Carta
a los sacerdotes, diáconos, religiosos,
miembros de sociedades apostólicas y
seglares de la diócesis de Málaga

Mons.
Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga
Málaga, 2 de abril de
2005
Queridos hermanos:
Como ya todos
sabéis, se acaba de comunicar la noticia
del fallecimiento de Juan Pablo II. Deseo expresaros
mis sentimientos de esperanza cristiana e invitaros
a unirnos en común plegaria.
En primer lugar,
para dar gracias a Dios por el especial don
que ha supuesto para la Iglesia y para el mundo
su larga vida y, de forma singular, los muchos
años de ministerio como Papa. Nuestra
experiencia cristiana estará señalada
para siempre por el testimonio, las disposiciones
y la enseñanza de este Papa excepcional.
Hombre de profunda fe y convicciones recias,
había crecido en medio de sufrimientos
y dificultades.
Nos ha fortalecido
como "Maestro de la verdad", a través
de sus numerosas encíclicas, de sus Exhortaciones,
de su predicación continua tanto en Roma
como en las visitas a países de muy distinta
cultura, con sus catequesis de los miércoles.
En estos momentos de indefinición de
los valores, el Papa nos ha ayudado a enraizarnos
en la verdad del mensaje cristiano recibido,
a fortalecernos en la verdad que es Jesucristo
y a animarnos a vivir en coherencia con ella.
También
ha trabajado por la COMUNIÓN entre los
cristianos y entre todas las religiones y hombres
y mujeres de buena voluntad. Pero especialmente
ha reiterado su llamada a vivir la COMUNIÓN
entre los miembros de la Iglesia Católica,
independientemente de la pertenencia a movimientos,
asociaciones y comunidades. Él ha ejercido
con reiteración el quehacer encargado
por el Señor al Papa: cuidar la fe y
fortalecer la comunión.
Por todo, damos
gracias a Dios. Os invito a vivir esta oración
en algunos de los templos de la ciudad y de
los pueblos, en vuestras casas respectivas.
Dedicar unos minutos de silencio y de oración
agradecida por Juan Pablo II.
En segundo lugar,
oremos por los Cardenales que deben elegir al
nuevo Obispo de Roma y Sucesor de San Pedro,
al nuevo Papa. Que acojan con libertad interior
la ayuda del Espíritu que les haga designar
a quien mejor pueda en estos momentos ejercer
como Pastor de la Iglesia Universal. Que nos
ayude a vivir la fidelidad al Evangelio en medio
de un mundo de cambios tan profundos y que nos
impulse a fortalecer la dimensión evangelizadora
de la comunidad cristiana, según el mandato
del Señor: "Id al mundo entero".
Unidos en la
oración y en la reiterada gratitud a
Juan Pablo II, os bendice
Mons. Antonio
Dorado Soto,
Obispo de Málaga