En torno a la globalización económica

gilhellinfrancisco

En torno a la globalización económica

gilhellinfranciscoLa globalización económica puede convertirse en uno de los jinetes del Apocalipsis si no somos capaces de embridarle. No sólo porque puede llevarse por delante los recursos del planeta, sino también porque es capaz de destruir la dignidad de su principal protagonista: la persona. El riesgo fundamental es convertir a ésta en un mero instrumento que funcione como si fuera un interruptor: ahora lo enciendo porque lo necesito, y ahora lo apago y lo despido porque no me hace falta. Las rígidas y nada flexibles leyes actuales de producción, rentabilidad, competitividad, etcétera, pueden ser un arma de un terrible filo que hiera lo más íntimo de la vida de tantos trabajadores de la industria, comercio y servicios.

Una de las principales consecuencias es la llamada “movilidad geográfica”. Puede revestir diversas modalidades. Por ejemplo, si falta trabajo en una zona, se obliga a desplazarse a otra (fenómeno creciente de las migraciones). O se envía a otro lugar por un tiempo determinado a los que trabajan en la empresa (desplazamiento). O se les impone ir a vivir a otra ciudad o país. Sin pretender poner puertas al campo o adoptar una postura intelectual y existencial rígida, es imprescindible tomar conciencia de las implicaciones humanas y morales de este fenómeno.

Baste recordar que la “movilidad geográfica” puede impedir la seguridad mínima necesaria que el trabajador necesita para crecer y madurar. Rompe las relaciones familiares y de parentesco, así como las culturales y sociales, pues su ecosistema de relaciones culturales, históricas, familiares y de amistad se desestructura y se quiebra. Se destruye también el tiempo biológico, familiar y social del trabajador y se le convierte en ‘tiempo productivo-laboral’. La misma autonomía personal y la seguridad familiar pueden quedar seriamente comprometidas.

Las repercusiones humanas y sociales que tiene esta realidad son muy importantes. Por ello, las personas responsables no pueden quedarse indiferentes ni renunciar a pensar en las implicaciones ético-sociales de esta globalización económica y sus férreas leyes. Al contrario, si queremos prevenir los efectos devastadores de lo que puede convertirse en una dictadura económica y en un modo nuevo de tratar a los hombres como esclavos, es necesario reflexionar con hondura, denunciar sus vicios y carencias, y actuar de modo responsable y eficiente.

Los cristianos tampoco pueden mirar este fenómeno desde fuera o aceptarlo sin más. Al contrario, han de sentirse protagonistas de la historia y, por ello, trabajar para que ni a ellos ni a los demás les impongan modelos que atacan la dignidad de los hijos de Dios. Se trata, en definitiva, de humanizar nuestras vidas, relaciones y estructuras para que podamos vivir como criaturas que son imágenes de Dios.

En esta perspectiva se inscribe la reflexión que están llevando a cabo no pocos grupos juveniles de España y, más en concreto, la Juventud Obrera Cristiana. Lo que ellos pretenden es hacer una profunda sensibilización y formación tanto de los ciudadanos como, sobre todo, de los trabajadores. Como decía al principio, no se puede poner puertas al campo ni optar por soluciones maximalistas. Pero esto no tiene nada que ver con las iniciativas que puede adoptar un capitalismo económico, que olvide que la persona humana es y será siempre el centro de todo el orden económico y social.

 

Francisco Gil Hellín
Arzobispo de Burgos