Jornada de Presidentes de Asociaciones y Movimientos de Apostolado Seglar

Jornada de Presidentes de Asociaciones y Movimientos de Apostolado Seglar

El día 3 de marzo tuvo lugar la Jornada de Presidentes de Asociaciones y Movimientos de Apostolado Seglar, organizada por la CEAS (Comisión Episcopal de Apostolado Seglar), presidida por Mons. D. Julián Barrio, Arzobispo de Santiago de Compostela, además estaban presentes Mons. D. José Ángel Sáiz (Obispo de Terrassa); Mons. D. Francisco Cases (Obispo de Canarias); Mons. D.  Atilano Rodríguez (Obispo de Ciudad Rodrigo) y Mons. D. Antonio Algora (Obispo de Ciudad Real), moderó D. Antonio Cartagena (Director del Secretariado de la CEAS).

Participaron 40 Asociaciones de fieles laicos cristianos y de Movimientos eclesiales pertenecientes a la CEAS, representados por sus presidentes, coordinadores o representantes de máximo nivel.

Era la primera toma de contacto de la nueva CEAS, desde su renovación el año pasado, con las asociaciones de laicos, con el objetivo de aumentar el conocimiento directo y afrontar juntos los desafíos, nuevos y antiguos, que tiene planteada la Iglesia, y por tanto, todo el laicado español.

Después de subrayar la necesidad e importancia de todas estas realidades asociativas que impulsan la dimensión misionera de los laicos, y de la necesidad de no encerrarse en sí mismas, por parte de Mons. Barrio, se paso a un interesante coloquio, abierto y participativo, en el que se pudieron afrontar temas tan importantes como la participación y corresponsabilidad de los laicos en la vida y la misión de la Iglesia; su presencia pública, su formación y el lugar que ocupan toda la rica variedad de asociaciones, grupos, comunidades y movimientos.

Previamente, se había enviado un cuestionario a los responsables de las asociaciones y movimientos, de forma que el coloquio-debate fuese lo más posible fruto de la reflexión y de la experiencia de cada grupo, a la luz de algunos documentos fundamentales que delinean la realidad de los laicos en la Iglesia, como la Exhortación Apostólica Christifideles laici, el documento de la CEE “Los cristianos laicos, Iglesia en el mundo (CLIM)”, etc.

Si por un lado se ponían de manifiesto las dificultades para llevar a cabo la misión en el mundo actual, también se subrayaron algunas de las posibilidades que emergen de la vida y experiencia de cada realidad asociativa quienes, en íntima colaboración y comunión con la jerarquía, pueden y están llamados a ofrecer un testimonio creíble y renovador de todos los ámbitos sociales, siendo presencia vida de Cristo que continúa anunciando su evangelio.

Sobre todos estos temas, fueron muy clarificadoras e incisivas las intervenciones de los Obispos presentes.

Al finalizar la jornada, Mons. Barrio, expresó su satisfacción en nombre de todos los Obispos de CEAS, agradeciendo la presencia y las aportaciones de todos los presentes. Recordaba que todos están llamados a ser administradores de un Reino al que se debe ser fieles de la mejor manera posible, y subrayaba también la necesidad de fortalecer la dimensión profética y apostólica, añadiendo que hay ciertas claves, como la santidad, el testimonio, el compromiso con los pobres, la presencia pública que son insoslayables.

Al mismo tiempo ponía de relieve cómo el asociacionismo es una respuesta al individualismo imperante, que el laico necesita de la Iglesia y viceversa. Por tanto, esta corresponsabilidad, fruto de la relación y de la comunión es un rasgo de eclesialidad.

El asociacionismo cuestiona el individualismo, no solo de los laicos, sino también de los pastores. El laico necesita la Iglesia y la Iglesia necesita de los laicos.

Pentecostés es siempre, y hoy también lo es –añadía-, estando atentos a sacar continuamente agua nueva del pozo del evangelio, que sitúa la actitud del cristiano en la contemplación, recordando con S. Agustín que nuestras raíces están en el cielo.

Mons. Barrio, afirmaba que cuanto mayor es el compromiso en la acción, más necesidad hay de formación, partiendo siempre de la novedad que es siempre Cristo. Por otro lado, la Iglesia, como madre, acoge la diversidad vivida en la fraternidad, y quiere dar esa respuesta que el mundo necesita, en la medida en que se es capaz.

Por ello, era también sentir general que, en próximas jornadas, se pudiesen afrontar algunos temas concretos de interés común, que preocupan a los laicos. Sin duda, esta jornada ha dejado en todos el deseo de ser aún más fieles al mensaje de Cristo, convencidos de que la comunión eclesial es ya un signo de esperanza, necesario por otro lado, para ser testigos eficaces de su evangelio en el mundo actual.



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