Estuve enfermo y me visitaste

Estuve enfermo y me visitaste

Día del enfermo 1985

 

1. Celebramos este año, por primera vez en la Iglesia espanola, el Día del Enfermo. Los obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral, recogiendo el sentir de todos los obispos, os invitamos a reflexionar sobre la situación de los enfermos y su papel en nuestro mundo y, muy especialmente, en nuestras comunidades cristianas.

2. Nuestro mundo vive de espaldas a la enfermedad. Sin embargo, más de tres millones de enfermos pasan cada año por los hospitales en España. Y un número todavía mayor pasa la enfermedad en casa. Antes o después llega el dolor a visitarnos y rara es la familia que no cuenta con un enfermo entre sus miembros.

En un primer momento, todos nos sentimos movidos a compasión. Pero cuando la enfermedad se alarga, comenzamos a sentir al enfermo como alguien que molesta y que complica nuestra vida y, a veces, le negamos o regateamos el cariño, la atención, la compañía y el aliento del que tan necesitado está precisamente en esos momentos. ¿Es necesario decir que, con ello, nos colocamos en una postura inhumana y, sobre todo, anticristiana?

3. Queremos decir, con ocasión de la Jornada, que los enfermos no sólo son miembros de pleno derecho de la familia humana, sino también personas útiles y necesarias en ella. Desde un punto de vista humano:

  • Los enfermos nos muestran lo más radical de nuestra condición de seres limitados y encadenados, por nuestra propia naturaleza, al dominio del dolor y de la muerte.
  • Los enfermos nos explican, con su estado, que la salud, siendo muy importante, no es el valor definitivo de nuestras vidas.
  • En muchos casos, los enfermos son una lección viva de coraje y de esperanza, nos descubren que el hombre es capaz de superar adversidades y, con frecuencia, ganan a los sanos en ternura, entrega y amor.

4. Todos estos valores se multiplican a la luz de la fe, porque:

  • Los enfermos nos recuerdan la presencia viva del Señor y nos revelan el sentido del dolor porque Cristo, sufriendo y muriendo por amor, ha dado una respuesta al dolor del hombre.
  • Muchos de ellos se han convertido, para los cristianos, en ejemplos vivos de esa oración, esa paciencia, ese silencio y serenidad de espíritu que tanto escasean en nuestro tiempo.
  • Ellos, en fin, nos interpelan para que busquemos, como lo realmente necesario, no lo inmediato, sino la salud y la salvación que nos vienen por la fe en Jesucristo.

5. Por todo ello, como hombres y como cristianos, hemos de valorar el papel que los enfermos juegan en la comunidad humana y cristiana.

Debemos luchar con todas nuestras fuerzas para aliviar y disminuir o hacer llevaderos sus dolores. Son de alabar todos los esfuerzos que médicos, enfermeras y demás personas dedicadas a la actividad sanitaria, así como las autoridades que dirigen la sanidad, invierten en mitigar el dolor de sus hermanos.

6. La comunidad cristiana debe despertar, tomar conciencia y estar al lado de los enfermos. Y debe hacerlo a ejemplo de Jesús y siguiendo su mandato.

Toda la vida del Maestro fue una apertura y una entrega a los enfermos. Vivió rodeado de ellos porque fue permanentemente en su busca; supo dar respuesta a sus esperanzas; se preocupó de sus personas; curó sus enfermedades; sintió profundo dolor cuando alguien hacía sufrir a alguno de sus hermanos; les ofreció la seguridad de que Dios, su Padre, no les abandonaría jamás.

7. Que la celebración del Día del Enfermo no se quede en una jornada más, sino que descubra a todos los creyentes que los enfermos son una realidad viva, cotidiana y permanente que espera nuestro amor y exige nuestra atención. Como nos lo ha dicho el Papa Juan Pablo II maravillosamente en su reciente Carta Apostólica sobre el sufrimiento humano: «Cristo al mismo tiempo ha enseñado al hombre a hacer bien con el sufrimiento y a hacer bien a quien sufre».

Que cada uno de los creyentes sienta en su corazón la llamada de Jesús que le dice: «Estuve enfermo y me visitaste».

María, madre de Jesús y madre de todos los hombres, a la que invocamos con el título de «Salud de los enfermos», nos ayude a descubrir y vivir esta hermosa forma de fraternidad.

 

Los obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral

Javier Osés Flamarique, presidente de la Comisión,obispo de Huesca,
Teodoro Úbeda Gramaje, obispo de Mallorca,
José Gea Escolano, obispo de Ibiza,
Antonio Deig Clotet, obispo de Menorca.