La Iglesia con la infancia y la adolescencia en situación de exclusión

La Iglesia con la infancia y la adolescencia en situación de exclusión

El acompañamiento de la Iglesia a la infancia más vulnerable o en situación de exclusión social incluye también a los jóvenes y adolescentes, así como a sus familias. De esta manera, hemos comprobado de primera mano cómo existe una sociedad cada vez más desigual en esos ámbitos.

Para ello, la Iglesia incorpora en todos los ámbitos de su intervención un acompañamiento que parte del compromiso con la persona, desde el cual se establece un vínculo sincero que comprende el respeto a su dignidad humana y a su plena autonomía. La dignidad es el principio esencial de la Doctrina Social de la Iglesia, y lo recoge también como fundamento esencial la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En este sentido, nuestra misión como Iglesia es hacer que las personas a las que acompañamos se sientan seguras, con alternativas y esperanza, para que efectivamente se hagan visibles ante la sociedad y ejerzan sus derechos.

Así, desde la Iglesia abordamos tanto la pobreza infantil como la pobreza de las familias con hijos, afrontando directamente las causas que generan la transmisión intergeneracional de la pobreza. Todo ello desde una perspectiva multidimensional y trabajo integral, porque acompañar a niños y jóvenes es también acompañar a sus familias; es tener una mirada global e impactante en la comunidad y en los barrios en los que nos encontramos. Solo de esta manera seremos capaces de convertir la desesperanza en esperanza, los miedos en seguridades.

La estrategia de dar respuesta a la pobreza y exclusión que viven y padecen millones de niños en este país es una prioridad urgente. Y es que la infancia sí importa, y mucho. Su valor social es innegable: no solo es una responsabilidad de sus familias (que lo es), sino de toda la sociedad. El coste de desatenderlos es enorme y la apuesta política y social por ellos no solo es posible y necesaria, sino que es transformadora de la realidad en su conjunto.

El presente de muchas personas, y especialmente el futuro de nuestra sociedad, depende de cómo protejamos la infancia y la familia. Nuestra sociedad no puede permitirse embargar el bienestar futuro por no querer afrontar el presente de los niños.

Y, en este contexto, es importante recordarnos la gran responsabilidad que ejercemos como Iglesia. Somos un lugar de referencia, donde los niños y jóvenes que acuden a nosotros tienen confianza en nuestra persona, en lo que hacemos y en cómo nos comportamos con ellos. Por eso no debemos ni podemos defraudar esa confianza, sino que hemos de responder ante ella.

El compromiso personal de todos es fundamental para lograr transformar y superar las desigualdades sociales que nos rodean. Hemos de visualizar la igualdad de oportunidades como una realidad al alcance de todos. Proporcionarles alternativas para poder alcanzar sus sueños es, o debería ser, el verdadero cambio de mentalidades, la verdadera revolución desde el compartir fraterno y universalidad de los bienes.

 

 

Fuentes:

Xtantos
Carmen García
Persona de referencia en Cáritas Española del Programa de Infancia, Adolescencia y Familia.

Memoria anual de actividades de la Iglesia católica en España de 2017