Iguales o distintos, en paz

Migraciones

Iguales o distintos, en paz

Jornada Mundial de las Migraciones

 

MigracionesQueridos amigos;

Los obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones nos dirigimos a las comunidades cristianas y a la sociedad en general para haceros llegar nuestro Mensaje con motivo del Día de las Migraciones, que celebraremos el último domingo de Septiembre. Lo hacemos este año invitándoos a contemplar las migraciones, como lo hace el Papa Juan Pablo II, “desde una óptica de paz”.

En un mundo convulso

Tenemos la sensación estar viviendo en un mundo convulso. En nuestro mismo país, que ha experimentado tantas veces las consecuencias del terrorismo de ETA, hemos sufrido recientemente la violencia de determinados grupos fanáticos de cuño islámico , que se ha saldado con un alto número de muertos y heridos, algunos de los cuales eran inmigrantes. Con este motivo nos dirigimos entonces a la opinión pública alertando ante posibles actitudes xenófobas y para pedir que no se culpe a quienes nada tiene que ver con tales comportamientos violentos.

La pobreza, el hambre, la inseguridad política e institucional, la violencia e incluso la persecución religiosa son manifestaciones de un mundo estructuralmente injusto, que cierra a muchos hombres y mujeres la puerta a la esperanza. Esta situación y los reclamos de los omnipresentes medios de comunicación, que pintan el mundo desarrollado como un paraíso, explican tanto el fenómeno migratorio, como los riesgos y las tragedias a las que tantas personas se exponen buscando un futuro mejor.

El derecho a no emigrar y el derecho a emigrar

No resulta, por eso, extraño que Juan Pablo II en su Mensaje haya hablado del “derecho a no emigrar”, o, lo que es lo mismo, a crear concretas condiciones para vivir en paz y dignidad en la propia patria:Gracias a unaatenta administración local y nacional, a un comercio más equitativo, a una solidaria cooperación internacional, hay que ofrecer a cada país la posibilidad de asegurar a sus habitantes, además de la libertad de expresión y de movimiento, la posibilidad de satisfacer sus necesidades fundamentales como la comida, la salud, el trabajo, la casa, la educación, sin las cuales mucha gente se ve en la obligación de emigrar por la fuerza”.

Opus justitiae, pax”( Is.32, 17). Si la paz es fruto de la justicia, he aquí un eficaz programa de trabajo dirigido tanto a las instancias políticas internacionales, como a las de los países generadores de emigración.

El problema original no es la emigración, sino la injusta distribución de los bienes . Por eso, frente a las explicaciones simplistas o los planteamientos emocionales, hay que reivindicar con urgencia estrategias globales de co-desarrollo. Las mafias y la delincuencia organizada, que será necesario abordar y denunciar , son síntoma y consecuencia de una situación estructural más amplia , que constituye el caldo de cultivo en el que aquellas se desarrollan.

Pero, a la vez que Juan Pablo II ha hablado del derecho a no emigrar, nos ha recordado también el derecho a emigrar , ya formulado por el Beato Juan XXIII en la Mater et Magistra y fundamentado en el destino universal de los bienes de este mundo. Con ello no pretendemos negar el derecho de los gobiernos a “reglamentar los flujos migratorios en el pleno respeto a la dignidad de las personas y de las necesidades de sus familias, teniendo en cuenta las exigencias de las sociedades que acogen a los inmigrantes” Se trata de no permanecer indiferentes o deslegitimar a tantas personas que cargan sobre sus espaldas situaciones con frecuencia dramáticas.

Una positiva concepción de la globalización nos invita a contemplar las migraciones como la punta avanzada de los pueblos en camino hacia la hermandad universal. Hay que tomar distancia, como dice Juan Pablo II, de los particularismos egoístas a los que muchos responsables políticos se refieren como intereses nacionales. Sólo la preocupación por el bien común universal nos permitirá situarnos adecuadamente ante el fenómeno de las migraciones modernas

“Iguales o distintos, en paz”.

La sociedad española , que, incluso contando con la rica pluralidad de sus pueblos, conservaba una cierta homogeneidad cultural, se está convirtiendo por obra y gracia de los movimientos migratorios en una sociedad étnica, cultural y religiosamente plural. Personas con diferentes formas de hablar, de vestir, de comer; con una diferente sensibilidad y percepción del mundo, de lo humano y lo divino, se convierten en vecinos nuestros, en compañeros de trabajo, de colegio, de juegos. De la manera como nos situemos ante el que es diferente dependerá que las diferencias degeneren en conflictos o que caigan prejuicios y madure la comprensión con vistas a la hermandad y la paz entre todos.

Es indispensable para tal convivencia pacífica que, por una y otra parte, exista un verdadero empeño en lograr tanto la integración en el plano social como
la interacción en el plano cultural. Estamos convencidos de que la apuesta por la integración es, a corto y a largo plazo, el medio más eficaz para construir juntos la casa común de que hablábamos en nuestro mensaje del año pasado.

Nos preocupa a este respecto, la angustiosa situación que sufren tantos miles de inmigrantes, que viven ya entre nosotros y a los que su condición de indocumentados los coloca en condiciones de marginación y exclusión social. Confiamos en que se tenga en cuenta su arraigo , la inserción en el mercado laboral y los vínculos familiares para facilitar la regularización de los mismos.

Educar para el diálogo intercultural, interreligioso y ecuménico

La paz exige también una actitud positiva, que sepa “ combinar el respeto a la identidad de los inmigrantes con el patrimonio cultural de las poblaciones que los acogen”. Allí donde el encuentro y la interacción entre las distintas culturas no se ha resuelto convenientemente, las tensiones se han transformado en causas de conflictos periódicos.

Si la identidad de un pueblo viene determinada, en gran parte, por su cultura, no es menos cierto que ésta no es verdaderamente humana si no conlleva la apertura a las demás culturas, a lo universal, precisamente por lo mejor de sí misma , su arraigo en la naturaleza humana. “Un enriquecedor díalogo intercultural constituye un camino necesario para la construcción de un mundo reconciliado”

Si el “sueño” de un mundo en paz es compartido por muchos, si se valoriza la aportación de los emigrantes y de los refugiados, la humanidad puede convertirse cada vez más en familia de todos y nuestra Tierra en una auténtica casa común”, nos dice el Papa. Nuestra Iglesia ”experta en humanidad”, como decía el Concilio Vaticano II, es también experta en mundialización . Su mensaje ha contribuido y quiere seguir contribuyendo a crear comunión sin poner en tela de juicio las identidades específicas de quienes la escuchan.

Toda cultura constituye una aproximación al misterio del hombre también en su dimensión religiosa. Las migraciones no sólo nos convocan al diálogo intercultural, sino también al diálogo interreligioso. Es menester acercarse a todas las culturas con la respetuosa actitud de quien es consciente de que no sólo tiene algo que decir y que dar, sino también mucho que escuchar y recibir”.

El diálogo interreligioso, además de restañar posibles heridas del pasado y eliminar obstáculos para el camino de la fe, permitirá ofrecer a la humanidad del tercer milenio aquellos valores espirituales comunes que ésta necesita recobrar con urgencia para basar el proyecto de una sociedad digna del hombre. Ni el sincretismo, ni el relativismo cultural o religioso, que no reconocen la importancia de tener sólidas raíces, ni tampoco el indiferentismo ofrecerán, como algunos creen , una contribución digna a la causa de la paz y al mutuo enriquecimiento.

También la presencia cada vez más numerosa de inmigrantes cristianos, que no están en comunión plena con la Iglesia católica, proporciona a nuestras comunidadesnuevas posibilidades para la fraternidad, para el diálogo ecuménico y para lo que se ha llamado el ecumenismo de los gestos diarios. Ello facilitará lograr, sin caer en fáciles irenismos o proselitismos, una mayor comprensión recíproca entre Iglesias y Comunidades eclesiales con vistas a unidad soñada.

Una llamada a nuestra Iglesia

Nuestras Iglesias, además de su disponibilidad y apertura para acoger a todos y de su obligación de contribuir a la defensa de los derechos del inmigrante y de su dignidad, tienen otra tarea no menos importante, que mira al interior de la mismas: Promover una sólida formación de los fieles cristianos y una exquisita educación para convivir fraternalmente con quienes, siendo diferentes , son hijos del mismo Dios que a todos nos ha conferido idéntica dignidad. Es una tarea que ha de empezar en la familia y en la catequesis infantil y extenderse a todos los ámbitos de nuestra acción pastoral. Así contribuiremos a que los valores básicos de la civilización sigan siendo fundamento estable de nuestras cambiantes sociedades modernas. Esta tarea tan hermosa no nos exime del anuncio del Evangelio, sino que lo urge a fin de ofrecer a nuestros hermanos la posibilidad y la libertad del encuentro con Nuestro Señor Jesucristo, sin que tengan que renunciar a ninguna de sus más valiosas riquezas espirituales.

“La Iglesia tiene un papel capital en la educación del pueblo, de los responsables y de las instituciones de la sociedad, para sensibilizar a la opinión pública y despertar las conciencias”. Mucho están haciendo ya nuestras parroquias. Y mucho pueden y deben hacer como lugares de acogida, de encuentro y sanación, como canalizadoras de las mejores energías de los barrios. Desde su apertura y cercanía a todos pueden hacer más perceptible el proyecto de Dios, revelado en Cristo, sobre el género humano. La atención a esta nueva realidad de la inmigración está pidiendo una renovación de la vitalidad espiritual y pastoral de nuestras comunidades cristianas.

Conclusión

Bienaventurados los que trabajan por la paz”( Mt. 5,9), nos dice Jesús en el Sermón del Monte . “La búsqueda de la comunión fraterna tiene para los cristianos su manantial y modelo en Dios, Uno en su naturaleza y Trino en las Personas”. El amor hace compatible la más profunda unidad con la más rica pluralidad.

El Hijo de Dios, que realizó la más transcendental emigración saliendo del Padre y viniendo a este mundo para reunir a los hijos de Dios dispersos, que asumió la condición humana para hacernos partícipes de la vida divina nos alienta en el camino de la reconciliación y del diálogo . “El cristiano contempla en el extranjero,
más que al prójimo, el rostro mismo de Cristo”

Que la Madre de Jesús “ icono viviente de la mujer emigrante”, a quien la devoción popular contempla como la Virgen del camino nos ayude a todos a ser agentes de paz.

 

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Juan Pablo II. Mensaje Jornada Migraciones 2004: “Migraciones desde una óptica de paz”

Ibid. nº 3

Conf. nn. 30 y 33

Juna Pablo II. Ib. n. 3

Juan Pablo II. Mensaje Jornada Mundial Migraciones. Año 2000

Cfr. Juan Pablo II. Discurso a la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo, 18-5-2004.

Juan Pablo II. Mensaje Jornada Migraciones 2004, n 5.

Ib. 5

Ib. 6

Juan Pablo II . Discurso al Pontificio Consejo Migraciones 18,5,2004.

Ib. n 5

Ib. n. 6

Juan Pablo II. Al Congreso Mundial sobre Pastoral de Migraciones. 1985

Juan Pablo II . Jornada M, 2004 n. 6

Pontifico Consejo para Migr. “La caridad de Cristo hacia los emigrantes”. Nn.15

Ib. n. 15