Juan Pablo II
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Juan Pablo II [16-X-1978 / 02-IV-2005]       

(Versión completa de la celebración de la misa en italiano)
(Homilía del Cardenal Ratzinger en español)

Viernes 8 de abril de 2005, a las 10 horas, sobre el Sagrado de la Basílica Patriarcal Vaticana será celebrada la Santa Misa exequial por Juan Pablo II.

La Iglesia se une en torno a los restos mortales de Aquel que ha sido por muchos años su Pastor, a fin de que rescatado de la muerte sea acogido en la Paz de Dios y su cuerpo resucitado en el último día con todos los santos.


La liturgia exequial será celebrada por los Cardenales y por los Patriarcas de las Iglesias Orientales. Presidirá la concelebración el Señor Cardenal Joseph Ratzinger, Decano del Colegio Cardenalicio.

Al término de la celebración eucarística tendrá lugar la Ultima Recomendación y la Despedida . El féretro del Romano Pontífice será llevado a la Basílica Vaticana y por tanto a las Grutas Vaticanas para la sepultura.

Los Eminentisimos Cardenales que tomarán parte en la solemne concelebración deberán encontrarse a las 9.30 horas en la capilla de San Sebastián para revestirse con los hábitos sagrados llevando consigo la mitra blanca damascada.


Todos aquellos que, en conformidad al Motu Proprio “Pontificalis Domus” , componen la Capilla Pontificia y deben participar en la celebración litúrgica, deberán atenerse a las siguientes indicaciones:

1.- Los Patriarcas, los Arzobispos y los Obispos sobre la sotana propia se colocarán el roquete de puntilla y la muceta.

2.- Los Arzobispos y los Obispos de las Iglesias Orientales: el propio hábito coral

3.- Los Abades y los Religiosos: el propio hábito coral

4.- Los Prelados: el roquete y la manteleta o sobrepelliz, sobre la sotana morada con fajín morado, según propio grado

5.- Los Capellanes de Su Santidad: el roquete o sobrepelliz sobre la sotana “filettata” con fajín morado

6.- Los Párrocos de Roma: el roquete o sobrepelliz y la estola roja

Ciudad del Vaticano, 4 de abril de 2005

Por mandato del Colegio Cardenalicio

+ PIERO MARINI
Arzobispo Tit. De Martirano
Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias


MISA EXEQUIAL Y SEPULTURA DE LOS RESTOS MORTALES
DEL ROMANO PONTÍFICE
JUAN PABLO II

PLAZA DE SAN PEDRO, VIERNES 8 DE ABRIL DE 2005

RITO DE LAS EXEQUIAS DEL ROMANO PONTÍFICE

PREMISAS


1.- En el rito de las exequias la Iglesia manifiesta su fe en la victoria de Cristo resucitado sobre el pecado y la muerte. Tal fe se expresa en modo particular en las exequias del Romano Pontífice, que con motivo del ministerio desempeñado por él en la Iglesia, ha confirmado en la fe a todos los Pastores y a los fieles.

2.- Al anuncio de la muerte del Sumo Pontífice la Iglesia que está en Roma y en las diversas partes del mundo eleva al Padre, Señor de la vida y de la muerte, una intensa oración de agradecimiento, por el bien que el difunto Pontífice ha realizado a favor de la Iglesia y de la Humanidad, de sufragio y de súplica, para que él sea acogido por el Señor en la morada de la luz y de la paz junto con todos los santos, en espera de que se cumpla la beata esperanza.

3.- En la oración se recomienda a Dios a la Santa Iglesia, privada del Romano Pontífice, para que se entregue con confiado abandono a Cristo, Supremo Pastor, que a ella ha prometido su permanente presencia y asistencia.

Se recuerda también a aquellos que por razones de parentesco, de servicio o de colaboración han estado más cercanos al Sumo Pontífice difunto. Para todos, esta es ocasión para reavivar la esperanza de la vida eterna y testimoniar la fe en la futura resurrección con Cristo.

4.- El cuerpo del Sumo Pontífice difunto que con los sacramentos de la iniciación cristiana se ha convertido en templo del Espíritu Santo y con el Sacramento del Orden episcopal se ha dedicado totalmente al servicio del pueblo de Dios, es rendido en debido honor, según la usanza y la tradición cristiana, pero sobre todo con motivo de la fe en la vida eterna y en la resurrección de la carne. Esto se hace en algunos momentos significativos: en la aceptación de la muerte, en la exposición de los restos mortales en la Casa Pontificia, en su solemne traslado, a la Basílica Vaticana, en la colocación en el féretro, en la misa exequial con la última recomendación y la despedida, en el traslado al sepulcro y en la inhumación.

MISA EXEQUIAL

La Misa exequial, en la que tiene lugar la sepultura del Romano Pontífice Juan Pablo II es precedida de la colocación de los restos mortales del Pontífice difunto en el féretro; después de la Misa tiene lugar el traslado al Sepulcro y la sepultura. A estas dos partes del rito está prevista la participación de un reducido número de personas .

COLOCACIÓN DE LOS RESTOS MORTALES DEL ROMANO PONTÍFICE EN EL FÉRETRO

Antes de la misa exequial , los restos mortales del Pontífice difunto son colocados en una caja de madera de ciprés. Está se cierra en presencia del Cardenal Camarlengo, de los cardenales Cabezas de Órdenes, del Cardenal Arcipreste de la Basílica Vaticana, del Cardenal todavía Secretario de Estado, del Cardenal Vicario para la Diócesis de Roma, del Sustituto de la Secretaria de Estado, del Prefecto de la Casa Pontificia, del Limosnero del Sumo Pontífice, del Vice Camarlengo, de una representación de los Canónigos de la Basílica de San Pedro, el Secretario del Sumo Pontífice, vestidos del hábito coral, y de los familiares del difunto.

El cardenal Camarlengo introduce el rito de la Clausura del féretro con estas palabras:

Fratres et sorores carissimi, in nomine Domini huc convenimus ad quædam pietatis officia adimplenda ante Missam exsequialem pro Romano Pontifice Ioanne Paulo. Queridos hermanos y hermanas, estamos aquí reunidos para cumplir con algunos actos de humana piedad, antes de la Misa exequial del Romano Pontífice Juan Pablo II.
Eius corpore mortali in capsa deposito, rogitum legemus quod defuncti Pontificis commemorat vitam et opera præcipua, pro quibus gratias Deo Patri persolvimus. Después de haber colocado en el féretro su cuerpo mortal, leeremos el Rogitum o Escritura Notarial que recuerda la vida y las obras más importantes del difunto Pontífice, por los cuales damos gracias a Dios.
Vultum Defuncti reverenter operiemus, fulti spe eum Patris vultum posse contemplari et beatæ Virginis Mariæ omniumque Sanctorum frui consortio. Cubriremos su rostro con respeto y veneración, con la viva esperanza de que pueda contemplar el rostro del Padre, junto con la Santísima Virgen María y todos los Santos.

El Maestro de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice hace la lectura del Rogitum, cuyos ejemplares serán firmados por los presentes.

Entre tanto, se canta la antífona:

Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuando volveré a ver el rostro de Dios?

Y, según la ocasión, se canta un salmo adecuado.

El cardenal Camarlengo invita a los presentes a la oración diciendo:

Oremus.

Y todos oran un momento en silencio

Después el cardenal Camarlengo prosigue:

Omnipotens sempiterne Deus, vitæ et mortis Domine, speramus et credimus vitam Summi Pontificis Ioannis Pauli nunc in te absconditam esse. Dios omnipotente y eterno, Señor de la vida y de la muerte, nosotros esperamos y creemos que la vida del Santo Padre Juan Pablo II está ahora escondida en Ti.
Vultus eius, cui lumen huius mundi evanuit, vera luce quæ ex te, indeficienti fonte, manat, iugiter collustretur. Su rostro, que ha dejado la luz de este mundo, sea iluminado para siempre por la verdadera luz que tiene en ti la fuente inagotable.
Vultus eius, qui tua itinera est perscrutatus ut ea Ecclesiæ ostenderet, tuum paternum vultum videat. Su rostro, que ha escrutado tus caminos para mostrarlos a la Iglesia, vea ahora tu rostro paterno.
Vultus eius, qui e nostro conspectu discedit, pulchritudinem tuam contempletur et gregem tibi, æterno Pastori, commendet. Qui vivis et regnas per omnia sæcula sæculorum. Su rostro, que es sustraído de nuestra vista contemple tu belleza y encomiende su rebaño a ti, eterno Pastor, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

El Maestro de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice y el Secretario del Sumo Pontífice, extienden el velo de seda blanca sobre el rostro del difunto. Después el cardenal Camarlengo asperge sus restos mortales con el agua bendita.

El Maestro coloca en el féretro la bolsa con la medalla acuñada durante el Pontificado del Pontífice difunto y el tubo con el Rogitum, después de haberlo sellado con el sello de la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice.

Mientras el féretro se cierra se proclama el Salmo 41 (42).

SALMO 41 (42), 2-6

Como busca la cierva
corrientes de agua, así mi alma te busca
a ti, Dios mío;

tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro de Dios?

Las lágrimas son mi pan
noche y día,
mientras todo el día me repiten:
“¿Dónde está tu Dios”?

Recuerdo otros tiempos,
y desahogo mi alma conmigo
cómo marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta.

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
“Salud de mi rostro, Dios mío”

Cuando mi alma se acongoja
te recuerdo
desde el Jordán y el Hermón
y el Monte Menor

Una sima grita a otra sima
con voz de cascadas:
tus torrentes y tus olas
me han arrollado.

De día el Señor
me hará misericordia,
de noche cantaré la alabanza
del Dios de mi vida

Diré a Dios “Roca mía,
¿por qué me olvidas?
¿por qué me voy andando, sombrío,
hostigado por mi enemigo?”

Se me rompen los huesos
por las burlas del adversario;
todo el día me preguntan:
“¿Dónde está tu Dios”?

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
“Salud de mi rostro, Dios mío”

 

CELEBRACIÓN DE LA MISA
(Ofrecemos aquí la liturgía de la Palabra, si alguien desea
el texto completo de la celebración de la Misa lo
puede encontrar en la página Web de la Santa Sede)

LITURGIA DE LA PALABRA

Primera Lectura

Lectura de los Hechos de los Apóstoles. 10, 34-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: «Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas anunciando la paz por Jesucristo el Señor de todos.

Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él.

Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección. Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados».

Verbum Domini R/. Deo gratias.

Salmo Responsorial 22 (23)

El Señor es mi pastor, nada me falta:
En verdes praderas me hace recostar;

me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.

Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.

Segunda Lectura

De la carta de San Pablo a los Filipenses 3,20-4,1

Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde esperamos un Salvador: al Señor Jesucristo, que transformará nuestro humilde cuerpo conforme a su cuerpo glorioso en virtud del poder que tiene para someter a sí todas las cosas.

Así que, hermanos míos amadísimos y muy deseados, mi alegría y mi corona, perseverad firmes en el Señor, carísimos.

Evangelio

Evangelio según San Juan 21,15-19

Cuando hubieron comido, dijo Jesús a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que a éstos? Él le dijo: Sí, Señor, tú sabes que te amo. Díjole: Apacienta mis corderos. Por segunda vez le dijo: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pero le respondió: Sí, Señor, tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. Por tercera vez le dijo: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntase: ¿me amas? Y le dijo: Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo. Díjole Jesús: Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: Cuando eras joven, tú te ceñías e ibas donde querías; cuando envejezcas, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras. Esto lo dijo indicando con qué muerte había de glorificar a Dios. Después añadió: "Sígueme"

Verbum Domini R/. Deo gratias.


 

Finalmente, mientras la féretro se coloca en el sepulcro, se canta

Salve, Regina, mater misericordiæ;
vita dulcedo et spes nostra, salve.
Ad te clamamus, exsules filii Evæ.
Ad te suspiramus, gementes et flentes
in hac lacrimarum valle.
Eia ergo, advocata nostra,
illos tuos misericordes oculos ad nos converte.
Et Iesum, benedictum fructum ventris tui,
nobis post hoc exsilium ostende.
O clemens, o pia, o dulcis Virgo Maria.

Salve, Regina, madre di misericordia,
vita, dolcezza e speranza nostra, salve.
A te ricorriamo, esuli figli di Eva;
a te sospiriamo, gementi e piangenti
in questa valle di lacrime.
Orsù dunque, avvocata nostra,
rivolgi a noi gli occhi tuoi misericordiosi.
E mostraci, dopo questo esilio, Gesù,
il frutto benedetto del tuo seno.
O clemente, o pia, o dolce vergine Maria.

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