|
EL
PAPA AGRADECE EL SERVICIO
DE LOS MEDIOS A LA IGLESIA

Sábado
23 de abril de 2005
[En italiano]
¡Ilustres señores,
gentiles señoras!
1. Me encuentro con vosotros
con mucho gusto y os saludo periodistas, fotógrafos,
operadores televisivos y a cuantos, de diferentes
maneras, pertenecéis al mundo de la comunicación.
Gracias por vuestra visita y particularmente por
el servicio que habéis ofrecido en estos
días a la Santa Sede y a la Iglesia católica.
Dirijo un cordial saludo a monseñor John
Patrick Foley, presidente del Consejo Pontificio
de las Comunicaciones Sociales, y le doy las gracias
por las palabras que me ha dirigido en nombre
de los presentes.
Se puede decir que, gracias a
vuestro trabajo, durante varias semanas, la atención
de todo el mundo ha permanecido fija sobre la
basílica, la plaza de San Pedro y el Palacio
Apostólico, en el que mi predecesor, el
inolvidable Papa Juan Pablo II cerró serenamente
su existencia terrena, y donde, a continuación,
en la Capilla Sextina, los señores cardenales
me eligieron como su sucesor.
[En inglés]
2. Gracias a todos vosotros,
estos acontecimientos eclesiales de importancia
histórica han tenido también una
cobertura mundial. Sé muy bien cuánto
esfuerzo ha supuesto para vosotros, obligados
a estar lejos de vuestra familia y de vuestros
hogares, trabajando con horarios prolongados y
en condiciones a veces difíciles. Soy consciente
de la competencia y la dedicación con que
habéis llevado a cabo esta exigente tarea.
Quiero daros las gracias por todo personalmente
y, en especial, en nombre de los católicos
que viviendo en países muy distantes de
Roma, han podido compartir estos momentos emocionantes
de fe en tiempo real. ¡Las posibilidades
que nos ofrecen los modernos medios de comunicación
son realmente maravillosas y extraordinarias!
El Concilio Vaticano II habló
de las grandes potencialidades de los medios de
comunicación. De hecho, los padres conciliares
dedicaron su primer documento a este tema y dijeron
que los medios de comunicación «por
su naturaleza, pueden llegar no sólo a
los individuos, sino también a las multitudes
y a toda la sociedad humana» («Inter
mirifica», 1). Desde el 4 de diciembre de
1963, cuando el decreto «Inter mirifica»
fue promulgado, la humanidad ha sido testigo de
una extraordinaria revolución mediática,
que afecta a cada uno de los aspectos de las vida
humana.
[En francés]
3. Consciente de su misión
y de la importancia de los medios de comunicación,
la Iglesia ha promovido la colaboración
con el mundo de la comunicación social,
especialmente a partir del Concilio Vaticano II.
Sin duda, el Papa Juan Pablo II ha sido un gran
artífice de este diálogo abierto
y sincero, manteniendo durante más de 26
años de pontificado relaciones constantes
y fecundas con vosotros, que estáis comprometidos
en las comunicaciones sociales. Quiso dirigir
uno de sus últimos documentos a los responsables
de las comunicaciones sociales, la carta apostólica
del 24 de enero en la que recuerda que vivimos
en la «época de comunicación
global, en la que muchos momentos de la existencia
humana se articulan a través de procesos
mediáticos, o por lo menos, con ellos se
deben confrontar» («El rápido
desarrollo», n. 3).
Deseo continuar este diálogo
fecundo y comparto lo que decía el Papa
Juan Pablo II sobre el hecho de que el «fenómeno
actual de las comunicaciones sociales estimula
a la Iglesia hacia una especie de revisión
pastoral y cultural que le haga capaz de afrontar,
de manera adecuada, el cambio de época
que estamos viviendo» (ibídem, n.
8).
[En alemán]
4. Para que los medios de comunicación
social puedan ofrecer un servicio positivo al
bien común, es necesario la aportación
responsable de todos y de cada uno. Es necesaria
una comprensión cada vez mayor de las perspectivas
y de las responsabilidades que comporta su desarrollo
ante las repercusiones que tienen para la conciencia
y la mentalidad de los individuos, así
como para la formación de la opinión
pública. No se puede dejar de resaltar
la necesidad de referirse claramente a la responsabilidad
ética de los que trabajan en ese sector,
especialmente en lo que respecta a la búsqueda
sincera de la verdad y la salvaguardia de la centralidad
y de la dignidad de la persona. Sólo con
estas condiciones los medios de comunicación
pueden responder al designio de Dios que les ha
puesto a nuestra disposición «para
descubrir, usar, dar a conocer la verdad, incluso
la verdad sobre nuestra dignidad y nuestro destino
de hijos suyos, herederos del Reino eterno»
(ibídem, 14).
[En italiano]
5. Ilustres señores,
gentiles señoras: os doy de nuevo las gracias
por el importante servicio que ofrecéis
a la sociedad. Que llegue a cada uno mi cordial
aprecio, asegurando un recuerdo en mi oración
por todas vuestras intenciones. Extiendo mi saludo
a vuestras familias y a quienes forman parte de
vuestras comunidades de trabajo. Por intercesión
de la celestial Madre de Dios, invoco abundantes
dones de Dios para cada uno de vosotros, en prenda
de los cuales os imparto a todos bendición.
Traducción
del original en varios idiomas realizada por Zenit
|