Vivir el morir. La vida sigue. ¡No tengas miedo!

Vivir el morir. La vida sigue. ¡No tengas miedo!

Día del enfermo 1993

 

1. Desde 1985, en que se inició en la Iglesia española la celebración del Día del Enfermo, los obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral nos hemos dirigido a las comunidades cristianas para ofrecerles nuestro mensaje en torno a la jornada. En esta ocasión, queremos además expresar nuestra gratitud a Juan Pablo II, Pastor de la Iglesia Universal, por haber instituido la Jornada Mundial del Enfermo. Tenemos la seguridad de que será un gran bien para los enfermos, para la Iglesia y para el mundo.

Jornada Mundial en España

2. La Iglesia española, uniéndose con gozo a toda la Iglesia, inició la celebración de la Jornada Muncial el 11 de febrero, conmemoración de la Virgen de Lourdes, y la culminará el 16 de mayo, Domingo VI de Pascua.

Nuestra Comisión ha elegido para la celebración de esta jornada el tema «Vivir el morir», tema vivo, conflictivo, interpelante por las tendencias de la cultura actual. Desde nuestra fe en Jesucristo, muerto y resucitado, queremos ofrecer una ayuda para replantearnos con lealtad el acontecimiento de nuestra muerte y contribuir a que la sociedad viva el proceso del morir en un clima de esperanza, serenidad y paz.

Hoy es difícil morir

3. La cultura actual oculta, silencia e ignora la muerte. Pero es una realidad innegable que la muerte forma parte de la vida. Antes o después nos encontramos con ella y tenemos que encararla: el amigo que muere en accidente, el familiar cercano que se va apagando poco a poco en casa o en el hospital, el vecino que murió de repente, el diagnóstico de una enfermedad grave. Hoy es más difícil que en otras épocas afrontar la muerte, vivir el morir y ayudar a los otros a que tengan una muerte digna. Por eso nos preguntamos: ¿nos preparamos para ello?, ¿la actual asistencia sanitaria nos lo facilita?

Jesús y la muerte

4. Jesús ama la vida pero no le deja indiferente la muerte. Se conmueve ante la viuda de Naín que va a enterrar a su hijo único y llora la muerte de su amigo Lázaro. Y se desvive para que todos, y en especial los más desvalidos, puedan vivir en plenitud.

Jesús no esquiva su propia muerte, pudiendo hacerlo, sino que la afronta de manera consciente y libre. «Nadie me quita la vida, soy yo quien la da» (Jn 10,18). Jesús acepta la muerte por fidelidad al Padre y por amor a nosotros. Pero no fue fácil para él aceptarla. A la hora de la verdad, en trance tan decisivo, siente miedo, angustia y rechazo, se ve solo, rechazado por su pueblo y abandonado de sus amigos más íntimos, y experimenta el fracaso y el abandono hasta del Padre. En ese momento terrible es capaz de poner su vida confiadamente en las manos de su Padre.

Y la señal de que el Padre estaba junto a Jesús en la cruz, de que hacía suyas las actitudes y toda la obra del Hijo, de que su muerte es salvación y vida para la humanidad, es la resurrección.

El cristiano y la muerte

5. Jesús es modelo y referencia para el cristiano en la vida y en la muerte. En él aprende a morir y a cultivar en su vida actitudes que conducen a una muerte cristiana.

La muerte, como acontecimiento decisivo de la existencia humana, no se improvisa. Hemos de mentalizarnos para asumir el hecho de nuestra propia muerte y prepararnos para una muerte cristiana desde una vida que imita la de Jesús. Hemos de alentar en nosotros la esperanza de la resurreccción en un mundo en el que muchos hombres viven cerrados a la transcendencia, como si esta vida fuese la única definitiva. Hemos de vivir como resucitados, como hombres que han pasado de la muerte a la vida, amando a los hermanos (1Jn 3,14). Y hemos de dar signos de vida en una sociedad en la que hay tantos signos de muerte, en forma de guerras, odios, hambre, injusticias e insolidaridad, y combatirlos ayudando a que sus víctimas resuciten a una vida digna del hombre y de la mujer, creados por Dios a su imagen.

Nuestro compromiso para ayudar a morir con dignidad

6. Ayudar a bien morir es uno de los mayores bienes que podemos hacer a los otros. En Jesucristo, resucitado por el Padre, descubrimos el sentido de la muerte y la experiencia de una vida nueva en la que morir a los egoísmos para abrirnos al amor al hermano, es anuncio y participación de su feliz resurrección. Los cristianos hemos de anunciar el evangelio de la muerte que conduce a la vida.

  • Los presbíteros, los catequistas, los que participan en la pastoral de los enfermos, deben asimilar la verdad sobre la muerte y su sentido, a la luz del mensaje de Jesús; y han de conocer los interrogantes del hombre de hoy ante la enfermedad y la muerte para proyectar sobre ellos la iluminación de la fe.
  • La comunidades cristianas deben considerar, como compromiso permanente, la difusión del «Testamento Vital», aprobado por la Conferencia Episcopal Española, como un medio práctico, sencillo y valioso para anunciar el evangelio de la buena muerte cristiana.
  • Los grupos parroquiales de pastoral de la salud y los servicios de asistencia religiosa de los hospitales deben reavivar la tradición cristiana de acompañar a los que van a partir de este mundo, creando en torno a ellos lazos fraternales, fortaleciéndolos con el viático del Cuerpo de Cristo y rodeándoles de un clima de paz.
  • Las comunidades
    cristianas han de prestar a los familiares de los enfermos graves la atención y el apoyo necesarios para afrontar la dificultad de la situación y prepararse para la muerte del ser querido con esperanza cristiana.
  • Las autoridades sanitarias tienen la obligación de contribuir activamente a la humanización del morir, creando en los hospitales las condiciones que favorezcan una buena muerte, promoviendo los cuidados paliativos y formando a los profesionales sanitarios que asisten y cuidan a los enfermos terminales.

7. Que María, madre de los creyentes y de todos los hombres, anime nuestra esperanza para vivir cristianamente nuestro morir y para que todos encuentren, en trance tan decisivo, el consuelo, el amor y la paz.

Los obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral:

Teodoro Úbeda Gramaje, presidente de la Comisión,
obispo de Mallorca,

Javier Osés Flamarique, obispo de Huesca,
Antonio Deig Clotet, obispo de Menorca,
Javier Salinas Viñals, obispo de Ibiza