La eugenesia no es curación. A propósito de supuestos avances de la sanidad

La eugenesia no es curación. A propósito de supuestos avances de la sanidad

El domingo pasado nació una niña en un hospital de Sevilla a la que muchos medios de comunicación han presentado como «liberada de un mal hereditario». Por lo general se ha celebrado este acontecimiento como un progreso que la sanidad pública pone al alcance de los padres portadores de alguna enfermedad que pueden transmitir a sus hijos. Es necesario hacer algunas clarificaciones a este respecto.

Las apreciaciones de orden moral que se hacen a continuación no pretenden, en modo alguno, juzgar la conciencia de las personas implicadas en este caso. Esta nota no juzga moralmente los actos de personas concretas, algo que no se puede hacer sin conocer sus circunstancias particulares. Se trata sólo de recordar la valoración moral que merecen los hechos en cuestión.

Según los datos publicados, la técnica médica aplicada en este caso ha sido el llamado diagnóstico genético preimplantacional en combinación con los procedimientos habituales de la reproducción artificial o asistida. Dicho diagnóstico consiste en examinar los embriones fecundados in vitro para comprobar si todos son portadores del factor genético que puede dar lugar al desarrollo de la enfermedad heredada o si hay alguno sano. Si todos están enfermos, todos son destruidos o congelados. Si hay alguno sano, ése o ésos son transferidos al útero materno para su gestación.

Con el diagnóstico genético preimplantacional, por tanto, no se cura a nadie, lo que se hace es seleccionar a los enfermos para la muerte y a algún sano para que viva. La ética reserva para esta práctica el nombre de eugenesia. Eliminar embriones (enfermos o sanos) es atentar muy gravemente contra el derecho fundamental a la vida de seres humanos en las primeras fases de su desarrollo vital.

La niña que ha nacido en Sevilla no ha sido curada de nada, ni librada de ninguna enfermedad. Ella ha estado sana desde el principio y por eso ha sido seleccionada para vivir. En cambio, algunos de sus hermanos, en su fase de embriones, han sido destruidos o congelados para un destino incierto.

Siempre es exigible que la información sea veraz, completa y no mediatizada por elementos sentimentales. Más, si cabe, cuando está en cuestión un derecho fundamental básico, cual es el derecho a la vida. El hecho feliz del nacimiento de un bebé sano no basta para presentar como progreso unas prácticas que no tienen en cuenta el derecho a la vida de sus hermanos generados in vitro. La justicia y la solidaridad exigen de todos el compromiso con la verdad.



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