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AVIVAR
LAS RAÍCES CRISTIANAS
Nota
del Comité Ejecutivo de
la Conferencia Episcopal Española
tras la Visita Apostólica del Santo
Padre
La
Visita del Santo Padre a España en los
pasados días 3 y 4 de mayo ha sido un
acontecimiento de gracia y salvación.
El Señor nos lo ha concedido generosamente
como regalo pascual respondiendo a nuestra
plegaria por el fruto espiritual de la
Visita.
Gracias
sean dadas al Padre de quien procede todo
don, porque nos ha permitido a los católicos,
y a muchos hombres y mujeres de buena
voluntad, disfrutar una vez más de la
presencia del Papa, escuchar su palabra
evangélica y sentirnos fortalecidos en
la comunión eclesial, alentados en la
fe e impulsados a un nuevo y más vigoroso
compromiso apostólico.
Gracias
sean dadas a Jesucristo, de quien el Papa,
como hiciera el Apóstol San Pedro tras
la Resurrección del Señor, nos ha dado
testimonio con mucho valor, invitándonos
a ser sus testigos y proclamando que "Cristo
es la respuesta verdadera a todas las
preguntas sobre el hombre y su destino"
y que "vale la pena dedicarse
a la causa de Cristo y por amor a Él consagrarse
al servicio del hombre" (Discurso
a los jóvenes, 4 y 5).
Gracias
sean dadas al Espíritu Santo, que santifica
y rejuvenece a la Iglesia, por los cinco
españoles contemporáneos nuestros -Pedro
Poveda, José María Rubio, Genoveva Torres,
Ángela de la Cruz y Maravillas de Jesús-
que el Papa Juan Pablo II ha inscrito
en el catálogo de los Santos en la solemne
Eucaristía del domingo ante más de un
millón de personas, al tiempo que nos
exhortaba a imitar sus admirables ejemplos
de santidad, fruto de "la acción
del Espíritu Santo, que ha suscitado en
ellos una adhesión inquebrantable a Cristo
crucificado y resucitado y el propósito
de imitarlo" (Homilía en la plaza
de Colón, 5).
Los
miembros del Comité Ejecutivo de la Conferencia
Episcopal Española, en nombre de todos
nuestros hermanos Obispos de España, queremos
manifestar nuestra gratitud emocionada
al Santo Padre, que en su solicitud por
todas las Iglesias acogió desde el principio
con sumo interés nuestra invitación, y
durante estos días nos ha dado tantas
muestras de afecto entrañable y orientaciones
preciosas para el futuro de la Iglesia
en España. Su cercanía física y espiritual
nos ha ayudado a fortalecer "los
lazos de unidad, de amor y de paz"
(LG 22) con el Vicario de Cristo y Cabeza
visible de toda la Iglesia.
Queremos
manifestar también nuestro agradecimiento
sincero a Sus Majestades los Reyes de
España y a la Familia Real, que tantos
detalles de afecto y respeto han tenido
con el Santo Padre; al Gobierno de España,
a las administraciones autonómica y municipal
de Madrid y a los servidores del orden,
cuya eficaz y generosa colaboración ha
sido decisiva para el feliz resultado
que todos celebramos. Nuestra gratitud
a todos los representantes de las altas
instituciones del Estado, que han tenido
a bien participar en los actos presididos
por el Papa.
En
este capítulo de agradecimientos no podemos
olvidar la colaboración entusiasta del
personal de la Conferencia Episcopal y
de la Comisión para la Visita del Papa
del Arzobispado de Madrid, el quehacer
abnegado de los Delegados Diocesanos para
la Visita y de los responsables de la
Pastoral de Juventud de todas las diócesis
de España. No olvidamos el servicio impagable
que nos han prestado los miles de voluntarios
que tan eficazmente han trabajado en la
preparación y desarrollo de este gran
acontecimiento eclesial, así como la generosidad
de instituciones y particulares que han
querido colaborar con sus aportaciones
económicas. No olvidamos tampoco la colaboración
importante de los medios de comunicación
social, que en buena medida han tratado
la Visita del Santo Padre con objetividad,
respeto y afecto. Mención especial merece
Radio Televisión Española, que no ha escatimado
medios para hacer presente la voz, la
imagen y el mensaje del Papa en España
y en el mundo.
El
cariño, afecto y devoción que tantos miles
de jóvenes y adultos han manifestado al
Santo Padre, la numerosísima participación
en los actos programados y los altos índices
de audiencia de las transmisiones por
radio y televisión, nos llena de alegría
y confianza, al comprobar que los corazones
de muchos españoles siguen abiertos a
la persona de Jesucristo y a la luz del
Evangelio.
Junto
a estos sentimientos de gratitud, abrigamos
la esperanza de que la buena semilla,
que el Papa ha sembrado con su palabra
y el testimonio de su vida, fructifique
generosamente entre nosotros. Es responsabilidad
nuestra cuidarla, abonarla y regarla como
servidores de la heredad del Señor. Tenemos
todavía grabado en el alma el mensaje,
lleno de fe y de vigor religioso, que
dirigió a los numerosísimos jóvenes presentes
en el encuentro inolvidable de Cuatro
Vientos, tan pleno de emociones, de sintonía
de afectos y de pensamientos, de alegría
y esperanza pascual, de gozo en el Espíritu.
Recordamos conmovidos su llamada a la
interioridad y a la contemplación, al
estilo de la Virgen María, porque "sin
interioridad la cultura carece de entrañas";
su invitación a ser artífices de la verdadera
paz (“testimoniad con vuestra vida
que las ideas no se imponen, sino que
se proponen”) y su exhortación
a hablar de Jesucristo sin miedo ni complejos
y a convertirse en apóstoles de los propios
jóvenes. Recordamos también su invitación
a seguir a Jesucristo en el sacerdocio
o en la vida consagrada, brindándoles
el testimonio personal de sus 56 años
de vida entregada como sacerdote. Todo
ello constituye una pauta imprescindible,
honda y fecunda para nuestra pastoral
juvenil y para nuestro trabajo en el campo
de la promoción vocacional.
De
igual modo, y como regalo precioso de
esta Visita memorable, el Santo Padre
nos deja a los católicos españoles la
exhortación insistente a mantener y avivar
el rasgo más sobresaliente de nuestra
identidad: "¡No rompáis con vuestras
raíces cristianas! Sólo así seréis capaces
de aportar al mundo y a Europa la riqueza
cultural de vuestra historia"
(Homilía en la Eucaristía de Canonizaciones,
5); "así contribuiréis mejor a
hacer realidad un gran sueño: el nacimiento
de la nueva Europa del espíritu, una Europa
fiel a sus raíces cristianas"
(Discurso a los jóvenes, 2); "sois
depositarios de una rica herencia espiritual,
que debe ser capaz de dinamizar vuestra
vitalidad cristiana" (Regina
Coeli). Tenemos aquí marcado el camino
para la auténtica renovación de la Iglesia,
para una nueva primavera de santidad y
de vida cristiana, y para una realización
más honda de nuestro Plan Pastoral. La
savia del catolicismo que a lo largo de
nuestra historia ha generado tantas vidas
heroicas y ha aportado a la Iglesia universal
tantos frutos de cultura, de evangelización
y de servicio al hombre, sigue latiendo
en las raíces más profundas de nuestra
personalidad e identidad cultural. Preciso
es ahora reconocer esa rica savia, apreciarla
y avivarla, de modo que robustezca la
vida interior de nuestras comunidades
y produzca en nuestras diócesis frutos
nuevos de dinamismo pastoral y audacia
evangelizadora en los inicios de este
nuevo Milenio, para gloria de Dios y plenitud
del hombre.
Para
la "tierra de María",
como al Papa le gusta llamar a España,
en el año del Rosario, invocamos la protección
de la Virgen. Le pedimos que nos conceda
el don de la paz y que nos acompañe en
la contemplación del rostro de Cristo
que el Santo Padre nos ha iluminado en
estas jornadas inolvidables. Le pedimos,
por fin, que proteja al Papa y a todos
nos aliente en el camino de la santidad
para ser testigos creíbles de Jesucristo
resucitado con la palabra y con el testimonio
elocuente de la propia vida.
Madrid,
8 de mayo de 2003
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