Nos alegramos de la aprobación del Tratado Constitucional por la Conferencia Intergubernamental. Este Tratado marca supone un paso importante en el proceso de la integración europea. Se ha de agradecer a la Presidencia irlandesa que haya logrado que la Conferencia Intergubernamental haya encontrado soluciones a muchas de las cuestiones todavía en suspenso.

En comparación con los tratados precedentes, el Tratado Constitucional es más claro, y por esta razón, será más comprensible a los ciudadanos. Las nuevas funciones del Presidente del Consejo Europeo y del Ministro Europeo de Asuntos Extranjeros, deberían permitir en el futuro la identificación más fácil de las personalidades con cargos en la Unión Europea. De esta manera, la Unión podría llegar a ser más cercana a sus ciudadanos. El Tratado Constitucional prevé modalidades más equilibradas para los procedimientos de votación. En efecto, se ha podido llegar a un compromiso que, en principio, permite tener en cuenta la igualdad de los Estados así como la diferencia numérica de su población.

Con gran satisfacción nuestra, el Tratado Constitucional, en su artículo I-2 menciona el respeto a la dignidad humana como primer valor de la Unión. Los objetivos de la Unión se basan en la búsqueda del bien común europeo y universal. Se asegura mejor el respeto a los derechos fundamentales en Europa gracias a la integración de la Carta de los Derechos Fundamentales en el Tratado Constitucional, incluso aunque este texto no sea satisfactorio en todos sus aspectos. De esta manera se puede esperar que la Unión llegue a ser cada vez más una comunidad de valores.    También tenemos en cuenta que el reconocimiento de la identidad y de la contribución específica de las Iglesias y de otras comunidades religiosas, en el artículo I-51, constituye un avance mayor para la Unión. El diálogo abierto, transparente y regular de la Unión con las Iglesias y las comunidades religiosas, es un buen punto de partida para el desarrollo de relaciones de colaboración entre las Instituciones europeas y las Iglesias.

En cuanto al preámbulo, nos alegramos de la mención a la herencia religiosa de la Unión Europea, aunque lamentamos que la Conferencia Intergubernamental, a causa de la oposición de algunos de sus participantes, no haya podido encontrar un consenso para reconocer explícitamente que esta herencia es principalmente cristiana, como nosotros lo habíamos propuesto, junto con otras Iglesias. Este hecho, que podría interpretarse como una forma de desprecio a las convicciones de un número importante de ciudadanos de todos los países miembros, muestra que la Unión Europea debe interrogarse todavía sobre su herencia y su identidad. Europa sigue siendo un proyecto en construcción a muchos niveles.    Mientras tanto, invitamos a todos los cristianos y a todos los ciudadanos de la Unión a familiarizarse con el Tratado. De cara al procedimiento de ratificación, invitamos a los responsables de la vida política y de los medios de comunicación, así como a los intelectuales, a asumir su responsabilidad para presentar el Tratado a los ciudadanos, a fin de que puedan conocer mejor los valores y objetivos de la integración europea.

+ Josef Homeyer, Bishop of Hildesheim, Presidente
+ Adrianus van Luyn, Bishop of Rotterdam Vice-Presidente
+ Hippolyte Simon, Archbishop of Clermont Vice-Presidente

Roma, 23-25 de junio de 2004
Nota: traducción no oficial de la Conferencia Episcopal Española