 2 de abril de 2005

 

 

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