Sagrada Biblia
2 Corintios

2 Corintios

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11Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, y Timoteo, el hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que residen en Acaya:
2gracia a vosotros y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
3¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo,
4que nos consuela en cualquier tribulación nuestra hasta el punto de poder consolar nosotros a los demás en cualquier lucha, mediante el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios!
5Porque lo mismo que abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo, abunda también nuestro consuelo gracias a Cristo.
6De hecho, si pasamos tribulaciones, es para vuestro consuelo y salvación; si somos consolados, es para vuestro consuelo, que os da la capacidad de aguantar los mismos sufrimientos que padecemos nosotros.
7Nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que si compartís los sufrimientos, también compartiréis el consuelo.
8Pues no queremos que ignoréis que la tribulación que nos sobrevino en Asia nos abrumó tan por encima de nuestras fuerzas que perdimos toda esperanza de vivir.
9Pues hemos tenido sobre nosotros la sentencia de muerte, para que no confiemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos;
10el cual nos libró y nos librará de esas muertes terribles; y esperamos que nos seguirá librando,
11si vosotros cooperáis pidiendo por nosotros; así, viniendo de muchos el favor que Dios nos haga, también serán muchos los que le den gracias por causa nuestra.
12Pues el motivo de nuestro orgullo es el testimonio de nuestra conciencia: ella nos asegura que procedemos con todo el mundo, y sobre todo con vosotros, con la sinceridad y honradez de Dios, y no por sabiduría carnal, sino por gracia de Dios.
13Pues no os escribimos sino lo que leéis o entendéis; ya nos habéis entendido en parte,
14pero espero que entendáis completamente que somos nosotros vuestro motivo de orgullo, lo mismo que vosotros el nuestro, para el día de nuestro Señor Jesús.
15Con este convencimiento deseábamos ir primero a vosotros, a fin de que recibierais otra gracia y, pasando junto a vosotros, ir a Macedonia;
16y luego, desde Macedonia, volver a vosotros, para que vosotros me encaminarais hacia Judea.
17Al hacer estos planes, ¿actué a la ligera?, ¿o es que los planes que hago los hago con miras humanas, de forma que se dan en mí el sí y el no?
18¡Dios me es testigo! La palabra que os dirigimos no es sí y no.
19Pues el Hijo de Dios, Jesucristo, que fue anunciado entre vosotros por mí, por Silvano y por Timoteo, no fue sí y no, sino que en él sólo hubo sí.
20Pues todas las promesas de Dios han alcanzado su sí en él. Así, por medio de él, decimos nuestro Amén a Dios, para gloria suya a través de nosotros.
21Es Dios quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros; y además nos ungió,
22nos selló y ha puesto su Espíritu como prenda en nuestros corazones.
23Dios me es testigo, por mi vida, de que no he ido aún a Corinto por consideración a vosotros;
24y no porque seamos señores de vuestra fe, sino que contribuimos a vuestra alegría. Pues vosotros os mantenéis firmes en la fe.
21Decidí por mi cuenta no ir a vosotros otra vez causándoos tristeza.
2Pues si os entristezco yo a vosotros, ¿quién me va a alegrar entonces, cuando el único que puede hacerlo está triste por causa mía?
3Os escribí precisamente aquello para que, cuando llegara, no me entristecieran aquellos que tenían que alegrarme; de hecho estoy persuadido de que todos tenéis mi alegría por vuestra.
4Porque os escribí con muchas lágrimas, debido a una gran aflicción y angustia de corazón; pero no lo hice para entristeceros sino para mostraros el amor tan especial que tengo por vosotros.
5Pues si alguno ha causado tristeza, no me la ha causado a mí, sino, en cierto modo y para no exagerar, a todos vosotros.
6Bástale a ese tal el correctivo que le ha impuesto la mayoría;
7de modo que más vale que lo perdonéis y animéis, no sea que se hunda en una tristeza excesiva.
8Por eso, os recomiendo que le confirméis el amor;
9os escribí precisamente para esto, para comprobar vuestro temple y ver si obedecíais en todo.
10Lo que vosotros perdonéis a alguien, también yo se lo perdono. Pues lo que yo he perdonado, si algo tengo que perdonar, fue por causa vuestra, teniendo delante a Cristo;
11quiero evitar ser engañado por Satanás, pues no se me ocultan sus intenciones.
12Llegué a Tróade para anunciar el Evangelio de Cristo y se me abrió una gran puerta en el Señor;
13pero, al no encontrar allí a Tito, mi hermano, no me quedé tranquilo; entonces me despedí de ellos y salí para Macedonia.
14Doy gracias a Dios, que siempre nos asocia a la victoria de Cristo y difunde por medio de nosotros en todas partes la fragancia de su conocimiento.
15Porque somos incienso de Cristo ofrecido a Dios, entre los que se salvan y los que se pierden;
16para unos, olor de muerte que mata; para los otros, olor de vida, para vida. Pero, ¿quién es capaz de esto?
17Por lo menos no somos como tantos otros que negocian con la palabra de Dios, sino que hablamos con sinceridad en Cristo, de parte de Dios y delante de Dios.
31¿Empezamos otra vez a recomendarnos?, ¿o será que, como algunos, necesitamos presentaros o pediros cartas de recomendación?
2Vosotros sois nuestra carta, escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todo el mundo.
3Es evidente que sois carta de Cristo, redactada por nuestro ministerio, escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de corazones de carne.
4Pero esta confianza la tenemos ante Dios por Cristo;
5no es que por nosotros mismos seamos capaces de atribuirnos nada como realización nuestra; nuestra capacidad nos viene de Dios,
6el cual nos capacitó para ser ministros de una alianza nueva: no de la letra, sino del Espíritu; pues la letra mata, mientras que el Espíritu da vida.
7Pues si el ministerio de la muerte, grabado en letras sobre piedra, se realizó con tanta gloria que los hijos de Israel no podían fijar la vista en el rostro de Moisés, por el resplandor de su cara, pese a ser un resplandor pasajero,
8¡cuánto más glorioso no será el ministerio del Espíritu!
9Pues si el ministerio de la condena era glorioso, ¿no será mucho más glorioso el ministerio de la justicia?
10Más todavía, en este aspecto, lo que era glorioso ya no lo es, comparado con esta gloria sobreeminente.
11Y si lo que era pasajero tuvo su gloria, ¡cuánto más glorioso no será lo que permanece!
12Así pues, teniendo esta esperanza, procedemos con toda franqueza,
13y no como hizo Moisés, que se echaba un velo sobre la cara para evitar que los hijos de Israel contemplaran el fin de lo que era caduco.
14Pero tienen la mente embotada, pues hasta el día de hoy permanece aquel velo en la lectura del Antiguo Testamento, sin quitarse, porque se elimina en Cristo.
15Y hasta hoy, cada vez que se lee a Moisés, cae un velo sobre sus corazones;
16pero cuando se convierta al Señor, se quitará el velo.
17Ahora bien, el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, hay libertad.
18Mas todos nosotros, con la cara descubierta, reflejamos la gloria del Señor y nos vamos transformando en su imagen con resplandor creciente, por la acción del Espíritu del Señor.
41Por esto, encargados de este ministerio por la misericordia obtenida, no nos acobardamos;
2al contrario, hemos renunciado a la clandestinidad vergonzante, no actuando con intrigas ni falseando la palabra de Dios; sino que, manifestando la verdad, nos recomendamos a la conciencia de todo el mundo delante de Dios.
3Y si nuestro Evangelio está velado, lo está entre los que se pierden,
4los incrédulos, cuyas mentes ha obcecado el dios de este mundo para que no vean el resplandor del Evangelio de la gloria de Cristo, que es imagen de Dios.
5Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por Jesús.
6Pues el Dios que dijo: Brille la luz del seno de las tinieblas ha brillado en nuestros corazones, para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios reflejada en el rostro de Cristo.
7Pero llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros.
8Atribulados en todo, mas no aplastados; apurados, mas no desesperados;
9perseguidos, pero no abandonados; derribados, mas no aniquilados,
10llevando siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
11Pues, mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.
12De este modo, la muerte actúa en nosotros, y la vida en vosotros.
13Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: Creí, por eso hablé, también nosotros creemos y por eso hablamos;
14sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará con vosotros ante él.
15Pues todo esto es para vuestro bien, a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios.
16Por eso, no nos acobardamos, sino que, aun cuando nuestro hombre exterior se vaya desmoronando, nuestro hombre interior se va renovando día a día.
17Pues la leve tribulación presente nos proporciona una inmensa e incalculable carga de gloria,
18ya que no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve; en efecto, lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno.
51Porque sabemos que si se destruye esta nuestra morada terrena, tenemos un sólido edificio que viene de Dios, una morada que no ha sido construida por manos humanas, es eterna y está en los cielos.
2Y, de hecho, en esta situación suspiramos anhelando ser revestidos de la morada que viene del cielo,
3si es que nos encuentran vestidos y no desnudos.
4Pues los que vivimos en esta tienda suspiramos abrumados, por cuanto no queremos ser desvestidos sino sobrevestidos para que lo mortal sea absorbido por la vida;
5y el que nos ha preparado para esto es Dios, el cual nos ha dado como garantía el Espíritu.
6Así pues, siempre llenos de buen ánimo y sabiendo que, mientras habitamos en el cuerpo, estamos desterrados lejos del Señor,
7caminamos en fe y no en visión.
8Pero estamos de buen ánimo y preferimos ser desterrados del cuerpo y vivir junto al Señor.
9Por lo cual, en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarlo.
10Porque todos tenemos que comparecer ante el tribunal de Cristo para recibir cada cual por lo que haya hecho mientras tenía este cuerpo, sea el bien o el mal.
11Por tanto, sabiendo lo que es el temor del Señor, tratamos de ganar la confianza de los hombres, pues ante Dios estamos al descubierto; aunque espero estar también al descubierto ante vuestras conciencias.
12No estamos volviendo a recomendarnos ante vosotros; nuestro único deseo es daros motivos para gloriaros de nosotros, de modo que tengáis algo que responder a los que se glorían de apariencias y no de lo que hay en el corazón;
13pues si empezamos a desatinar, fue por Dios; si nos moderamos, es por vosotros.
14Porque nos apremia el amor de Cristo al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron.
15Y Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos.
16De modo que nosotros desde ahora no conocemos a nadie según la carne; si alguna vez conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no lo conocemos así.
17Por tanto, si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo.
18Todo procede de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y nos encargó el ministerio de la reconciliación.
19Porque Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirles cuenta de sus pecados, y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación.
20Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.
21Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.
61Y como cooperadores suyos, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios.
2Pues dice: «En el tiempo favorable te escuché, en el día de la salvación te ayudé». Pues mirad: ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación.
3Nunca damos a nadie motivo de escándalo, para no poner en ridículo nuestro ministerio;
4antes bien, nos acreditamos en todo como ministros de Dios con mucha paciencia en tribulaciones, infortunios, apuros;
5en golpes, cárceles, motines, fatigas, noches sin dormir y días sin comer;
6procedemos con limpieza, ciencia, paciencia y amabilidad; con el Espíritu Santo y con amor sincero;
7con palabras verdaderas y la fuerza de Dios; con las armas de la justicia, a derecha e izquierda;
8a través de honra y afrenta, de mala y buena fama; como impostores que dicen la verdad,
9desconocidos, siendo conocidos de sobra, moribundos que vivimos, sentenciados nunca ajusticiados;
10como afligidos, pero siempre alegres, como pobres, pero que enriquecen a muchos, como necesitados, pero poseyéndolo todo.
11Corintios, os hemos hablado abiertamente, nuestro corazón se ha dilatado.
12No os habéis empequeñecido dentro de nosotros, sino dentro de vosotros mismos.
13Os hablo como a hijos: correspondednos con la misma paga y dilataos también vosotros.
14No os unzáis en yugo desigual con los infieles: ¿qué tienen en común la justicia y la maldad?, ¿qué relación hay entre la luz y las tinieblas?,
15¿qué concordia puede haber entre Cristo y Beliar?, ¿qué pueden compartir el fiel y el infiel?,
16¿qué acuerdo puede haber entre el templo de Dios y los ídolos? Pues nosotros somos templo del Dios vivo; así lo dijo él: Habitaré entre ellos y caminaré con ellos; seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
17Por eso, salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor. No toquéis lo impuro, y yo os acogeré.
18Y seré para vosotros un padre, y vosotros seréis para mí hijos e hijas, dice el Señor omnipotente.
71Teniendo, pues, estas promesas, queridos, purifiquémonos de toda impureza de la carne o del espíritu, para ir completando nuestra santificación en el temor de Dios.
2Dadnos cabida en vuestros corazones. A nadie ofendimos, a nadie arruinamos, a nadie explotamos.
3No os digo esto para condenaros, pues ya os he dicho que os tengo en el corazón hasta el punto de que compartimos muerte y vida.
4Puedo hablaros con toda franqueza, estoy orgulloso de vosotros, estoy lleno de consuelo, desbordo de gozo en todas nuestras tribulaciones.
5En efecto, cuando llegamos a Macedonia no tuvimos ningún sosiego, sino tribulaciones de toda clase: luchas por fuera, temores por dentro.
6Pero el Dios que consuela a los afligidos, nos consoló con la llegada de Tito;
7y no sólo con su llegada, sino además con el consuelo que él había encontrado entre vosotros; nos comunicó vuestra añoranza, vuestro llanto, vuestro afán por mí, lo cual me alegró todavía más.
8Porque, si os contristé con mi carta, no me arrepiento; y si entonces lo sentí —pues veo que aquella carta os entristeció, aunque por poco tiempo—,
9ahora me alegro, no porque os hubierais entristecido, sino porque vuestra tristeza os llevó al arrepentimiento; pues os entristecisteis como Dios quiere, de modo que de parte nuestra no habéis sufrido ningún perjuicio.
10Efectivamente, la tristeza vivida como Dios quiere produce arrepentimiento decisivo y saludable; en cambio, la tristeza de este mundo lleva a la muerte.
11Pues mirad cuántas cosas ha producido entre vosotros el haberos entristecido según Dios: ¡qué interés y qué excusas, qué indignación y qué respeto, qué añoranza, qué afecto y qué escarmiento! Habéis mostrado en todo que sois inocentes en este asunto.
12De hecho, si os escribí no fue pensando en el ofensor ni en el ofendido, sino para que se pusiera de manifiesto entre vosotros ante Dios vuestro interés por nosotros.
13Esto es lo que nos ha consolado. Además de este consuelo, nos alegró enormemente la alegría de Tito, cuyo espíritu se tranquilizó gracias a todos vosotros.
14Porque, si en algo me he gloriado de vosotros ante él, no he quedado avergonzado. Todo lo contrario, así como os he hablado siempre con verdad, de igual modo nuestro orgullo con Tito se ha mostrado también verdadero.
15Además, su cariño por vosotros ha aumentado al recordar la obediencia que manifestasteis todos vosotros y la piadosa reverencia con que lo recibisteis.
16Me alegra porque cuento con vosotros en todo.
81Os informamos, hermanos, de la gracia que Dios ha concedido a las iglesias de Macedonia:
2en las pruebas y tribulaciones ha crecido su alegría, y su pobreza extrema se ha desbordado en tesoros de generosidad.
3Puesto que, según sus posibilidades, os lo aseguro, e incluso por encima de sus posibilidades, con toda espontaneidad
4nos pedían insistentemente la gracia de poder participar en la colecta en favor de los santos.
5Y, superando nuestras expectativas, se entregaron a sí mismos, primero al Señor y además a nosotros, conforme a la voluntad de Dios.
6En vista de eso, le pedimos a Tito que concluyera esta obra de caridad entre vosotros, ya que había sido él quien la había comenzado.
7Y lo mismo que sobresalís en todo —en fe, en la palabra, en conocimiento, en empeño y en el amor que os hemos comunicado—, sobresalid también en esta obra de caridad.
8No os lo digo como un mandato, sino que deseo comprobar, mediante el interés por los demás, la sinceridad de vuestro amor.
9Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza.
10En este asunto os doy un consejo: ya que vosotros comenzasteis no solo a hacer la colecta, sino también a tomar la iniciativa, os conviene
11que ahora la concluyáis; de este modo, a la prontitud en el deseo corresponderá la realización según vuestras posibilidades.
12Porque, si hay buena voluntad, se le agradece lo que uno tiene, no lo que no tiene.
13Pues no se trata de aliviar a otros, pasando vosotros estrecheces; se trata de igualar.
14En este momento, vuestra abundancia remedia su carencia, para que la abundancia de ellos remedie vuestra carencia; así habrá igualdad.
15Como está escrito: Al que recogía mucho no le sobraba; y al que recogía poco no le faltaba.
16¡Gracias a Dios, que ha puesto en el corazón de Tito este mismo afán por vosotros!
17Es decir, aceptó la recomendación y, más solícito que nunca, fue espontáneamente a visitaros.
18Enviamos con él al hermano que se ha hecho célebre en todas las iglesias a causa del Evangelio.
19Y no solo esto, sino que ha sido elegido por las iglesias como compañero nuestro de viaje en esta colecta que administramos para gloria del Señor y por iniciativa nuestra.
20Así evitamos que nadie nos critique por la administración de esta importante suma,
21porque nuestras intenciones son limpias, no solo ante el Señor, sino también ante los hombres.
22Enviamos también con ellos a otro hermano nuestro, cuya solicitud hemos comprobado muchas veces en muchos asuntos; ahora se muestra más solícito aún, por la gran confianza que tiene en vosotros.
23Respecto a Tito, es compañero mío y colabora conmigo en vuestros asuntos; respecto a los demás hermanos, son delegados de las iglesias y gloria de Cristo.
24Mostradles, pues, vuestro amor y el orgullo que siento por vosotros ante las iglesias.
91Sobre este servicio en favor de los santos, me es superfluo escribiros.
2Pues conozco vuestra buena disposición, de la cual me glorío ante los macedonios, diciéndoles que Acaya está preparada desde el año pasado y que vuestro celo ha estimulado a muchísimos.
3Con todo, he enviado a los hermanos para que nuestro orgullo por vosotros no resulte vano en este asunto, es decir, para que estéis preparados como voy diciendo;
4no sea que si los macedonios que van conmigo os encuentran sin preparar, nosotros, por no decir vosotros, quedemos en ridículo en este asunto.
5Por eso juzgué necesario pedir a los hermanos que fuesen a vosotros antes que yo y tuviesen preparadas de antemano las donaciones que habíais prometido. Así estarán preparados como un regalo y no como una exigencia.
6Mirad: el que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará.
7Cada uno dé como le dicte su corazón: no a disgusto ni a la fuerza, pues Dios ama al que da con alegría.
8Y Dios tiene poder para colmaros de toda clase de dones, de modo que, teniendo lo suficiente siempre y en todo, os sobre para toda clase de obras buenas.
9Como está escrito: Repartió abundantemente a los pobres, su justicia permanece eternamente.
10El que proporciona semilla al que siembra y pan para comer proporcionará y multiplicará vuestra semilla y aumentará los frutos de vuestra justicia.
11Siempre seréis ricos para toda largueza, la cual, por medio de nosotros, suscitará acción de gracias a Dios;
12porque la realización de este servicio no solo remedia las necesidades de los santos, sino que además redunda en abundante acción de gracias a Dios.
13Al comprobar el valor de esta prestación, glorificarán a Dios por vuestra profesión de fe en el Evangelio de Cristo y por vuestra generosa comunión con ellos y con todos;
14finalmente, con su oración por vosotros mostrarán su afecto al ver la gracia sobreabundante que Dios ha derramado sobre vosotros.
15¡Gracias sean dadas a Dios por su don inefable!
101Yo, Pablo, en persona, tan cobarde de cerca y tan valiente de lejos, os ruego por la mansedumbre y mesura de Cristo:
2os pido que me ahorréis tener que mostrarme valiente cuando esté entre vosotros, con la intrepidez con que pienso enfrentarme a esos que opinan que nos comportamos según la carne.
3Pues, aunque procedemos como quien vive en la carne, no militamos según la carne,
4ya que las armas de nuestro combate no son carnales; es Dios quien les da la capacidad para derribar torreones;
5deshacemos sofismas y cualquier baluarte que se alce contra el conocimiento de Dios y reducimos los entendimientos a cautiverio para que se sometan a la obediencia de Cristo.
6Además, estamos dispuestos a castigar toda desobediencia cuando vuestra obediencia sea completa.
7¡Mirad las cosas de frente! Si alguno cree ser de Cristo, que lo reconsidere y verá que, si él es de Cristo, también nosotros lo somos.
8E incluso si me gloriara más de lo debido de la autoridad que nos dio el Señor para construir vuestra comunidad y no para destruirla, no me avergonzaría.
9Pues no quiero aparecer como quien os mete miedo con las cartas.
10«Porque las cartas —dicen— son duras y severas, pero su presencia física es raquítica y su palabra despreciable».
11Considere ese tal que lo que somos de palabra por carta estando ausentes, lo seremos con los hechos cuando estemos presentes.
12No nos atrevemos a equipararnos ni a compararnos con algunos de los que se recomiendan a sí mismos. Ellos, al medirse de acuerdo con la opinión propia y al compararse consigo mismos, actúan sin sentido.
13Nosotros, por el contrario, no nos gloriaremos desmesuradamente, sino según la medida de la norma que Dios mismo nos ha asignado al hacernos llegar incluso hasta vosotros.
14Pues no nos extralimitamos, como si no hubiéramos llegado incluso hasta vosotros; de hecho, fuimos los primeros en llegar hasta vosotros con el Evangelio de Cristo.
15Tampoco nos gloriamos más allá de la medida adecuada con sudores ajenos; esperamos más bien que, al crecer vuestra fe, podamos crecer aún más entre vosotros según nuestra medida,
16hasta el punto de anunciar el Evangelio más allá de vosotros, aunque sin gloriarnos en territorio ajeno por trabajos ya realizados.
17El que se gloría, que se gloríe en el Señor,
18porque no está aprobado el que se recomienda a sí mismo, sino aquel a quien el Señor recomienda.
111¡Ojalá me toleraseis algo de locura!; aunque ya sé que me la toleráis.
2Tengo celos de vosotros, los celos de Dios, pues os he desposado con un solo marido, para presentaros a Cristo como una virgen casta.
3Pero me temo que, lo mismo que la serpiente sedujo a Eva con su astucia, se perviertan vuestras mentes, apartándose de la sinceridad y de la pureza debida a Cristo.
4Pues, si se presenta cualquiera predicando un Jesús diferente del que os he predicado, u os propone recibir un espíritu diferente del que recibisteis, o aceptar un Evangelio diferente del que aceptasteis, lo toleráis tan tranquilos.
5No me creo en nada inferior a esos superapóstoles.
6En efecto, aunque en el hablar soy inculto, no lo soy en el saber; que en todo y en presencia de todos os lo hemos demostrado.
7¿O hice mal en abajarme para elevaros a vosotros, anunciando de balde el Evangelio de Dios?
8Para estar a vuestro servicio tuve que despojar a otras comunidades, recibiendo de ellas un subsidio.
9Mientras estuve con vosotros, no me aproveché de nadie, aunque estuviera necesitado; los hermanos que llegaron de Macedonia atendieron a mi necesidad. Mi norma fue y seguirá siendo no seros gravoso en nada.
10Por la verdad de Cristo que hay en mí: nadie en toda Grecia me quitará esta satisfacción.
11¿Por qué? ¿Porque no os quiero? Bien sabe Dios que no es así.
12Esto lo hago y lo seguiré haciendo para cortar de raíz todo pretexto a quienes lo buscan para gloriarse de ser tanto como nosotros.
13Esos tales son falsos apóstoles, obreros tramposos, disfrazados de apóstoles de Cristo;
14y no hay por qué extrañarse, pues el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz.
15Siendo esto así, no es mucho que también sus ministros se disfracen de ministros de la justicia. Pero su final corresponderá a sus obras.
16Vuelvo a decirlo: que nadie me tenga por insensato; y si no, aceptadme aunque sea como insensato, para que pueda gloriarme un poquito yo también.
17Dado que voy a gloriarme, lo que diga no lo digo en el Señor, sino como quien disparata.
18Puesto que muchos se glorían de títulos humanos, también yo voy a gloriarme.
19Pues vosotros, que sois sensatos, soportáis con gusto a los insensatos:
20si uno os esclaviza, si os explota, si os roba, si es arrogante, si os insulta, lo soportáis.
21Lo digo para vergüenza vuestra: ¡Cómo hemos sido nosotros tan débiles! Pero a lo que alguien se atreva —lo digo disparatando—, también me atrevo yo.
22¿Que son hebreos? También yo. ¿Que son israelitas? También yo. ¿Que son descendientes de Abrahán? También yo.
23¿Que son siervos de Cristo? Voy a decir un disparate: mucho más yo. Más en fatigas, más en cárceles; muchísimo más en palizas y, frecuentemente, en peligros de muerte.
24De los judíos he recibido cinco veces los cuarenta azotes menos uno;
25tres veces he sido azotado con varas, una vez he sido lapidado, tres veces he naufragado y pasé una noche y un día en alta mar.
26Cuántos viajes a pie, con peligros de ríos, peligros de bandoleros, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en despoblado, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos,
27trabajo y agobio, sin dormir muchas veces, con hambre y sed, a menudo sin comer, con frío y sin ropa.
28Y aparte todo lo demás, la carga de cada día: la preocupación por todas las iglesias.
29¿Quién enferma sin que yo enferme? ¿Quién tropieza sin que yo me encienda?
30Si hay que gloriarse, me gloriaré de lo que muestra mi debilidad.
31El Dios y Padre del Señor Jesús —bendito sea por siempre— sabe que no miento.
32En Damasco, el gobernador del rey Aretas montó una guardia en la ciudad para prenderme;
33metido en un costal, me descolgaron muralla abajo por una ventana, y así escapé de sus manos.
121¿Hay que gloriarse?: sé que no está bien, pero paso a las visiones y revelaciones del Señor.
2Yo sé de un hombre en Cristo que hace catorce años —si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe— fue arrebatado hasta el tercer cielo.
3Y sé que ese hombre —si en el cuerpo o sin el cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe—
4fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables, que un hombre no es capaz de repetir.
5De alguien así podría gloriarme; pero, por lo que a mí respecta, solo me gloriaré de mis debilidades.
6Aunque, si quisiera gloriarme, no me comportaría como un necio, diría la pura verdad; pero lo dejo, para que nadie me considere superior a lo que ve u oye de mí.
7Por la grandeza de las revelaciones, y para que no me engría, se me ha dado una espina en la carne: un emisario de Satanás que me abofetea, para que no me engría.
8Por ello, tres veces le he pedido al Señor que lo apartase de mí y me ha respondido:
9«Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad». Así que muy a gusto me glorío de mis debilidades, para que resida en mí la fuerza de Cristo.
10Por eso vivo contento en medio de las debilidades, los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.
11¡Me he convertido en un insensato! ¡Vosotros me habéis obligado! Hablar en favor mío debería ser cosa vuestra; pues, aunque yo no sea nadie, en nada soy menos que esos superapóstoles.
12Los signos del apóstol se vieron realizados entre vosotros: aguante perfecto, signos, prodigios y milagros.
13¿En qué habéis sido inferiores a las otras iglesias, excepto en que yo no he vivido a costa vuestra? Perdonadme este agravio.
14Mirad: por tercera vez estoy a punto de ir a vosotros; y tampoco ahora viviré a costa vuestra. Pues no busco lo vuestro, sino a vosotros; en efecto, no corresponde a los hijos ahorrar para los padres, sino a los padres para los hijos.
15Por mi parte, con sumo gusto gastaré y me desgastaré yo mismo por vosotros. Y si yo os quiero más, ¿me querréis vosotros menos?
16Algunos concederán que yo no he sido una carga para vosotros, pero añadirán que, como soy tan astuto, os he cazado con engaño.
17Vamos a ver, de los que he enviado a vosotros, ¿de quién me he servido para explotaros?
18Le rogué a Tito que fuera y con él envié al otro hermano: ¿os ha explotado Tito?, ¿no hemos actuado con el mismo espíritu?, ¿no hemos seguido las mismas huellas?
19Pensáis que nos estamos defendiendo otra vez ante vosotros. Hablamos delante de Dios en Cristo; y todo es, queridos, para edificación vuestra.
20Temo, pues, que, cuando vaya, no os encuentre como quisiera y que tampoco vosotros me encontréis a mí como quisierais. Podría haber contiendas, envidias, animosidad, disputas, difamación, chismes, engreimientos, alborotos.
21Temo que, cuando vaya, Dios me vuelva a humillar entre vosotros y tenga que llorar por muchos que pecaron antes y no se han convertido de la inmoralidad, el libertinaje y el desenfreno en que vivían.
131Esta va a ser la tercera vez que voy a vosotros. Todo asunto debe resolverse por la declaración de dos o tres testigos.
2Repito ahora, ausente, lo que dije en mi segunda visita a los que pecaron antes y a todos en general: que, cuando vuelva, no tendré miramientos,
3tendréis la prueba que buscáis de que Cristo habla por mí; y él no es débil con vosotros, sino que muestra su fuerza entre vosotros.
4Pues es cierto que fue crucificado por causa de su debilidad, pero ahora vive por la fuerza de Dios. Lo mismo nosotros: somos débiles en él, pero viviremos con él por la fuerza de Dios para vosotros.
5Examinad vosotros si os mantenéis en la fe. Comprobadlo vosotros mismos. ¿O no reconocéis que Cristo Jesús está en vosotros? ¡A ver si no pasáis la prueba!
6Aunque espero que reconozcáis que nosotros sí la hemos pasado.
7Rogamos a Dios que no hagáis nada malo; no para que parezca que nosotros hemos pasado la prueba, sino para que vosotros practiquéis el bien, aunque parezca que no la hemos pasado.
8Pues no podemos hacer nada contra la verdad, sino a favor de la verdad.
9En efecto, nos alegramos siendo débiles, con tal de que vosotros seáis fuertes. Todo lo que pedimos es que os enmendéis.
10Por este motivo, os escribo estas cosas mientras estoy ausente, para no verme obligado a ser tajante cuando esté presente, con la autoridad que el Señor me ha dado para edificar y no para destruir.
11Por lo demás, hermanos, alegraos, trabajad por vuestra perfección, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros.
12Saludaos mutuamente con el beso santo. Os saludan todos los santos.
13La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con todos vosotros.