Curso de misionología para delegados diocesanos

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Curso de misionología para delegados diocesanos

Este Curso se celebró en el Centro Internacional de Animación Misionera (CIAM) en Roma, organizado por el Secretariado Internacional de la Pontificia Unión Misional, con la colaboración de la Dirección nacional de las Obras Misionales Pontificas en España. Vale la pena hacer una reflexión sobre esta experiencia.

CursoMisionologia1La elocuencia de los números. Diez días han sido suficientes para la convivencia y la reflexión, habida cuenta que la mayoría de ellos tienen numerosas responsabilidades eclesiales, famulares y profesionales que no pueden abandonar por largo tiempo. El grupo se ha integrado de un 50% de españoles y otros tantos de América Latina. Quienes han venido de este Continente procedían de 16 países distintos. La complementariedad y la integración ha sido la adecuada, habida cuenta de que todos son responsables de la animación y formación misionera en sus respectivas diócesis. En este asunto, la diversidad era muy superior a la uniformidad. Desde un origen común, ser delegado del primer misionero en la diócesis que es el obispo, hasta la visión poliédrica al comprobar que la misma tarea y servicio eclesial podía hacerse realidad en situaciones tan diversas y contrapuestas.

La singularidad del lugar. Los 33 participantes fueron acogidos a un paso del corazón de la Iglesia. Desde la sala de clases y conferencias se podía contemplar la basílica de San Pedro. El centro es propiedad de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y la dirección del mismo corresponde a uno de los Secretariados de las Obras Misionales Pontificas. Desde el primer momento viven la universalidad de la Iglesia y descubren que su servicio eclesial tiene esta connotación universal. Más allá de la elocuencia geográfica fue la gracia de contar entre los intervinientes a responsables del Dicasterio romano que mostraban con sus palabras y, sobre todo, con su presencia esta dimensión universal.

CursoMisionologia2La riqueza de los contenidos. Las cuestiones propuestas a los participantes eran presentadas no tanto por su novedad, que no lo eran, cuanto por su integración en el conjunto de tareas que competen al delegado diocesano de misiones. Ordinariamente este responsable diocesano de la misión se debate entre los reclamos de muchos asuntos, todos ellos imperantes, y necesita unos criterios orientativos para valorar la armonía existente entre ellos y dar una respuesta operativa que optimice los escasos recursos humanos y técnicos de los que cuenta. De ahí que los contenidos estuvieran entrelazados de forma que la fundamentación  teológica de la misión  estuviera en sintonía con las respuestas operativas a las demanda de cooperación y animación; o que los reclamos de la Iglesia particular no fueran en detrimento de los que emana de la Iglesia universal.

La convivencia fraterna. La total disponibilidad por parte de quienes sirven en el CIAM con una para atender cualquier necesidad, la convivencia entre todos sin distinción alguna y la prioridad que se dio a las celebraciones litúrgicas y oracionales contribuyeron a que los diez días fueran expresión de la vida familiar que dignifica a los misioneros. La puerta del corazón de un misionero siempre está abierta y no hay aduana para entrar en él. Estos diez días han sido la ocasión para abrir el corazón al otro y estar disponible para servir a quien los necesita porque en el otro está Dios, y la vida no tiene sentido sin Él.



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