Juan Pablo II
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Juan Pablo II [16-X-1978 / 02-IV-2005]       

Comunicado del Obispo de Orihuela-Alicante

 


Mons. Vitorio Oliver Domingo,
Obispo de Orihuela-Alicante


Os comunico con dolor y sentimiento, con esperanza también, la noticia que ya
conocéis: el Papa Juan Pablo II ha muerto.

Descanse en la paz del Señor resucitado el Santo Padre Juan Pablo II, que ha sido llamado por Dios. Descanse en paz y que viva para siempre con Cristo, a quien ha querido apasionadamente.

La oración que os pido por el Santo Padre es, ante todo, de acción de gracias a Dios por su vida larga y limpiamente entregada, por su impresionante servicio a Dios, a Jesús, a la Iglesia y, por eso, a la humanidad entera.

Al escribir estas líneas, reviven en mi nombres que me evocan su recuerdo: pastor, misionero, hombre, coherente, de hondas convicciones, filósofo, poeta, obrero, ecuménico, la misericordia, Europa, el mundo, el mundo obrero y de los pobres, la Iglesia, el Concilio, el Jubileo, el tercer milenio, la paz. El creyente.

Yo veo en el centro de su exuberante vida a Cristo. “¿Me amas?” le preguntó el Señor como a San Pedro y le amó con todo su corazón. Llamaba a Cristo Redentor, ese título que tan fuertemente une a Jesús con el hombre. Es la consecuencia nítida del amor verdadero a Cristo: el amor al hombre. El escribirá convencido que a Cristo y a la Iglesia sólo se va por el hombre y que no hay atajos.

Defendió al hombre siempre, su vida intocable, su dignidad sublime, la familia y el matrimonio, el trabajo digno, su libertad y le recordó su fin trascendente. Recorrió miles de kilómetros para encontrarse con las comunidades y para encontrarse con los hombres.

Hoy lo recuerdan en los cinco continentes y tiene asegurada la estima y la oración de judíos y musulmanes, de hombres del mundo entero. Amó a los jóvenes, que se sabían queridos por el Papa. Nunca les ocultó la grandeza de su vocación cristiana, que tiene muy claras exigencias.

Así vivió su servicio a la Iglesia y, con el Concilio, la acercó sin miedo al mundo. La fuerza del Señor le llevaba a decir la verdad de Dios al hombre y a tomar en sus manos los temas más graves.

Jesús habló de “su hora”. Su hora era la pasión, la cruz, con la resurrección. Nos faltaba esta imagen del Papa de las multitudes. Hemos visto la cruz en su cuerpo atravesado por una bala, la cruz en su rostro y en su impotencia. No la ha ocultado. Hemos visto su humanidad. Hoy está celebrando su hora en plenitud. Para siempre ha cruzado el umbral de la esperanza.

Nos deja un hueco impresionante. Sentimos orfandad porque el pueblo lo quiso y se lo demostró.

Su muerte ha estado bien teñida de serena esperanza. Resuena el eco de su voz: ¡No tengáis miedo! Y, por último, también con su muerte nos lleva a Cristo el Señor. Los superiores pasan y debemos recordarlos. Pero Jesucristo es hoy, es ayer, es para siempre. A él la gloria en la Iglesia por su servidor bienamado Juan Pablo II. Ha muerto mientras lo encomendábamos ante la imagen de la Virgen Nuestra Señora del Remedio.

“Ruega por el mundo que amaste, Papa Juan Pablo. Ruega por la Iglesia a la que quisiste y serviste. Enhorabuena. Vives con Cristo. Descansa en su paz. Con mi Iglesia te lo hace llegar tu hermano en el Señor”.

Mons. Vitorio Oliver Domingo,
Obispo de Orihuela-Alicante

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