La Iglesia cuenta con 92 centros de rehabilitación para drogodependientes en los que se ha podido ayudar a 43.259 personas. Estos datos son algunos de los que se recogen en la Memoria anual de actividades de la Iglesia Católica 2017. Entre estos centros está Basida, donde acogieron a Gregorio «con los brazos abiertos, sin juzgarme”.

Gregorio García Consuegra Díaz del Campo es un hombre de 62 años al que BASIDA salvó la vida. Fue drogodependiente, tuvo problemas con el alcohol y la justicia, y en 2002 le diagnosticaron la enfermedad del VIH. Hoy Gregorio es un hombre nuevo, que trabaja duro y da ejemplo con su testimonio a todos los que le conocen, incluida una servidora.

P – ¿Gregorio, cómo empezó tu calvario?

R – Todo empezó cuando me fui al servicio militar a los 22 años; vine hecho un rebelde. Un pirata. Me junté con mala gente. Empecé con problemas de alcohol, de drogas. Problemas con la justicia, por los que pasé mucho tiempo en prisión. Fue un problema del que no me desaté hasta los 42 años.

P – ¿Cómo fue esa etapa de tu vida?

R – Fue una etapa de mi vida de la que no estoy orgulloso. Había perdido a mi familia, incluso a puntito estuve de perder la vida. Toda mi familia me ha querido muchísimo y siempre tuvieron las puertas abiertas, pero llegó un día en el que ya no podían más. Toqué fondo. Lo he pasado muy mal. He sufrido muchísimo.

P – ¿Qué sentiste cuando te diagnosticaron SIDA en 2002?

R – Estaba en el hospital en un estado ya muy malo. Cuando me lo dijeron sentí que todo se derrumbaba. Fue como la estocada a tantos años de mala vida. Fue entonces cuando la asistente social del hospital me habló de BASIDA.

P – ¿Qué te hizo tomar el camino de acudir a un centro para ser ayudado?

R – Tenía que tomar una decisión: o vuelvo a esa mala vida y me destruyo, o me doy una oportunidad y entro en este centro. A la familia no podía acudir; más bien, no quería molestar a nadie. Así llegué a esta casa en la que llevo casi 16 años.

P – Tuviste que tener mucha fuerza de voluntad para tomar esa decisión. ¿Cuál fue la principal motivación?

R – Recuperar a mi familia. Ese ha sido el motor de mi recuperación.

P – ¿Cómo fue la llegada al centro?

R – Yo llegué muy mal. Apenas podía caminar. Cristina, la directora de entonces, me acogió con los brazos abiertos, sin juzgarme, pese a que conocían todo mi pasado y pese al estigma de mi enfermedad. Nada más entrar por la puerta ya sentí unas vibraciones buenas, una comodidad muy agradable. Me sentí bien.

P – ¿Fue muy duro el proceso?

R – Al principio fue difícil. Tenía que salir de las drogas, del tabaco, del alcohol. Fue muy duro, pero pensé: aquí te ayudan de corazón, es por vocación. Hacen una labor que no me podía imaginar, y sin pedir nada a cambio. Ellos lo dan todo por mí; eso me ayudó a seguir hacia delante.

P – ¿Cómo ha cambiado tu vida?

R – Desde ese día hasta hoy he recuperado a toda mi familia. He aprendido muchísimas cosas. Muchos valores que yo no sabía que tenía. Estas personas me han puesto en el camino. He recuperado el 100% de mi vida.

P – ¿Cómo es tu día a día?

R – Ahora no paro. Me siento útil. Me dedico al mantenimiento de la finca, fontanería, jardín, recados, recogidas, trabajo todo el día y me encanta. Hay veces que me gustaría que el día tuviera 25 horas. Todo lo que hago lo hago con gusto. Y siempre lo haré así, porque me han tratado como si fuera uno de su familia. Lo hago con mucho cariño. Todo lo que pueda aportar es poco porque ellos se lo merecen. Me han cambiado la vida.

P – ¿Qué ambiente hay en la casa?

R – El ambiente es familiar. En realidad somos una gran familia. Cuando llega alguien nuevo, lo primero que hacemos es volcarnos todos con esa persona. Le ayudamos, le enseñamos, hacemos que se sienta bien entre nosotros.

P – ¿Qué os enseñan en BASIDA?

R – Te enseñan a poder desenvolverte en la vida, te enseñan valores, a valorar la vida y ser una buena persona.

P – ¿Alguna vez piensas en vivir en otro lugar?

R – He llegado a pensar que incluso si me tocase la lotería me quedaría aquí y lo repartiría con ellos.

P – ¿Ahora eres feliz?

R – Sí, ahora soy feliz. No sabes lo que agradezco al Señor que me haya podido quitar toda esa mala vida de encima. Ahora soy la persona que yo quiero ser.

María Pellicer
Consultora de marketing y comunicación

BASIDA nace en 1989 para intentar dar respuesta al grave problema socio-sanitario que la enfermedad del SIDA planteó a nivel mundial desde su aparición, a principios de los años 80:

  • aumento progresivo del número de infecciones;
  • no existencia de ningún tratamiento efectivo;
  • exclusión y marginación social de las personas infectadas.

En 1990 BASIDA pone en funcionamiento en Aranjuez la mayor casa de acogida para enfermos de SIDA de España.

Más adelante, en 1995, la asociación puso en marcha una nueva Casa de Acogida en Manzanares (Ciudad Real) con 18 plazas; y en 1996 la Residencia Hospitalaria para enfermos terminales en Navahondilla (Ávila) con 28 plazas.

La principal motivación de los que voluntariamente dirigen BASIDA es la fe, es el amor a Dios y al prójimo.

 

Fuentes:

> Periódico Xtantos

Memoria anual de actividades de la Iglesia católica en España de 2017