Como Obispos católicos hemos venido a Tierra Santa para mostrar nuestra comunión y solidaridad con el pueblo y los obispos de la Iglesia Madre, para recorrer con ellos el camino hacia la paz, la justicia y la reconciliación. Estamos profundamente agradecidos a la Asamblea de Ordinarios Católicos de Tierra Santa por haber acogido nuestra visita. Hemos venido como peregrinos en oración para rezar por la prosperidad de la Iglesia y de todos los pueblos de Tierra Santa.

Esta ha sido la sexta visita que ha tenido el Grupo de Coordinación de Conferencias Episcopales para apoyar a la Iglesia en Tierra Santa. En este grupo están representados el Consejo de Conferencias Episcopales Europeas, la Comisión de Conferencias Episcopales de la Unión Europea, y las Conferencias Episcopales de Austria, Canadá, Inglaterra y Gales, Francia, Alemania, Italia, España, Suecia, Suiza y Estados Unidos.

Una vez más hemos sido testigos de la vibrante fe de la Iglesia en su culto y en su servicio al pueblo por medio de muchas instituciones eclesiales. Hemos participado en un festival infantil y en una celebración de Navidad. Muchos escolares viajaron largas horas, atravesando controles de seguridad, para venir por primera vez a Belén. Nos reunimos con jóvenes en Ramala para conocer sus actividades. También celebramos misa y visitamos a católicos de habla hebrea y a parroquias de Aboud, Nablus, Ramala, Taybeh, Belén y Jerusalén. Oramos juntos y escuchamos los testimonios de la gente del lugar y de los obispos que comparten las dificultades de la Iglesia en una realidad social y políticamente complicada.

Como pastores nos dirigimos de nuevo a nuestros fieles para pedirles que se acuerden en su oración de la Iglesia en Tierra Santa, para que vengan aquí en peregrinación, para que apoyen generosamente a las instituciones de la Iglesia local y para que promuevan iniciativas que traigan la paz y la justicia a todas de las gentes de esta Tierra.

El Papa Benedicto XVI ha hablado de la misión de paz de la Iglesia en su discurso al cuerpo diplomático a principios de este mes. Nos hacemos eco de su recomendación con respecto a Tierra Santa: “En ese lugar, el Estado de Israel tiene que ser capaz de vivir pacíficamente de acuerdo con las normas del Derecho Internacional; igualmente, el pueblo palestino tiene que ser capaz de desarrollarse serenamente con sus propias instituciones democráticas en un futuro libre y próspero”.

Las responsabilidades pastorales que tenemos en nuestras iglesias locales nos llevan a compartir los temores y sufrimientos del pueblo, así como sus gozos y esperanzas. Reconocemos el legítimo derecho de Israel a usar medidas apropiadas de seguridad, pero dichas medidas deberían proteger la dignidad, los derechos humanos, la tierra y el agua del pueblo palestino. Hemos sido testigos de las duras condiciones y de la pobreza que sufren los palestinos como resultado directo de los controles de seguridad y del muro que dificulta el desarrollo económico y la libertad de movimientos. La seguridad de Israel está vinculada con la justicia para los palestinos.

No buscamos poder político, pero dirigimos una exhortación moral a las autoridades públicas para que trabajen por una paz justa. Tomando prestada una imagen usada por el Papa Juan Pablo II, juntos debemos construir puentes y no muros. Debemos trabajar por una paz justa que reconozca los derechos humanos de todos: seguridad para Israel; libertad para los palestinos; dos estados viables y tres confesiones religiosas conviviendo en paz.

Animaremos a nuestras respectivas comunidades y gobiernos para que ayuden a crear una resolución justa del conflicto, para que cada individuo en Tierra Santa pueda vivir en dignidad y desarrollar su potencial humano.

Por primera vez nuestro Grupo de Coordinación visitó el reino hachemita de Jordania. Nos entrevistamos con el Rey Abdullah II de Jordania y tratamos con él acerca de la presencia cristiana en Tierra Santa, de la esperanza de una paz justa y sobre su invitación a colaborar juntos en estos ámbitos.

Celebramos la Eucaristía con una parroquia en Madaba, visitamos lugares santos en Jordania y conocimos las muchas maneras con las que la Iglesia Católica sirve tanto a musulmanes como a cristianos en Jordania, particularmente en educación y en tareas sanitarias. La vitalidad de la Iglesia Católica en Jordania es una prueba de la importancia de la seguridad, estabilidad y respeto de los derechos humanos y de la libertad religiosa.

Nuestra peregrinación nos llevó a la cima del Monte Nebo, donde Moisés vio la Tierra Prometida, una tierra por la cual oramos para que se cumpla la promesa de la paz. Desde allí visitamos el lugar del bautismo de Jesús en Betania, al otro lado del Jordán, donde nos impresionó la presencia de miles de peregrinos ortodoxos. Rezamos para que las aguas de la justicia inunden esta Tierra.

La difícil situación de Tierra Santa no nos lleva al optimismo, pero nuestra fe y nuestros encuentros con los jóvenes nos hacen tener esperanza en un nuevo comienzo. Oramos por el florecer de la Iglesia Madre y para que brote una paz con justicia para todos los pueblos y las tres confesiones religiosas de esta Tierra que llamamos Santa.

 

(Traducción no oficial del original en inglés realizada por la Oficina de Información de la CEE)