Comentarios a las lecturas de Navidad

Comentarios a las lecturas de Navidad

COMENTARIOS DEL TIEMPO DE NAVIDAD

Natividad del Señor, misa de medianoche (25 de diciembre)

 Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor (Ev. y salmo resp.). Ese “hoy” significa que su primera venida se nos hace presente. Efectivamente, en la celebración litúrgica él sigue viniendo en medio de la noche del mundo para iluminarnos con su gracia y prepararnos así para que un día podamos gozar en el cielo del esplendor de su gloria (orac. colecta). El mismo niño que nació en la humildad del pesebre es el que volverá lleno de gloria. Por eso debemos llevar una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador nuestro: Jesucristo (2 lect.).

Natividad del Señor, misa del día (25 de diciembre)

El Verbo, el Hijo de Dios, ha compartido con nosotros nuestra naturaleza humana para que nosotros podamos compartir con Él su vida divina. Una vida divina que nos trae también el don de la inmortalidad. (orac. colecta y orac. después de la comunión). Así, por la fe y el bautismo somos en verdad hijos de Dios. Por el nacimiento de su Hijo en la humildad de nuestra carne, Dios ha confundido nuestra soberbia y vencido al pecado del mundo. Hoy, en verdad, nos ha amanecido un día sagrado. Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.

Domingo. Fiesta de la Sagrada Familia (29 de diciembre)

La Sagrada Familia es modelo de virtudes domésticas y de unión en el amor (orac. colecta). Con ella comenzó a existir la familia como Iglesia doméstica, en la que se evangeliza y se practica la vida cristiana. La primera lectura nos recuerda que hay que honrar a los padres. La segunda Lectura nos recuerda la vida de familia vivida en el Señor, con el amor como ceñidor de la unidad consumada, aun en medio de los problemas y dificultades de la vida: así, en la huida a Egipto que nos presenta el Evangelio, la Sagrada Familia permaneció unida, cumpliendo en todo la voluntad de Dios.

Solemnidad de Santa María, Madre de Dios (1 de enero)

En la liturgia de este día primero del año celebramos la Octava de la Natividad del Señor—a los ocho días circuncidaron al Niño y le pusieron por nombre Jesús, que significa Dios es Salvación— (Ev.) con la solemnidad de la maternidad divina de la Virgen María. De ella nació el enviado por Dios, el Hijo (cf. 2 lect.), la segunda Persona de la Santísima Trinidad, hecho hombre, por lo que puede ser proclamada con toda propiedad como Madre de Dios y Madre de la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo (cf. oración después de la comunión). La primera lectura y el salmo responsorial hacen referencia a la bendición de Dios sobre su pueblo que deseamos en este comienzo de un nuevo año.

Domingo II después de Navidad (5 de enero)

Dios está cerca de nosotros. Dios no nos salva desde lejos sino que se hace nuestro compañero de camino. Tampoco nos salva sacándonos de nuestro propio entorno vital. Nos salva en este mundo y en nuestra historia. Las tres lecturas convergen hacia un único anuncio: Dios está cerca de nosotros. La sabiduría desde el principio habitó en medio del pueblo de Dios (1 Lect.). El Verbo de Dios, la Sabiduría, plantó su tienda entre nosotros (Ev.). Dios nos ha hecho sus hijos adoptivos para alabanza de la gloria de su gracia (2 Lect.).

Solemnidad de la Epifanía del Señor (6 de enero)

Jesucristo es Salvador para todo el mundo. Así se expresa en el relato evangélico que nos presenta a unos gentiles —los magos de Oriente— que guiados por la luz de la fe representada por la estrella, adoraron al niño que estaba con María, su madre. Y le ofrecieron oro, como rey; incienso como Dios; y mirra como hombre que habría de sufrir para salvarnos. En la segunda lectura el apóstol san Pablo afirma claramente que «también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo, y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio». Contemplemos con la luz de la fe el misterio de Cristo y vivámoslo con amor, y llevémoslo a todos, comenzando por los más alejados.

Domingo. Fiesta del Bautismo del Señor (12 de enero)

El Padre, en el bautismo de Cristo en el Jordán, quiso revelar solemnemente que él era su Hijo amado, su predilecto (cf. orac. colecta y Ev.). En Él se cumple la profecía de Isaías: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo». Él es el ungido por el Espíritu Santo, el Mesías que «pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo» (2 lect.). Acercándose al bautismo como si fuera un pecador más, anuncia que cargará en la cruz con peso de nuestros pecados y así nos salvará.

 



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