Siglo XXI Pastoral Penitenciaria: desafío a un fracaso

Siglo XXI Pastoral Penitenciaria: desafío a un fracaso

Las 330 personas asistentes al primer Encuentro de Pastoral Penitenciaria realizado en Burgos del 11 al 13 de Septiembre, hemos constatado y ratificado que la cárcel es un fracaso porque:

  • Es una estructura viciada desde su origen, destinada a recibir a los que la sociedad considera como desechos humanos y ubica en la periferia propiciando su progresiva desestructuración.

  • No hay proyectos serios de reinserción y rehabilitación porque no se aborda la concatenación prolongada de fracasos que han ido progresivamente deteriorando a la persona y que en muchos casos ha desembocado en el problema DROGA/SIDA.

  • Dado el carácter represivo y reducido de toda cárcel, toda institución penitenciaria está abocada a hacer predominar el control sobre el tratamiento, la seguridad sobre el trato personal, la tramitación de la pensa sobre el proceso de maduración personal. Por todo ello se constata una falta de valores y posibilidades humanas que empobrecen el crecimiento personal.

  • La sociedad vive de espaldas a esta realidad: una sociedad que incita constante e ininterrumpidamente al éxito individual ha de condenar, castigar y reprimir todo fracaso.

  • Hay un desconocimiento profundo del fenómeno cárcel que justifica la superficialidad con que vivimos. La cárcel es una falsa solución social: el peso en la sociedad es una molestia, en la cárcel no es molestia aunque nos cueste al año de 4 a 6 millones de pesetas.

  • El fracaso de la cárcel refleja un fracaso social amparado en una doble y ambigua moral; a nivel político la cárcel no es considerada un problema social urgente porque los que en ella residen no tienen ni voz ni voto. La Iglesia como institución no se atreve a ver y a abordar esta realidad. La pastoral penitenciaria sigue siendo marginal como el colectivo al que representa.

  • El nuevo Código Penal es más restrictivo que el anterior, ya que sólo ha sido un pretexto para imponer el cumplimiento íntegro de la pena, haciendo patente el deseo hipócrita de nuestra sociedad: «El que la hace la paga».

  • Hay demasiados presos preventivos y los jueces y abogados conocen muy poco la realidad de las cárceles.

Ante esta realidad de fracaso, proponemos los siguientes retos y desafíos:

  • Remodelar nuestros modelos educativos a fin de educar en valores que lleven a las personas a valorarse más por lo que son que por los éxitos y calificaciones obtenidas.

  • Revisión urgente del nuevo Código Penal y hasta ese momento invitar a los jueces a aprovechar los recursos jurídicos existentes para que prime la persona sobre la pena.

  • Buscar alternativas a la cárcel, sobre todo para las personas afectadas por toxicomanías, gestionando de una manera más correcta y provechosa el dinero público.

  • Aprovechar los recursos penitenciarios existentes (humanos y materiales) en orden a favorecer el ámbito personal del preso, desde la escucha, la atención y la situación concreta (personal, familiar y laboral) con el fin de incrementar su confianza, autoestima y optimismo ante el futuro.
    Crear ámbitos, medios y estructuras que posibiliten realmente la reinserción después de la condena (familiar, laboral, social…) con un seguimiento adecuado.
    Abrir signos y cauces adecuados que interpelen a nuestra sociedad hasta descubrir que el «fenómeno cárcel» es la culminación de una serie de fracasos que nadie se atrevió a abordar serena y lúcidamente. Toda persona que está en la cárcel es un fracaso de toda la sociedad. El delito es individual pero la pena es colectiva.
    Incrementar en tiempo y calidad las comunicaciones con la familia, amistades y conocidos para no romper ni deteriorar los lazos afectivos y de relación social. Acercar lo más posible a todos los presos (sin calificativos) a sus comunidades de origen.

  • Que la Iglesia anuncie sin ambages el mensaje evangélico para poder denunciar con claridad el deterioro de toda persona que sufre en sus carnes la cárcel.

Y nosotros, los que hemos participado en este I Encuentro Nacional de Pastoral Penitenciaria, aunque sabemos que el fracaso persistirá mientras la cárcel exista, aceptamos y asumimos los siguientes desafíos:

  • Seguir acompañando desde el mensaje liberador de Jesús de Nazaret a nuestros hermanos privados de libertad. Desde la dimensión de la misericordia hacer patente la dinámica del perdón que posibilita cauces de futuro sin las restricciones del pasado.

  • Contribuir a humanizar las instituciones penitenciarias con nuestra presencia, nuestra colaboración, nuestra crítica-denuncia y nuestra dedicación.

  • Urgir a nuestra Iglesia a salir de toda comodidad y ambigüedad y desde la experiencia del Reino descubrir y adorar al Cristo que sufre todo hombre privado de libertad.


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