Iglesia y sanidad. Descubre su mundo

Iglesia y sanidad. Descubre su mundo

Día del enfermo 1992

 

1. El Día del Enfermo nos invita este año a entrar en el complejo mundo de la Sanidad. En él se encuentran los enfermos necesitados de curación, sus familias y los profesionales que les ayudan a recuperar la salud. La jornada pretende que los cristianos conozcamos más ese mundo, valoremos y celebremos gozosamente sus logros y, revisando nuestras actitudes a la luz del Evangelio, nos comprometamos solidaria y constructivamente en la solución de sus problemas.

La sanidad hoy

2. Los informes técnicos y la propia experiencia nos muestran la gran transformación que ha experimentado nuestra sanidad. Ha conseguido logros importantes como el aumento de la esperanza de vida y, en muchos casos, también de su calidad, la extensión del derecho a la asistencia a la práctica totalidad de los ciudadanos, la lenta mejora de la atención primaria y una asistencia hospitalaria de calidad. Pero presenta carencias y problemas preocupantes como las largas listas de espera, causa de un sufrimiento sobreañadido para tantas personas, la insuficiente atención a determinados colectivos de enfermos, el inadecuado aprovechamiento de los recursos o la injusta distribución de los mismos, el despilfarro insolidario de los medicamentos, el desencanto y desmotivación crecientes en no pocos profesionales de la salud y las enfermedades originadas por estilos de vida insanos.

3. La situación de la sanidad nos afecta, de una u otra forma, a todos. Ante la misma podemos adoptar actitudes y comportamientos diversos: dejarnos llevar por la indiferencia, cuando no nos toca de cerca; actuar de manera individualista, tratando de solucionar sólo «nuestro» problema; dejarnos arrastrar por el pesimismo, creyendo que no hay nada que hacer; acentuar de forma exclusiva los aspectos económicos y técnicos de la asistencia o resaltar también los humanos.

Iglesia y sanidad

4. Iglesia y sanidad necesitan aproximarse, reconocerse y colaborar mutuamente en el servicio que ambas prestan al enfermo. La Iglesia aporta a la sanidad su sensibilidad social para acudir donde las necesidades asistenciales son más acuciantes, la calidad humana en el trato con los enfermos, la eficacia en la administración y uso de los recursos puestos en sus manos, la participación de sus miembros e instituciones sanitarias en las tareas asistenciales.

La Iglesia aporta también, a partir de la palabra y la práctica de Jesús, el Buen Samaritano, y de su rica tradición asistencial, una serie de convicciones sobre aspectos significativos de la asistencia sanitaria. Por ejemplo: la dignidad de la persona humana en sí misma, el valor primordial de los recursos que hay en cada ser humano, en su interior, en sus actitudes y comportamientos, tanto para curarse como para curar y cuidar a otros; la importancia de la relación personal y directa entre el cuidador y el enfermo; la imposibilidad de curar y cuidar al enfermo sin darle una parte de uno mismo y sin cargar con sus dolencias y miedos; la asistencia como tarea y responsabilidad de todos; la gran utilidad de la integración armónica de la ciencia y de la acción pastoral en el restablecimiento del enfermo.

Finalmente, la Iglesia aporta un nuevo horizonte al sentido de las realidades que se viven en la sanidad: la enfermedad, el sufrimiento, la curación, la asistencia y la muerte.

Tareas para la solidaridad

5. La Iglesia y, más en concreto, las parroquias, las instituciones asistenciales y educativas, los capellanes de hospital, los religiosos y los profesionales sanitarios cristianos han de plantearse su propia responsabilidad y tarea en la sanidad, revisar sus actitudes, reconocer sus fallos y asumir sus compromisos. Con el deseo de orientar a unos y otros proponemos algunas pistas concretas:

  • Llevar a la comunidad parroquial la preocupación por la sanidad con el fin de que sus miembros la conozcan mejor y se comprometan en la solución de sus problemas.
  • Crear comunidad en el ámbito de la sanidad, constituyendo equipos de pastoral y otros cauces en los que los cristianos puedan compartir sus experiencias, reflexionar juntos, celebrar la fe y apoyarse mutuamente en el desempeño de su misión.
  • Colaborar en la promoción de esfuerzos y medidas para lograr una sanidad mejor y para todos.
  • Humanizar la asistencia, contribuyendo a crear dentro de las instituciones sanitarias un clima menos conflictivo y más favorable a la recuperación de la salud y favoreciendo la búsqueda interdisciplinar de modelos de asistencia que pongan a la persona, a toda la persona, en el centro de la misma..
  • Recuperar la dimensión ética, ayudando a descubrir los valores y el sentido que encierra la asistencia sanitaria y promoviendo la formación humanística de los profesionales.
  • Valorar y apoyar al personal sanitario en el desempeño de su tarea a fin de que recobre la fe en su profesión, si la hubiere perdido, y la esperanza, ambas necesarias para transformar desde dentro la sanidad.
  • Promover un laicado cristiano comprometido en la sanidad, que aúne la competencia técnica y la honradez en su trabajo con la cercanía y entrega al enfermo y asuma su responsabilidad en el campo social y político.

6. Que María, madre y modelo de salud, reavive en nuestras comunidades la solidaridad con los enfermos y bendiga la entrega generosa y abnegada de tantos profesionales sanitarios.

 

Los obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral:

Teodoro Úbeda Gramaje, presidente de la Comisión,
obispo de Mallorca
,

Javier Osés Flamarique, obispo de Huesca,
Antonio Deig Clotet, obispo de Menorca