Somos jóvenes cristianos, de diversos países del continente Europeo. Venimos de diversas realidades sociales y eclesiales, pero encontramos en Cristo nuestra comunión.

Después de estos días tan importantes que hemos pasado con vosotros, queremos manifestaros, ante todo, nuestro agradecimiento por haber querido dar la palabra, en este X Simposio, a 35 jóvenes.

Pero además, nos parece necesario daros las gracias a todos vosotros por vuestra disponibilidad para venir a nuestro encuentro, no sólo en las discusiones plenarias, sino también en cada ocasión que ha constituido la cotidianidad de estos días. Una simple comida, una plegaria compartida o un diálogo informal, han sido ocasión para profundos y estimulantes encuentros personales que nos han hecho entender cuán profundamente estamos unidos en la búsqueda del Camino, la Verdad y la Vida.

Al término de este Simposio, podemos afirmar con sinceridad que ha sido un momento muy valioso para superar toda posible distancia que nos parecía se interponía entre nosotros y vosotros. Hemos creado un clima de amistad y de diálogo abierto, constructivo, vivo.

Por tanto, no podemos marchar sin compartir con vosotros los frutos de nuestras reflexiones.

Queremos aseguraros:

  • que no dudaremos en responder “sí” a Dios que nos llama a redescubrir en la vida cotidiana la raíz cristiana de Europa;

  • que deseamos continuar el diálogo con vosotros para ponerlo al servicio de nuestras diócesis y comunidades;

  • que trabajaremos, por tanto, a vuestro lado en la construcción de la Iglesia concreta;

  • que seremos testigos de la experiencia de comunión vivida en estos días para todos aquellos que encontremos;

  • que contribuiremos a la edificación de una “casa común” europea más humana y cristiana (Hemos empezado a redactar un documento que trataremos de compartir con nuestras comunidades. Deseamos prepararlo antes de la plenaria de octubre del CCEE).

Para ser capaces de corresponder concretamente a todo ello, sentimos la necesidad de manifestar también nuestras necesidades.

Sentimos:

  • la necesidad de encontrarnos regularmente con vosotros para compartir las alegrías y las dificultades y caminar juntos en nuestra experiencia de vida cristiana;

  • la necesidad de mayores posibilidades de educación y formación cristiana, de manera que podamos compartir también más responsabilidades en nuestras comunidades;

  • la necesidad de que nos animéis a vivir nuestra vocación y responsabilidad en el ámbito económico, político y social en los contextos en que nos movemos;

  • el deseo de vivir con vosotros en el mismo espíritu que animaba a la primera comunidad cristiana;

  • la necesidad de que nos enseñéis a rezar, que recéis con nosotros y por nosotros, y que nos ayudéis a redescubrir y vivir el verdadero sentido de la liturgia;

  • el deseo de conformar nuestra vida a la novedad del Evangelio en referencia al patrimonio de la Sagrada Tradición de la Iglesia;

  • el deseo de tener ocasiones de encuentro (conferencias, sínodos, simposios…) para poder continuar el camino comenzado en este Simposio;

  • la necesidad de encontrar en vosotros un guía espiritual, que no sea sólo un profesor, sino un testigo que nos acompañe en el encuentro personal con Cristo.

Agradecemos a Dios que ha hecho que nos encontremos, y le confiamos a Él nuestro camino juntos.

¡REMAD MAR ADENTRO! (Lc 5,4).

Jóvenes Delegados presentes en el
X Simposio de Obispos Europeos

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CONSILIUM CONFERENTIARUM EPISCOPORUM EUROPEA (CCEE)
X SIMPOSIO DE OBISPOS EUROPEOS

“Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio”. “Os escribo a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios está en vosotros y habéis vencido al maligno” (1 Jn 2, 13-14)

1.- El X Simposio de Obispos europeos sobre el tema “Jóvenes de Europa en el cambio. Laboratorio de la fe” (Roma, 24-28 de abril de 2002), ha sido para todos nosotros, Pastores y jóvenes participantes, una vivencia intensa de gracia y de comunión fraterna.

a. El encuentro tenía como objetivo descubrir junto a los jóvenes nuevas y concretas posibilidades y caminos de evangelización y de inculturación de la fe en nuestro Continente, con el fin de que todos los países de Europa, recuperando las propias raíces cristianas, puedan construir juntos una “casa común” desde el Este hasta el Oeste, fundamentada sobre la fe en Cristo y sobre la promoción de la verdadera dignidad y libertad de cada persona.

b. Europa está viviendo en estos últimos decenios un cambio profundo que afecta a costumbres, valores y tradiciones culturales y religiosas. En primer lugar, los jóvenes se muestran sensibles a este cambio y participantes en él. Por esto, hemos querido afrontar esta compleja realidad con la misma mirada positiva y rica de prospectivas de los jóvenes, a partir de sus problemáticas, expectativas y retos en relación con la Iglesia, la fe cristiana, y con la sociedad en que viven. El método del “laboratorio” ha caracterizado el Simposio. Obispos y jóvenes católicos y de otras confesiones cristianas se han escuchado, se han hablado, han rezado juntos y juntos han renovado el compromiso de anunciar el Evangelio en la diversidad de sus roles y responsabilidades. Hemos llegado a la convicción de que bajo la acción del Espíritu Santo tal camino está ya iniciado y los jóvenes son, en cierto modo, la vanguardia, los “centinelas de la mañana” que anuncian el envío prometido.

c. Nos ha inspirado y sostenido el Duc in altum, que el Santo Padre ha querido entregarnos de nuevo en la audiencia en la que nos ha renovado la invitación a ser conscientes de los problemas, a menudo lacerantes, que sufre nuestro Continente, pero también a confiar en la presencia de Aquel que es el Viviente y camina con nosotros en la historia. A Juan Pablo II, tenaz evangelizador del continente europeo, expresamos toda nuestra gratitud y creativa fidelidad.

2. Animados por el Espíritu y considerando este tiempo como el tiempo que Dios nos ha concedido para vivir el gozo del Evangelio y testimoniarlo a los demás, hemos recorrido un articulado camino de búsqueda y de intercambio de experiencias.

a. Una lectura sapiencial de la condición juvenil hoy en Europa, en el contexto más amplio de la postmodernidad, necesita como vía prioritaria suscitar encuentros personalizados con Jesús, como Aquel que concede al hombre volver a encontrar su identidad a la medida misma de Dios, experimentar el apoyo indispensable de la comunidad de fe, de amistad y de amor, disponer de pastores capaces de acoger, escuchar, proponer, acompañar.

b. Esto nos lleva a proyectar concretas propuestas formativas que teniendo en cuenta el diferente terreno juvenil se traducen, no en genéricos discursos, sino en itinerarios personalizados, por tanto, diferenciados, evangélicamente auténticos al transmitir a los jóvenes la verdad del Evangelio sin reducciones, con frecuencia “contracorriente”,  pero juntos, tratando de hacer transparente el mismo estilo de Jesús que nos invita a acoger el misterio de la paternidad de Dios en el día a día.

c. Desgraciadamente, sucede que muchos jóvenes sienten a la Iglesia, lugar natural para el encuentro con Cristo, como lejana, extraña, poco creíble e incapaz de hablar al hombre de nuestro tiempo. Es fuerte la necesidad de comunidades cristianas (parroquias, instituciones religiosas, movimientos y otras realidades eclesiales) en las que se experimenten relaciones humanas profundas y genuinas, ricas de comunión y amistad, pero también capaces de hacer una propuesta de fe más alta en las metas, más exigente en la calidad, más profunda en la espiritualidad, manteniendo estrechamente unido el mensaje con la vida de las personas y con las expectativas más radicales del corazón humano. Los jóvenes no son solamente receptores del anuncio, sino que sienten la vocación de ser ellos mismos protagonistas de la misión a los jóvenes y a cualquier otra persona. Su contribución se ha de reconocer hoy como un bien necesario e insustituible para la evangelización de Europa.

d. Señalamos, finalmente, con interior satisfacción, otros aspectos importantes de enriquecimiento fruto del Simposio: las muchas y diversas experiencias de comunicación del Evangelio a los jóvenes y con los jóvenes en Europa y en el mundo, el sentir ecuménico con la participación de miembros de las comunidades cristianas, la atención a la dolorosa situación del Continente africano, el clima de comunión, de oración, de intercambio de dones. Ha sido una verdadera experiencia eclesial, que ha tenido su centro en la Eucaristía diaria, una cordial actitud en las conversaciones informales, una notable resonancia en las visitas a comunidades romanas, acogedoras y generosas según su tradición.

3.  Del Simposio han salido particulares puntos comunes que proponemos como motivos de ulterior reflexión y compromiso concreto.

a. La nueva frontera de la evangelización en Europa pasa a través de una nueva conciencia misionera con el coraje y la creatividad de iniciativas concretas. Estamos convencidos de contribuir de forma decisiva a la libertad religiosa, base de la civilización de nuestro Continente, a las formas de acogida y de respeto debido a toda persona, siendo testigos de nuestro encuentro con el Verbo de la Vida, Cristo Señor, y sabiendo dar cuenta de la esperanza que está en nosotros. (Cfr. 1 Ped 3, 15).

Conscientes de esto, hemos concretado algunos ámbitos privilegiados del compromiso misionero, camino seguro a la santidad:

  • sólo una comunidad plenamente misionera podrá hacer creíble y significativo el testimonio del Evangelio en la sociedad, por esto la formación misionera se convierte en criterio de la misma identidad del cristiano

  • se aprende a ser misioneros “haciendo la misión” en medio del propio ambiente de vida (trabajo, estudio, tiempo libre…), interviniendo como cristianos en las iniciativas culturales, económicas, sociales, políticas, hoy de extensión europea, con la indispensable competencia y acción.

  • Dios nos pide el coraje de afrontar importantes verdades cristianas olvidadas o no bien expresadas, como la iniciación cristiana y el sacramento de la confirmación, la verdadera y liberadora comprensión de la sexualidad y castidad cristiana, el papel educador de la familia, la gracia del sacramento de la reconciliación y del perdón…

  • en la escuela de Jesús, es necesario configurar la formación cristiana mediante itinerarios diversificados (laboratorios de la fe), encontrando la persona en donde se encuentra, en la desolación, en la aparente indiferencia, en la pregunta, en la alegría de la fe vivida…

  • somos llamados insistentemente a realizar una nueva imagen de comunidad cristiana creíble y capaz de ser vivida, en la que sea propio el valor de la verdad, el perdón del enemigo, el diálogo ecuménico, la donación gratuita de sí en las vocaciones incluso más comprometidas (como el sacerdocio y la vida consagrada), el servicio a los pobres y débiles, la defensa de la vida desde su primer instante a su fin natural, el compromiso por la justicia, la paz y la salvaguarda de la naturaleza.

b. “Evangelizar a los jóvenes y dejarse evangelizar por ellos” viene a ser una reciprocidad que corresponde a una Iglesia de comunión a la que nos llama el Vaticano II.

La providencia de Dios llama hoy a las Iglesias de Europa a considerar a los jóvenes cristianos, no sólo como un sector u objeto específico de pastoral juvenil, sino a reconocerlos y recibirlos como don de Cristo a su Iglesia en toda su misión, estudiando con ellos las situaciones y los problemas y realizando con ellos programas e iniciativas. Para esto se requiere dar un salto de calidad, una verdadera y propia conversión pastoral. Ayudarles, pues, en su formación, establecer con ellos formas de escucha, de diálogo, de encuentro, de proyección y cumplimiento de la voluntad de Dios.

c. Por último, como Obispos nos sentimos interpelados por cuanto los jóvenes presentes en el Simposio nos han dicho y pedido. Los jóvenes desean Obispos y sacerdotes que les consideren, no sólo esperanzas del futuro, sino una realidad presente y actual en la Iglesia, con la que debemos contar desde ahora mismo. Solicitan que encuentren el tiempo específico de encuentro y diálogo con ellos, valorando también la vía epistolar, compartiendo juntos problemas, búsquedas, experiencias, con el corazón y con la inteligencia, proponiendo con claridad el Evangelio y además ayudando a vivirlo. Piden, finalmente, que sean los primeros testigos del Evangelio y de la bondad de Jesús, llenos de confianza y de esperanza en Él.