2 de

FEBRERO

Conferencia EpiscopalConferCedis


"Expertos en comunión:
al servicio de la Iglesia y del mundo"

Por iniciativa del Santo Padre Juan Pablo II, se ha arraigado ya esta Jornada Mundial sobre la Vida Consagrada, en la que dentro del marco litúrgico de la Fiesta de la Presentación del Señor, día 2 de febrero, se celebra en toda la Iglesia un día de acción de gracias y de oración por la fidelidad de tantos hermanos y hermanas que siguen al Señor en los diversos caminos de consagración.

Es, sin duda, un don grande del Señor a su Iglesia el que las distintas formas de seguimiento evangélico de su Persona, han dado lugar a los carismas con los que en su Nombre se sirve al Pueblo de Dios y a la Humanidad.

En frase feliz e incisiva de Juan Pablo II, “se pide a las personas consagradas que sean verdaderamente expertas en comunión, y que vivan la respectiva espiritualidad como testigos y artífices de aquel proyecto de comunión que constituye la cima de la historia del hombre según Dios” (Vita Consecrata 46).

Sin aislamientos y sin confusión, los distintos rostros de Jesús que representan los carismas que su Espíritu ha suscitado en su Iglesia, cuando logran esa comunión fruto de la unidad en Dios, son una bella parábola y el mejor comentario de esa petición a la que el Señor se refería cuando oraba al Padre: “Que todos sean uno… para que el mundo crea” (Jn 17,21).

Esta Jornada Mundial de la Vida Consagrada es una ocasión preciosa para que en cada Diócesis, en cada Parroquia y en cada comunidad religiosa, se dé gracias y se ore por el don que representan los carismas de las distintas familias de vida consagrada, al servicio de la Iglesia y del mundo.

+ Luis Gutiérrez Martín
Obispo Presidente de la Comisión Episcopal
para la Vida Consagrada

VII Jornada Mundial de la Vida Consagrada

La Jornada de la Vida Consagrada, que se celebra cada año el 2 de febrero fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo, es para toda la Iglesia la ocasión de alabar al Señor y agradecerle el don de este estado de vida.

Todos los cristianos tienen una vocación común a la santidad y, como sarmientos de la única vid, están llamados a dar fruto según los carismas particulares y los ministerios con los que el Espíritu Santo les ha dotado.

El 2 de febrero la Iglesia hace memoria del día en que Jesús, primogénito del Padre y de la Familia de Nazaret, hace su ofrenda en el Templo de Jerusalén y somete toda su existencia al Padre. Del mismo modo en este día la vida consagrada quiere renovar su entrega y testimoniar que toda su existencia es una ofrenda constante a Dios para la salvación del mundo.

Junto al Santo Padre en la Basílica de San Pedro, las Consagradas y los Consagrados celebran el misterio del amor del Padre que los ha llamado con una vocación santa, la misericordia de Cristo que les ha consagrado para ser en la Iglesia signo de la radicalidad y profundidad de la vida bautismal, e imploran al Espíritu Santo para que dé fidelidad a su testimonio y abundancia de frutos a su ministerio.

En las Diócesis, reunidos en torno al Obispo, testimonian la unidad en la diversidad de los ministerios y de los carismas que hacen viva la Iglesia. Juntos, Obispos, Presbíteros, Diáconos y Laicos, aprenden a conocer, amar y acoger los ministerios y los servicios que la Vida Consagrada realiza cotidianamente entre ellos y que muestran la extraordinaria grandeza del amor misericordioso de Dios.

En las Parroquias, toda la comunidad eclesial local, reunida en torno a los Ministros Sagrados, presta mayor atención a este particular Estado de Vida en la Iglesia y pide con mayor fuerza al Padre celeste el don de nuevas y santas vocaciones a la Vida Consagrada, a fin de que no falten entre ellos el signo de la presencia de Cristo que por ellos se ha hecho pobre, ha vivido en castidad y ha muerto en obediencia al Padre por sus pecados.

También las comunidades de vida consagrada, especialmente en este día, se abren de modo particular a la acogida y al anuncio humilde y decidido de la propia vocación y consagración, para que los cristianos puedan conocer mejor los servicios y las ocasiones de gracia que por su medio se ofrecen a todo el pueblo de Dios.
El testimonio de la libertad de los bienes de la tierra, de la totalidad de su amor por Cristo, de la alegría de buscar y hacer siempre la voluntad de Dios, son el mejor camino para dar a conocer, apreciar y amar la Vida Consagrada en la Iglesia y entre los hombres.

Congregación para los Institutos de Vida Consagrada
y las Sociedades de Vida Apostólica

Subsidio Litúrgico

FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

Jornada de la Vida Consagrada

Monición presidencial

Hace cuarenta días hemos celebrado, llenos de gozo, la fiesta del Nacimiento del Señor.

Hoy es el día en que Jesús fue presentado en el templo para cumplir la ley, pero sobre todo para encontrarse con el pueblo creyente.

Impulsados por el Espíritu Santo, llegaron al templo los santos ancianos Simeón y Ana que, iluminados por el mismo Espíritu, conocieron al Señor y lo proclamaron con alegría.

En este mismo día la Iglesia universal, por iniciativa del Papa, mira a la vida consagrada y a cada uno de sus miembros como un don de Dios al servicio de la humanidad. Ellos renuevan hoy su consagración por amor a Cristo.

Como los santos ancianos entonces, y en comunión con los consagrados ahora, congregados en una sola familia por el Espíritu Santo, vayamos a la casa de Dios, al encuentro de Cristo. Lo encontraremos y lo conoceremos en la fracción del pan, hasta que vuelva revestido de gloria.

Bendición de las candelas y procesión

Canto procesional

Salmo responsorial

Canto del Aleluya

Después de la homilía, renovación de la Consagración

Presidente

Hermanos y Hermanas:

En la fiesta de la Presentación de Jesús en el templo, os invito a todos a agradecer conmigo al Señor el don de la vida consagrada que el Espíritu Santo ha suscitado en su Iglesia. Vosotros, aquí presentes, consagrados al servicio de Dios en una gran variedad de vocaciones eclesiales, renováis vuestro compromiso de seguir a Cristo casto, pobre y obediente, para que, por medio de nuestro testimonio evangélico, la presencia de Cristo Señor, luz de los pueblos, resplandezca en la Iglesia e ilumine al mundo.

(Todos oran en silencio durante algún tiempo)

Presidente

Bendito seas, Señor, Padre santo, porque en tu infinita bondad, con la inspiración del Espíritu, siempre has llamado a hombres y mujeres que, consagrados en el Bautismo, fuesen en la Iglesia signo del seguimiento radical de Cristo, testimonio del Evangelio, anuncio de los valores del Reino, profecía de la Ciudad última y nueva.

Cantor/ responde la asamblea: Te alabamos y te damos gloria, Señor

(I)

Lector 1º
Te glorificamos, Padre y te bendecimos, porque en Jesucristo, hijo de la Virgen Madre, nos diste un modelo supremo de amor consagrado: Él, Cordero inocente, vivió amándote y amando a los hermanos, murió perdonando y abriendo las puertas del Reino.

Lectora 1ª
Gracias, Padre, por el don de Cristo, esposo virgen de la Iglesia virgen. Felices, confirmamos hoy nuestro compromiso de tener nuestro cuerpo casto y nuestro corazón puro, de vivir con amor indiviso para tu gloria y la salvación del hombre.

Cantor/ responde la asamblea
Te alabamos y te damos gloria, Señor.

(II)

Lectora 2ª
Te glorificamos, Padre, y te bendecimos, porque en Jesucristo, nuestro hermano, nos has dado el ejemplo más grande de la entrega de sí: Él, que era rico, por nosotros se hizo pobre, proclamó bienaventurados a los que tienen espíritu de pobre y abrió a los pequeños los tesoros del Reino.

Lector 2º
Gracias, Padre, por el don de Cristo, Hijo del hombre, paciente y humilde, pobre, que no tiene dónde reclinar la cabeza. Felices, confirmamos hoy nuestro compromiso de vivir con sobriedad y austeridad, de vencer el ansia de la posesión con el gozo de la entrega, de utilizar los bienes del mundo por la causa del Evangelio y la promoción del hombre.

Cantor/ responde la asamblea
Te alabamos y te damos gloria, Señor.

(III)

Lector 3º
Te glorificamos, Padre y te bendecimos, porque en Jesucristo, tu Hijo, nos has dado la imagen perfecta del servidor obediente. Él hizo de tu voluntad su alimento, del servicio la norma de vida, del amor la ley suprema del Reino.

Lectora 3ª
Gracias, Padre, por el don de Cristo, Hijo de tu Sierva, servidor obediente hasta la muerte. Con gozo confirmamos hoy nuestro compromiso de obediencia al Evangelio, a la voz de la Iglesia, a nuestra regla de vida.

Cantor/ responde la asamblea
Te alabamos y te damos gloria, Señor.

Presidente
Mira, bondadoso, Señor, a estos hijos tuyos y a estas hijas tuyas: firmes en la fe y alegres en la esperanza, sean, por tu gracia, un reflejo de tu luz, instrumentos del Espíritu de paz, prolongación entre los hombres de la presencia de Cristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

La asamblea canta el Amén

Oración de los fieles

Presidente

Invoquemos a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, por intercesión de Santa María, la Virgen y Madre de Cristo y de la Iglesia.

Por el Santo Padre Juan Pablo II, para que el Señor le conceda salud y fortaleza en la solicitud pastoral por todas las Iglesias. Roguemos al Señor.

- Te rogamos, óyenos.

Por nuestro obispo diocesano y por todos los obispos, sacerdotes y diáconos, para que en ayuden a los consagrados a vivir su carisma en cada iglesia particular como “expertos en comunión”. Roguemos al Señor.

- Te rogamos, óyenos.

Por los religiosos, los miembros de institutos seculares y de sociedades de vida apostólica, las vírgenes seglares consagradas, para que del encuentro con Cristo reciban los frutos de santidad que muestren al mundo el rostro del Hijo de Dios. Roguemos al Señor.

- Te rogamos, óyenos.

Por los Monasterios de vida contemplativa y los eremitas, para que en la alabanza coral de Dios, la oración silenciosa y prolongada, el trabajo, el sacrificio y la entrega de sus vidas, fecunden a toda la Iglesia por su amor esponsal con Jesucristo. Roguemos al Señor.

- Te rogamos, óyenos.

Por los ancianos, enfermos y todos los que sufren, a quienes la Iglesia pone a nuestro cuidado, para que acudamos en su ayuda con creatividad apostólica y con amor evangélico sirviendo en ellos al mismo Señor. Roguemos al Señor.

- Te rogamos, óyenos.

Por los niños y los jóvenes, para que reciban la transmisión de la fe con acogida cordial y sean generosos en las respuestas a las llamadas de Dios. Roguemos al Señor.

- Te rogamos, óyenos.

Por todos los pueblos, para que desaparezcan el terrorismo, la violencia y las guerras, y todos vivamos en la paz de Dios. Roguemos al Señor.

- Te rogamos, óyenos.

Por todos nosotros, que celebramos esta acción de gracias por la vida consagrada en la Iglesia, para todos seamos uno y el mundo crea en nuestro único Salvador. Roguemos al Señor.

- Te rogamos, óyenos.

Escucha, Padre, nuestra oración, para que, con tu gracia, en medio de las angustias y las esperanzas de este mundo, llevemos la luz de Cristo y de la Iglesia con nuestras palabras y obras a todas las gentes. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.


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