Comunicado
del Obispo de Orihuela-Alicante

Mons.
Vitorio Oliver Domingo,
Obispo
de Orihuela-Alicante
Os comunico con dolor y sentimiento, con esperanza
también, la noticia que ya
conocéis: el Papa Juan Pablo II ha muerto.
Descanse en
la paz del Señor resucitado el Santo
Padre Juan Pablo II, que ha sido llamado por
Dios. Descanse en paz y que viva para siempre
con Cristo, a quien ha querido apasionadamente.
La oración
que os pido por el Santo Padre es, ante todo,
de acción de gracias a Dios por su vida
larga y limpiamente entregada, por su impresionante
servicio a Dios, a Jesús, a la Iglesia
y, por eso, a la humanidad entera.
Al escribir
estas líneas, reviven en mi nombres que
me evocan su recuerdo: pastor, misionero, hombre,
coherente, de hondas convicciones, filósofo,
poeta, obrero, ecuménico, la misericordia,
Europa, el mundo, el mundo obrero y de los pobres,
la Iglesia, el Concilio, el Jubileo, el tercer
milenio, la paz. El creyente.
Yo veo en el
centro de su exuberante vida a Cristo. “¿Me
amas?” le preguntó el Señor
como a San Pedro y le amó con todo su
corazón. Llamaba a Cristo Redentor, ese
título que tan fuertemente une a Jesús
con el hombre. Es la consecuencia nítida
del amor verdadero a Cristo: el amor al hombre.
El escribirá convencido que a Cristo
y a la Iglesia sólo se va por el hombre
y que no hay atajos.
Defendió
al hombre siempre, su vida intocable, su dignidad
sublime, la familia y el matrimonio, el trabajo
digno, su libertad y le recordó su fin
trascendente. Recorrió miles de kilómetros
para encontrarse con las comunidades y para
encontrarse con los hombres.
Hoy lo recuerdan
en los cinco continentes y tiene asegurada la
estima y la oración de judíos
y musulmanes, de hombres del mundo entero. Amó
a los jóvenes, que se sabían queridos
por el Papa. Nunca les ocultó la grandeza
de su vocación cristiana, que tiene muy
claras exigencias.
Así
vivió su servicio a la Iglesia y, con
el Concilio, la acercó sin miedo al mundo.
La fuerza del Señor le llevaba a decir
la verdad de Dios al hombre y a tomar en sus
manos los temas más graves.
Jesús
habló de “su hora”. Su hora
era la pasión, la cruz, con la resurrección.
Nos faltaba esta imagen del Papa de las multitudes.
Hemos visto la cruz en su cuerpo atravesado
por una bala, la cruz en su rostro y en su impotencia.
No la ha ocultado. Hemos visto su humanidad.
Hoy está celebrando su hora en plenitud.
Para siempre ha cruzado el umbral de la esperanza.
Nos deja un
hueco impresionante. Sentimos orfandad porque
el pueblo lo quiso y se lo demostró.
Su muerte ha
estado bien teñida de serena esperanza.
Resuena el eco de su voz: ¡No tengáis
miedo! Y, por último, también
con su muerte nos lleva a Cristo el Señor.
Los superiores pasan y debemos recordarlos.
Pero Jesucristo es hoy, es ayer, es para siempre.
A él la gloria en la Iglesia por su servidor
bienamado Juan Pablo II. Ha muerto mientras
lo encomendábamos ante la imagen de la
Virgen Nuestra Señora del Remedio.
“Ruega
por el mundo que amaste, Papa Juan Pablo. Ruega
por la Iglesia a la que quisiste y serviste.
Enhorabuena. Vives con Cristo. Descansa en su
paz. Con mi Iglesia te lo hace llegar tu hermano
en el Señor”.
Mons. Vitorio
Oliver Domingo,
Obispo de Orihuela-Alicante