Jesús es la salud

Jesús es la salud

Día del enfermo 1991

 

1. Comprobamos con gozo que la celebración del Día del Enfermo está teniendo una acogida cada vez mayor en nuestras iglesia locales. Este año, con el lema «Jesús es la salud», el Día del Enfermo pretende ayudar a los cristianos a reflexionar sobre el sentido de la salud, a la luz de su fe en Jesucristo, y a participar en la misión evangelizadora de la Iglesia siendo portadores de salud y servidores de la vida.

La salud, hoy

2. La salud es uno de los bienes fundamentales del ser humano y constituye una de sus aspiraciones permanentes. En nuestra sociedad del bienestar observamos actitudes contradictorias ante la salud: se exalta e idealiza el vigor y la salud física y se olvida la salud afectiva, mental y espiritual; se destinan medios y esfuerzos ingentes para mantener y recuperar la salud y jugamos con ella irresponsablemente viviendo y fomentanto un estilo de vida poco sano: vida ajetreada, incomunicación, tabaco, droga, alcohol, accidentes de tráfico, consumismo, contaminación, etc.; disponemos de medicinas y hospitales sofisticados, pero quizás dependemos más de ellos y nos sentimos menos responsables de nuestra salud.

Jesús y la salud

3. Evangelizar esa búsqueda tan intensa y ambigua de la salud constituye hoy para la Iglesia un reto que ha de afrontar inspirándose y siendo fiel a Jesús.

Jesús no hizo un discurso acerca de la salud pero su persona, sus intervenciones sanadoras, sus gestos, sus palabras, toda su actuación y su vida son saludables, es decir, despiertan y promueven la salud del ser humano y de la comunidad. Jesús irradia salud amando, liberando a las personas de aquello que les oprime, poniendo paz y armonía en sus vidas y fomentando una convivencia más humana y fraterna.

Jesús nos invita a vivir «sanamente» la salud, como un don de Dios que hemos de disfrutar y cuidar y no como un absoluto al que hayamos de subordinar todo. La salud es para el hombre y no el hombre para la salud. Gastar y perder la salud al servicio del Evangelio es también una forma sana de vivir nuestra salud. Jesús entregó la suya en la cruz como expresión suprema de su fidelidad a Dios y de su amor a los demás y de ella brota la salvación.

Jesús nos invita a vivir «sanamente» todas las realidades de la existencia, incluso las dolorosas y adversas como la enfermedad. Jesús es la salud y seguirle es una de las maneras más sanas y gratificantes de vivir.

La Iglesia y la salud

4. La Iglesia está llamada a realizar hoy un servicio inapreciable a la salud de los individuos y de la sociedad. Cuenta, para ello, con recursos que son fuente de salud: la persona, el mensaje y la presencia saludable de Jesús; la fuerza vivificante del Espíritu; la Palabra que ilumina y da sentido; la oración y los sacramentos que abren a la experiencia sanante del encuentro con Dios; sus comunidades que son lugar de encuentro de sanos y enfermos y ámbito de libertad y solidaridad; sus propias instituciones sanitarias, asistenciales y educativas; y todos sus fieles que viven los valores saludables del Evangelio.

Nuestra tarea y colaboración en el campo de la salud

5. Las comunidades cristianas, los movimientos apostólicos, las instituciones sanitarias y educativas de la Iglesia y todos los cristianos hemos de plantearnos cuál ha de ser nuestra tarea y colaboración en este campo. Con tal fin, proponemos las pistas siguientes:

  • Educarse y educar para vivir la salud como un don y como una responsabilidad cotidiana ante a uno mismo y ante los demás.
  • Mostrar que es sano creer, esperar, amar, vivir como criatura, confiar en Dios, darle gracias y alabarle, estar alegres y en paz consigo mismo, con los demás, con la naturaleza y con Dios, fuente de vida y salud plena.
  • Promover la salud integral abierta a la salvación plena a la que el hombre está llamado desde lo más hondo de su ser.
  • Liberarnos y ayudar a liberarse a las personas de hábitos perjudiciales para la salud, tales como el abuso del tabaco, el alcohol y otras drogas, la violencia, la competitividad, la conducción temeraria de vehículos, el consumismo, etc.
  • Colaborar en iniciativas y programas que fomenten una vida sana, tales como: la lucha por un medio ambiente y unas condiciones de vida saludables para todos, el logro de estructuras justas y humanas, el cuidado del cuerpo y del espíritu y el cultivo de relaciones auténticas y cordiales y de costumbres convenientes en la utilización del tiempo libre.
  • Participar en el desarrollo de las sociedades más deprimidas y comprometerse en el logro de un orden internacional justo que haga posible una paz efectiva.
  • Acompañar a los enfermos para reavivar en ellos sus ganas de vivir, para ayudarles a encontrar el sentido a su enfermedad, a luchar y a convivir con ella y, llegado el caso, a asumir serena y cristianamente el mal incurable.
  • Sanar las heridas físicas y morales causadas por los enfrentamientos sociales de todo tipo: guerras, terrorismo, agresiones.

6. Que la celebración del Día del Enfermo avive en los creyentes el respeto y aprecio de la propia salud y de la ajena e impulse a las comunidades cristianas a ser, en medio de la sociedad, «hogares de salud» para todos y en especial para los enfermos y necesitados. Que nos ayude a ello la intercesión de María, salud de los enfermos.


Los obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral:

Teodoro Úbeda Gramaje, presidente de la Comisión, obispo de Mallorca,
Javier Osés Flamarique, obispo de Huesca,
Antonio Deig Clotet, obispo de Menorca,
Ramón Buxarrais Ventura, obispo de Málaga