Domingo IV de Adviento

Domingo IV de Adviento

La liturgia de este domingo es como un pregón de la ya próxima Navidad. Así, la oración colecta nos presenta la finalidad última de la Encarnación del Hijo de Dios que anuncia el ángel: que por su pasión y cruz, nosotros lleguemos a la gloria de la Resurrección. Y ello será posible por la respuesta de fe de María que lo concibió por obra del Espíritu Santo sin perder la gloria de su virginidad (1 lect. y Ev.). Así se cumplirán plenamente las profecías: Jesucristo, de la estirpe de David, Hijo de Dios. Él nos ha llamado a responder a la fe formando parte de su pueblo santo (2 lect.). (Comentario del Calendario Litúrgico-Pastoral 2019-2020).


Aleluya, aleluya, aleluya

Mirad: la virgen concebirá y dará  a luz un hijo
y le pondrá por nombre Enmanuel, «Dios-con-nosotros»

Mt 1, 18-24. Jesús nacerá de María, desposada con José, hijo de David.

La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apena había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”». Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.

 

Otras lecturas del día:

Is 7, 10-14. Mirad: la virgen está encinta.

En aquellos días, el Señor volvió a hablar a Ajaz y le dijo: «Pide un signo al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo». Respondió Ajaz: «No lo pido, no quiero tentar al Señor». Entonces dijo Isaías: «Escucha, casa de David: ¿no os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará un signo. Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel.

Sal 23. Va a entrar el Señor; él es el Rey de la gloria.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. 

Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

Esta es la generación que busca al Señor,
que busca tu rostro, Dios de Jacob.

Jesucristo, de la estirpe de David, Hijo de Dios.

Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para el Evangelio de Dios, que fue prometido por sus profetas en las Escrituras Santas y se refiere a su Hijo, nacido de la estirpe de David según la carne, constituido Hijo de Dios en poder según el Espíritu de santidad por la resurrección de entre los muertos: Jesucristo nuestro Señor. Por él hemos recibido la gracia del apostolado, para suscitar la obediencia de la fe entre todos los gentiles, para gloria de su nombre. Entre ellos os encontráis también vosotros, llamados de Jesucristo. A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados santos, gracia y paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.



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