El domingo: eucaristía y otras expresiones (catequesis séptima)

El domingo: eucaristía y otras expresiones (catequesis séptima)

1. Canto Inicial.

2. Oración del Padrenuestro.

3. Lectura bíblica: Hch 20, 7-20.

4. Lectura de la Enseñanza de la Iglesia:

1. El domingo es el núcleo de todo el año litúrgico; porque en él celebramos la muerte y la resurrección del Señor, la cual es el centro de toda la historia y la fuente de la que dimana toda la gracia salvadora. Así fue entendido y celebrado por los Apóstoles y las primeras comunidades cristianas.

2. Desde los orígenes, la Eucaristía es el centro del domingo. Así lo expresaban los mártires de Abitinia, cuando, sorprendidos un domingo mientras celebraban la Eucaristía, al ser interrogados por qué habían transgredido la severa orden del emperador, respondieron: «Sine dominico non possumus», es decir, sin reunirnos en asamblea el domingo para celebrar la Eucaristía no podemos vivir. Nos faltarían las fuerzas para afrontar las dificultades diarias y no sucumbir.

3. Sin embargo, el domingo no se agota en la celebración de la Eucaristía, sino que se prolonga en otras celebraciones y vivencias; v.g. la familiar, la preocupación y atención a los pobres, el descanso, etc.

4. Por eso, es preciso insistir y dar un realce especial a la Eucaristía dominical y al domingo mismo, como día especial de la fe, día del Señor Resucitado y del don del Espíritu. La participación en la Eucaristía debe ser para cada bautizado el centro del domingo. Es un deber irrenunciable, que se ha de vivir no solo para cumplir un precepto sino como necesidad de una vida cristiana verdaderamente consciente y coherente. El deber de la participación eucarística, cada domingo, es un aspecto específico de la propia identidad de la comunidad cristiana, aun viviendo en circunstancias de pequeñas minorías y en condiciones de aislamiento y dificultad.

5. La Eucaristía dominical, congregando semanalmente a los cristianos como familia de Dios en torno a la mesa de la Palabra y al pan de vida, es también el antídoto más eficaz contra la dispersión, por ser el lugar privilegiado donde se cultiva y vive continuamente la comunión.

6. Por todo ello, la Eucaristía del domingo ha de ser el centro de la piedad de los padres y de la familia como tal. Los hijos, viendo a los padres y participando con ellos en ella, la irán incorporando a sus vidas y la convertirán en el alimento principal de su piedad. La participación como familia en la Eucaristía dominical es un ideal hacia el que hay que tender; de este modo, se está significando su supremacía sobre las demás actividades nobles y dignas del domingo.

7. La Eucaristía, si se participa debidamente, especialmente por la recepción de la sagrada comunión, urge a vivir la dimensión de la caridad cristiana. Por eso, los padres deben ser ejemplo vivo para los hijos en la preocupación por los pobres necesitados.

8. Para recibir dignamente el sacramento de la Eucaristía, será preciso recurrir, siempre que exista conciencia de pecado mortal, al sacramento de la reconciliación, ya que, como dice San Pablo,»quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor»(1 Cor 11, 27).

5. Reflexión del que dirige.

6. Diálogo:

  • ¿Qué dimensiones de la fe pone de relieve el domingo?
  • ¿Por qué tiene tanta importancia participar como familia en la misa dominical?
  • ¿Acabada la misa podemos despreocuparnos, porque «ya he cumplido» mi obligación?

7. Compromisos.

8. Oración del Ave María e invocación: Regina familiae. Ora pro nobis.

9. Oración por la familia: Oh Dios nos reúnes cada domingo en torno a la mesa de tu Palabra y del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo para celebrar el memorial del Señor Resucitado; te pedimos que, mientras llega el domingo sin ocaso, vivamos como una familia unida y alabemos por siempre tu misericordia. Por Jesucristo nuestro Señor.

10. Canto final.



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