Octava de la Natividad del Señor. Santa María, Madre de Dios

Octava de la Natividad del Señor. Santa María, Madre de Dios

En la liturgia de este día primero del año celebramos la Octava de la Natividad del Señor—a los ocho días circuncidaron al Niño y le pusieron por nombre Jesús, que significa Dios es Salvación— (Ev.) con la solemnidad de la maternidad divina de la Virgen María. De ella nació el enviado por Dios, el Hijo (cf. 2 lect.), la segunda Persona de la Santísima Trinidad, hecho hombre, por lo que puede ser proclamada con toda propiedad como Madre de Dios y Madre de la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo (cf. oración después de la comunión). La primera lectura y el salmo responsorial hacen referencia a la bendición de Dios sobre su pueblo que deseamos en este comienzo de un nuevo año. (Comentario del Calendario Litúrgico-Pastoral 2019-2020).

 

 

Aleluya, aleluya, aleluya.
En muchas ocasiones habló Dios antiguamente a los padres por los profetas.
En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo. 


Lc 2, 16-21. Encontraron a María y a José y al niño. Y a los ocho días, le pusieron por nombre Jesús

En aquel tiempo, fueron los pastores corriendo y encontraron a María, a José y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel Niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les había dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón. Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al Niño, le pusieron por nombre Jesús. Como lo había llamado el Ángel antes de su concepción.

Otras lecturas del día:

Núm 6, 22-27. Invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré.

El Señor habló a Moisés: «Di a Aarón y a sus hijos, esta es la fórmula con la que bendeciréis a los hijos de Israel: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz”. Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré».

Sal 66. Que Dios tenga piedad y nos bendiga.

Que Dios tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros; 

conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia
y gobiernas las naciones de la tierra.


Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
todos los confines de la tierra.

– Gál 4, 4-7. Envió Dios a su Hijo, nacido de mujer.

Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, 5para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial. 6Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «¡Abba, Padre!». 7Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.



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