Miércoles de Ceniza – 6 de marzo

Comienza hoy el ciclo pascual, cuyo centro lo ocupa la Pasión, muerte y resurrección del Señor y que concluirá con la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés. Empieza hoy la Cuaresma, un tiempo en el que mediante la oración, la limosna y el ayuno, nos preparamos para llegar con un corazón limpio a la celebración del misterio pascual de Cristo (cf. orac. de bendición de la ceniza I). Es un tiempo de penitencia y conversión en el que tenemos que rasgar los corazones, no las vestiduras (1 lect.). Se trata de hacer las prácticas penitenciales, no para que las vean las gentes, sino para que las vea solamente Dios, que ve en lo escondido y nos recompensará en consecuencia (Ev.). Dejémonos en este tiempo reconciliar con Dios; ahora es el tiempo de la gracia (2 lect.). Y el mejor medio para ello será celebrar esa reconciliación en el sacramento de la penitencia.

Domingo I de Cuaresma – 10 de marzo 

 En la liturgia de hoy comenzamos el camino hacia la pascua (orac. sobre las ofrendas). La meta de este camino es la plenitud del misterio de Cristo. Y para vivirlo tenemos que conocerlo escuchando en este tiempo su Palabra, nuestro alimento más importante que el pan material (cf. orac. después de la comunión). En el desierto Jesús, lleno del Espíritu Santo, vence al diablo (Ev.). Nosotros, como Cristo en sus cuarenta días por el desierto, contamos con la fuerza del Espíritu Santo, y en la Eucaristía encontramos el pan del cielo que alimenta la fe, consolida la esperanza y fortalece la caridad; es Cristo mismo, el pan vivo y verdadero del que hemos de sentir hambre (cf. orac. después de la comunión). Con su fuerza podremos vencer las tentaciones en este desierto de la vida.

Domingo II de Cuaresma – 17 de marzo

 Si el domingo anterior veíamos a Cristo precediéndonos en la peregrinación de esta vida, en la que luchamos y sufrimos tantas pruebas, hoy, al contemplarlo lleno de gloria en la transfiguración, se nos anticipa también nuestro destino de resucitados. Se nos testimonia claramente que la Pasión es el camino de la resurrección (Pf.). En la celebración de la eucaristía, el Señor nos alimenta con su Palabra y nos prepara para contemplar un día la gloria de su rostro (1.ª orac.). Pero, además, por el sacramento de la eucaristía, esa gloria no es solo una esperanza futura, sino que nos hace ya partícipes de los bienes eternos del reino de los cielos (orac. después de la comunión). El significado de Pasión y gloria, propio de la transfiguración, se encuentra, pues, realizado sacramentalmente en la eucaristía.

Domingo III de Cuaresma – 24 de marzo

La Iglesia hoy nos llama a escuchar la advertencia de Cristo: «Si no os convertís, todos pereceréis lo mismo» (Ev.). Los textos de hoy nos ayudan a caer en la cuenta de que estamos hundidos bajo el peso de nuestras culpas (cf. 1.ª orac.) y necesitamos que Dios nos restaure con su misericordia. Una acción de Dios con la que tenemos que colaborar, perdonando a los que nos ofenden (cf. orac. sobre las ofrendas). El Señor va cumpliendo sus promesas. Se vislumbra ya la tierra que mana leche y miel (1 lect.). La 1 lect., unida a la segunda (la vida del pueblo con Moisés en el desierto fue escrita para escarmiento nuestro), nos evoca la pascua y el éxodo de Israel como acontecimientos proféticos que anuncian nuestro camino espiritual hacia la pascua cristiana.

Domingo IV de Cuaresma – 31 de marzo

 Hoy es un día de alegría ante la proximidad de las fiestas pascuales (cf. ant. de entrada y 1.ª orac.). En la Cuaresma tomamos conciencia de que somos pecadores. Y, como el hijo pródigo, hemos emprendido el itinerario penitencial para volver a la casa del Padre. Un camino que es siempre una llamada a abrir nuestro corazón a los demás, perdonándolos y evitando cualquier actitud de superioridad o soberbia. Así entramos en los sentimientos de Dios, que hoy nos dice: «Era preciso alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado» (Ev.). Un camino en el que vamos renovando la gracia bautismal y, peregrinos en un camino oscuro, vamos recuperando el esplendor de la fe, aprendiendo a amar a Dios con todo el corazón (cf. orac. después de la comunión).

Domingo V de Cuaresma – 7 de abril 

 La liturgia de hoy nos ayuda a vivir los sentimientos de Cristo ante la Pasión: «Sálvame del hombre traidor y malvado. Tú eres mi Dios y protector» (ant. de entrada). La eucaristía hace presente el amor de Cristo por nosotros en su Pasión (cf. 1.ª orac.). La comunión eucarística hoy hará que nuestra unión con Cristo, en vísperas de su misterio pascual, sea una realidad que nos lleve a ser contados entre los miembros de Cristo (cf. orac. después de la comunión). Esta es la meta de nuestra conversión cuaresmal; pero todavía no la hemos alcanzado. Tenemos que acompañar a Cristo hasta el final: «Corro hacia la meta, hacia el premio, al cual me llama Dios desde arriba en Cristo Jesús» (2 lect.).