Declaración final del Coloquio de Berlín "Asumir la responsabilidad de una nueva etapa de la integración europea"

Declaración final del Coloquio de Berlín "Asumir la responsabilidad de una nueva etapa de la integración europea"

A invitación del Comité Central de los Católicos Alemanes y de las Semanas Sociales de Francia, una centena de personalidades provenientes de 20 países europeos han estado reunidos en la Academia Católica de Berlín del 28 de febrero al 2 de marzo de 2002, celebrando un Coloquio dedicado a las responsabilidades sociales de los cristianos de cara a la evolución de la construcción europea.

Los participantes en este Coloquio han acordado crear un Grupo de Trabajo que tenga como objetivo la preparación de una importante declaración europea para el otoño de 2004. Esta actuación quiere estar abierta a todos aquellos para los que el mensaje social cristiano debe continuar inspirando la construcción institucional y las iniciativas de la sociedad civil de cara a las grandes cuestiones de nuestro tiempo.

El Coloquio, al final de sus trabajos, ha aprobado la declaración siguiente:

  1. Las razones por las cuales numerosos cristianos se han comprometido a favor de la unificación de Europa son de importante actualidad. Hoy como ayer la unificación de Europa es un proyecto que está en el centro de nuestras preocupaciones éticas y espirituales: el respeto de la dignidad humana, el perdón y la reconciliación, la llamada a sus miembros más grandes a no imponer su voluntad a los más pequeños, la solidaridad de los más ricos hacia los más pobres, una concepción del hombre marcada por el amor de Cristo, que da a la conciencia europea una fuerte identidad social.Son estas consideraciones las que inspiraron el Manifiesto «Por una conciencia europea», hecho publico en mayo de 2000 por los presidentes del Comité Central de los Católicos alemanes y de las Semanas Sociales de Francia, y que ahora el conjunto de los firmantes de esta Declaración hacen suyo.
  2. La Unión Europea está en una encrucijada de caminos y se encuentra enfrentada en su organización interior a dos desafíos simultáneos: su profundización y su ampliación. Siendo a menudo presentados como contradictorios sin embargo participan en una misma esperanza: construir en pie de igualdad una misma comunidad política entre nuestros países, es decir, una estructura federal específica en una unión de Estados y de Naciones. Esta federación europea, concebida en base a los principios de solidaridad y subsidiariedad, respetuosa con la diversidad de historias políticas, de tradiciones y de culturas de sus miembros, será necesariamente evolutiva en su misión, en su perímetro territorial y en la organización de sus poderes. Pero ahora es indispensable fijar las bases de esta Europa a través de la elaboración de una Constitución europea abierta y flexible.
  3. Saludamos, por consiguiente, la convocatoria realizada por los jefes de Estado y de Gobiernos de la Convención Europea y la apertura de sus trabajos a todas las fuerzas y organizaciones de la sociedad civil de los países miembros y de los países candidatos. Intentaremos responder a esta llamada con análisis y propuestas. Intentaremos también llevar una contribución particular a la ampliación de la Unión a través de nuestros esfuerzos de los laicos cristianos para hacer reencontrar las tradiciones católicas, protestantes, anglicanas y ortodoxas presentes en el Viejo Continente. Al mismo tiempo que es necesario el dialogo de Iglesia a Iglesia, es también el momento de intensificar los encuentros entre los mismos creyentes, portadores de la rica diversidad de sus culturas. El diálogo ecuménico e interreligioso es una exigencia ineludible para una Europa que va más allá de un proyecto económico o un mercado.
  4. Los cristianos no pueden conformarse con una Europa unida en un mundo desgarrado, con una Europa tranquila en un mundo en conflicto, con una Europa enriquecida en un mundo que se enfrenta al desafío de la pobreza. Ahora bien, corremos el riesgo de que nuestro continente envejecido se repliegue sobre sí mismo, fatigado por la historia, ensimismado en los resultados de su inteligencia y rememorador de los grandes acontecimientos de su pasado. Por el contrario, Europa tiene que asumir su cuota de responsabilidad en la construcción de un mundo nuevo: un mundo más humanizado, portador de valores, respetuoso con las libertades personales – entre ellas la libertad religiosa- ; un mundo en continuo desarrollo; un mundo en el que el diálogo y el compromiso recaigan con más fuerza sobre los más pobres. Los ciudadanos y ciudadanas de Europa tienen que asumir el coste político y económico de esta responsabilidad. La solidaridad está en el centro de los cincuenta años de la historia de la unificación europea. Esta unificación está fundada en el amor al prójimo y en la universalidad de nuestra fe.

Representantes de la Conferencia Episcopal Española en este coloquio:

Mons. José Sánchez González. Obispo de Sigüenza – Guadalajara

D. José Tomás Raga Gil. Presidente de Semanas Sociales de España

Rvdo. Fernando Fuentes Alcántara.
Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Pastoral Social (Conferencia Episcopal Española)