Carta
del Obispo de Lleida

Mons.
Francesc Xavier Ciuraneta Aymí
Obispo de Lleida
EL TESTIMONIO
DE UNA VIDA
2 de abril de
2005
El Papa Juan
Pablo II ha sido llamado por Dios a su juicio;
lo importante y lo decisivo. Los hombres también
le hemos juzgado. Le hemos puesto etiquetas.
Las que nos convenían en el momento oportuno.
Para ciertas cuestions de moral familiar, se
le colocaba entre los "conservadores".
En la defensa valiente de la justicia social,
se le ha considerado "progresista".
Creo que ninguna etiqueta retrataba su compleja
personalidad humana y cristiana.
Su preocupación
primordial ha sido la persona humana, con sus
conquistas técnicas, pero también
con sus innegables miedos y esclavitudes. Esta
persona humana, desorientada necesitaba una
brújula, que es Cristo, que "revela
plenamente el hombre al hombre" (RH 10).
Por tanto, nada de miedos, ni desconfianzas.
Lo important es abrirse a Cristo. Aquella propuesta
de "abrir puertas al Redentor", que
pronunció solemnemente desde la fachada
de la Basílica de San Pedro, al ser elegido
Papa, la ha repetido insistentemente durante
su largo pontificado.
Anunciar a Cristo,
el Redentor, ha sido su obsesión pastoral.
Por eso su Pontificado se ha caracteritzado
por su talante abierto, misionero. Ha multiplicado
los viajes a los cinco continentes con el fin
de que, por medio de su ministerio, de evangelizar
y de santificar, todas las personas pudieran
encontrarse con la Persona del Hijo de Dios,
Cristo Salvador.
La fortaleza
que ha manifestado el Papa Juan Pablo II a lo
largo de su enfermedad, encarna y simboliza
una vitalidad más profunda, la de su
espíritu, con las sólidas convicciones
de un creyente. Su profundidad espiritual, su
fe centrada en Cristo y su confianza en la persona
humana -imagen de Dios- ha sido un aliento estimulante
para la Iglesia y para el mundo.
El Papa Juan
Pablo II ha entrado ya en la historia de la
Iglesia y del mundo. Esta le juzgará
muy positivamente, como un Papa que ha defendido
tenazmente todos los derechos de la persona
humana, pero desde la visión de ésta
como creada por el Padre Dios y redimida por
Cristo. Contemplación y fraternidad universal,
Dios y hombre, justicia y misericordia: binomios
que, en el pensamiento y en la acción
de Juan Pablo II, han caminado siempre a la
par.
Nos ha indicado
el camino a seguir: contemplar el rostro de
Cristo para transmitir sus rasgos a las nuevas
generaciones. Y nos ha señalado los medios:
conservar fielmente la fe y defender, a menudo
contracorriente, las virtudes humanas y cristianas
que constituyen la razón misma del ser
de la humanidad, entre las cuales sobresalen
la justicia, la libertad, la atención
a los débiles y excluidos...
Estamos tristes.
Juan Pablo II nos ha dejado, llamado por el
Padre. Ha sido un buen "servidor".
Oremos por el eterno descanso de su alma y que
el ejemplo de su vida entregada totalmente a
Dios y a la persona humana nos acompañe
siempre.
Francesc Xavier
Ciuraneta Aymí
Obispo de Lleida